PELÍCULA RECOMENDADA (Artículo incluido en la publicación Compromiso y Cultura)
El gamberro y profético regreso de Gore Verbinski
El director norteamericano vuelve a la gran pantalla una década después con la excesiva, pero brutalmente real Buena suerte, pásalo bien, no mueras.
Aunque el género de ciencia ficción no sea uno de mis fuertes, hace años que tenía fichado en mi agenda al bueno de Gore Verbinski. Y no os penséis que es por alguna de sus películas: The Mexican (2001), The Ring (La señal) (2002), o su trilogía de Piratas del Caribe (2003,2006,2007), sino por sus inicios en el mundo del videoclip, donde trabajó con grupos como Bad Religion, NOFX, L7 o Monster Magnet, entre otros. Después de una década sin filmar una película, regresa como un elefante en una cacharrería con su última y desbarrada obra cinéfila Buena suerte, pásalo bien, no mueras.
El mundo del cine, al igual que el de la literatura, nos ha dejado obras adelantadas a su tiempo. No son pocas las películas visionarias que han logrado fantasear sobre cómo va a ser el futuro de la humanidad. Al revisitarlas hemos podido comprobar, mientras un escalofrío nos recorría el cuerpo, como la ficción se convirtió en realidad. Películas como 2001:Una odisea del espacio (1968), Videodrome (1983), Regreso al futuro 2 (1989), Minority Report (2002), Idiocracy (2006), o Her (2013), nos mostraron unas previsiones nada halagüeñas que inquietantemente dieron en el clavo. Pues bien, con Buena suerte, pásalo bien, no mueras me da que desgraciadamente va a ocurrir lo mismo en un futuro no muy lejano.
Disfrazada de disparatada comedia de ciencia ficción, viajes en el tiempo, bucles temporales y demás, Buena suerte, pásalo bien, no mueras tiene un claro mensaje subyacente: la humanidad se va a la mierda. Nos encontramos ante el apocalipsis tecnológico: redes sociales, dispositivos electrónicos, realidad virtual, inteligencia artificial. En teoría, estos u otros adelantos tecnológicos iban a procurar una vida mejor a la especie humana; nada más lejos de la realidad. Justo esta misma semana, los CEO más importantes se han reunido para debatir la conveniencia de frenar y regular el avance de la inteligencia artificial ante los posibles riesgos que pueda producir. Quizás alguno de estos CEO lo hizo después de haber visto la película.
Pongámonos en situación: Un hombre con un detonador (Sam Rockwell) irrumpe en un restaurante proclamando que viene del futuro con la misión de detener el apocalipsis inminente que se avecina. También afirma que es la 117ª vez que viene a buscar un grupo de personas que le ayude y las 116 veces anteriores la cosa salió mal. Con estas premisas, Gore Verbinski nos introduce en una espiral de acción, humor negro y absurdo, pasándose voluntariamente de frenada y acumulando muchas ideas dentro de su vertiginosa locura, aunque la visión certera y cruda de nuestra sociedad actual queda reflejada a la perfección.
Y es que, en los tiempos que corren, el becerro de oro es la inteligencia artificial, que está abduciendo a pasos agigantados a la humanidad. Según afirma el estudio del neurocientífico Jared Cooney Horvath, la Generación Z es la primera en toda la historia de la humanidad en mostrar un rendimiento cognitivo inferior al de su generación predecesora. El motivo, las horas que los jóvenes pasan mirando las pantallas de sus dispositivos electrónicos. Pero no todo va a ser echarles la culpa, ellos nacieron con esos dispositivos a su alcance sin ningún tipo de control. Quizás subestimamos el poder de las nuevas tecnologías, pero como acabamos adoptándolas para nuestras vidas, nos pareció bien que nuestros hijos las utilizaran.
En definitiva, deberías intentar ver junto a tus hijos Buena suerte, pásalo bien, no mueras, aunque quizás al poco tiempo de empezar ya se pongan a mirar su tik-tok, instagram, o lo que diantres estén mirando en su móvil durante horas. Quizás alguno de ellos se quede sin batería y se dé cuenta del aterrador mensaje de la película. Una película, que aunque imperfecta, bien podría considerarse deudora de filmes como Terminator (1984), Matrix (1999), Looper (2012), Todo a la vez en todas partes (2022), el cine de Terry Gilliam, oasemejarse a un capítulo de larga duración de la serie Black Mirror.
PELÍCULA RECOMENDADA (Artículo incluido en la publicación Compromiso y Cultura)
Después de ver “La Odisea”, algo que nunca tenía que haber hecho, iluso de mí, me reafirmé más que nunca en mi convicción de que el cine que tiene valor no es el que acapara las salas de los grandes centros comerciales o las principales plataformas digitales de pago,incluso no es el que llena los espacios de programas sobre el séptimo arte. El cine que realmente merece la pena está en la calle, se hace con actores no profesionales, es imperfecto en lo técnico, raya a veces lo grotesco y lanza puyas sin discreción en todas direcciones. Todas estas reflexiones y alguna más que ahora paso a contaros me ha producido el visionado de “Un poeta”, película del director colombiano Simón Mesa Soto.
Comenzando por el intenso color rojo de los créditos de inicio, y la melancólica y desesperanzada melodía inicial que refleja a la perfección la personalidad de Óscar Restrepo, el protagonista de esta película que todavía no hemos empezado a conocer, algo me dice que esto en efecto es un film diferente. Óscar Restrepo es una persona al borde de la desesperación, separado de su mujer y su hija, vive con y de la mínima pensión de su madre. Sin trabajo, alcoholizado y desganado, se alimenta de los recuerdos de los primeros años de su juventud donde ganó varios premios de poesía. Pero, ¿dónde quedó esa poesía?, la vida la devoró vorazmente, y Óscar la maldice y maldice a todo el que no cree como él en que la poesía sale del dolor, como la de su poeta de cabecera y compatriota José Asunción Silva.
“Un poeta” es una película peculiar en muchos de sus aspectos, en primer lugar aunque ya estemos en un mundo hiper globalizado, sorprende que sea una coproducción sueco-colombiana. También lo es en su concepción, con momentos surrealistas,mordaces, grotescos, pero con la pátina de realidad que le dan sus actores, la mayoría de ellos no profesionales. Comenzando por Ubeimar Ríos, que replica en la película su profesión real, la de profesor de Literatura. Su particular físico que raya lo caricaturesco, la desgana corporal con la que arrastra a su personaje y esa mirada perdida, no son óbice para que a pesar de todas las trabas que tiene ese poeta maldito que cree ser, el espectador acabe sintiendo una mezcla de lástima y compasión por él.
Pero hay mucho mar de fondo en “Un poeta”, esta especie de cenizo sainete en el que el director nos va introduciendo progresivamente, ahí está la feroz crítica a las elites intelectuales,o a los medios de comunicación, incluso también reciben dardos envenenados la educación y las clases bajas, nadie se salva en este fiel reflejo de la sociedad hipócrita en la que vivímos. Por supuesto, la poesía ocupa un lugar importante en la película, mantiene al desastroso Óscar Restrepo a duras penas sobre el fino alambre del cable de la vida y desde el dolor y la belleza la verdadera poesía, como el verdadero cine, son arte y una forma de mejorar al ser humano.
Con ecos del cine de los argentinos Mariano Cohn Y Gastón Duprat, “El hombre de al lado”(2009) o “El ciudadano ilustre”(2016), “Un poeta” me trae a la memoria una notable y desconocida película, la también argentina “El último Elvis”(2012), que contiene a un personaje tan atormentado como el desgraciado Óscar Restrepo. Y hablando de Elvis, la película “Un poeta” se divide en cuatro actos separados por una canción, a cada cual más gloriosa y que sirven de perfecto reflejo a lo que va sucediendo al infeliz Óscar Restrepo. Suenan nada menos que “Cariñito” de Rodolfo Aicardi y Los Hispanos, “La luna en tu mirada” de la banda cubana Los Zafiros, y como no podía ser de otra manera el “Corazón poeta” de Jeanette. Dejaros de odiseas y poner un poco de poesía en vuestras vidas.
PELÍCULA RECOMENDADA (Artículo incluido en la publicación Compromiso y Cultura)
Viaje al país de los blancos, la historia de supervivencia y superación de Ousman Umar
El director Dani Sancho presenta en la XXI Buñuel Calanda International Film Fest su ópera prima.
Con la llegada del mes de julio tengo por costumbre hacer un pequeño hueco en mi, cada vez más limitada agenda, para poder asistir al Buñuel Calanda International Film Fest. Este año solo pude permitirme la asistencia a la proyección de Viaje al país de los blancos, la película que cerró esta vigésima primera edición del festival calandino, pero, bueno, más vale tarde que nunca.
Su director, el joven debutante Dani Sancho, trazó paralelismos entre la dura vida que le tocó vivir a su abuelo, natural de Alcorisa y huérfano de guerra, que tuvo que emigrar sin nada a Barcelona para tratar de abrirse camino en los duros años de escasez de la posguerra, y la del protagonista de la película, Ousman Umar.
Nos encontramos en un momento en el que la ultraderecha está basando gran parte de su discurso en el nacionalismo excluyente. Para ellos, el inmigrante que llega es una amenaza para la seguridad, el bienestar social y la identidad y las tradiciones del estado. Además, los fakes con los que bombardean las redes afirmando que a cada persona extranjera que consigue llegar a la península Ibérica le dan un piso y un sueldo, están calando peligrosamente entre parte de la población. Según el informe anual presentado por el Ministerio del Interior, los delitos por xenofobia o racismo aumentaron el 16% el pasado año, iniciando una escalada que parece incrementarse por momentos.
Viaje al país de los blancos es el perfecto antídoto para que quien quiera conocer de primera mano la cruda realidad de una persona que intenta llegar al mundo occidental a labrarse un futuro mejor para él o ella y para los suyos. En el filme se nos muestra un sistema político defectuoso, insensible y desalmado, que favorece a las mafias. El flujo de inmigrantes es utilizado política y económicamente entre países del primer y tercer mundo, que miran hacia otro lado impasibles mientras miles de personas mueren anualmente tratando de llegar, como bien reza el título de la película, al país de los blancos, en la que como epílogo, también se muestran estos escalofriantes datos.
Dani Sancho, que después de la proyección del filme tuvo un pequeño coloquio con el público, remarcó que su intención era hacer llegar la película y la increíble historia de Ousman Umar al gran público. Así que utiliza para ello todos los medios de los que ha dispuesto, que por suerte para él y su equipo, fueron más de lo esperado al principio de su proyecto. En consecuencia, Viaje al país de los blancos es cine social para todos los públicos, y la verdad es que es una apuesta arriesgada de la que el primerizo director sale airoso por su buen hacer. El director se mueve como pez en el agua en diferentes géneros, dándole a la película el toque de cine comercial en las dosis justas y llevando al espectador por un carrusel de emociones, sin llegar nunca a la sensiblería barata, o al exceso melodramático.
La fotografía de Lluís Ferrer y Marcel Pascual (este último también acudió al festival) subraya la belleza del continente africano y hace disfrutar al espectador a pesar de la dura historia que nos ofrece. Además, en un estudiado montaje, la película consigue el propósito de mantener el interés del espectador, para sorprenderlo en la parte final con una jugada maestra. La banda sonora es para mí la única pequeña pega que tiene el filme, ya que se utiliza quizás en más momentos de los necesarios para remarcar los diferentes estados de ánimo del protagonista.
No he querido entrar en el argumento de la película, porque es el de tantas otras que nos reflejan la realidad de la emigración. En este caso, es una historia entre un millón, las otras 999 999 tienen el mismo inicio, pero, por desgracia, diferente final. La película está basada en la novela homónima escrita por Ousman Umar, donde narra el largo camino que le llevó desde su pequeña aldea en Ghana hasta la ciudad de Barcelona. Si habéis leído la novela, el filme os gustará. Para quienes no sepáis nada de la película os aconsejo que primero la veáis y después busquéis información sobre la fundación NASCO Feeding Minds. Como cada edición, el Buñuel Calanda International Film Fest nos descubre nuevos e interesantes directores y películas. El nombre de Dani Sancho ya está escrito bien arriba, y con mayúsculas en mi lista de directores a seguir.
PELÍCULA RECOMENDADA (Artículo incluido en la publicación Compromiso y Cultura)
Father Mother Sister Brother, una lúcida y reflexiva mirada sobre la familia occidental
El siempre perspicaz observador Jim Jarmusch mantiene en su última película las coordenadas habituales por las que ha transitado a lo largo de su carrera cinematográfica.
Es obvio que el estilo personal e intransferible del director Jim Jarmusch no es apto para todos los públicos., o lo amas, o lo aborreces. Digamos que su cine es para una “inmensa minoría”. Así que si eres de los que no soportan al de Ohio, te aseguro que con Father Mother Sister Brother, su última aportación al mundo del celuloide, no cambiarás de bando.
Si estás leyendo esta línea es porque estás en el lado de mi orilla, que, por supuesto, no tiene por qué ser el correcto, faltaría más. Pero ya que tenemos algo en común, disfrutémoslo. Lo último de Jarmusch es simplemente la visión que tiene el propio director sobre ese núcleo considerado fundamental en cualquier sociedad. Me refiero a la familia, una institución sagrada de origen divino, como seguro recalcará estos días el Papa en su viaje de negocios por el estado.
Incluyendo pequeños detalles autobiográficos, Jarmusch mantiene todos los tics de su cine: ausencia de trama, escasa descripción de sus personajes, cotidianeidad, naturaleza, reflexivos tiempos muertos, y en el caso de Father Mother Sister Brother, expresiones o situaciones con algún toque surrealista que se repiten y engarzan cada una de las tres historias distintas que entroncan la idiosincrasia de la institución familiar y conforman la siempre lúcida mirada del peculiar director americano.
Por supuesto, como en todas las películas de Jarmusch, su faceta de músico y melómano queda subrayada en su banda sonora. En este caso, se apoya en la artista post-punk Anika ,con quien, aparte de crear toda la música de Father Mother Sister Brother, se marca unas dos buenas versiones de “Spooky”, que popularizara en su día la insuperable Dusty Springfield, y “These Days”, escrita por Jackson Browne y elevada a los altares por la malograda Nico.
Father, la primera de las tres historias es sin duda, la que conserva el sello más característico, digamos la más “jarmuschiana” de todas. En ella, Tom Waits haciendo de lo que todos nos imaginamos que puede ser en la realidad, un anciano hosco, huraño y reservado, aunque con un fondo de ternura y un magnetismo irresistible, recibe a sus hijos (Adam Driver y Mayim Bialik). En este primer acto de la deconstrucción de la familia occidental, Jarmusch reflexiona sobre ese hilo invisible que mantiene conectados a padres e hijos a pesar de la poca comunicación u otras barreras creadas durante el transcurso de la vida.
En su segunda historia, Mother, una insuperable Charlotte Rampling ejerce de anfitriona perfecta con sus hijas, a quienes parece colocar en el rol de amigas en una reunión de té. Se resigna a que esa reunión anual sea el único papel de madre que le queda. Sus hijas, unas antagónicas Cate Blanchett y Vicky Krieps, son las representantes de lo políticamente correcto. Las apariencias están por encima de la demoledora realidad.
Como epílogo, Sister Brother nos muestra un halo de esperanza, un hilillo de luz que se cuela por la rendija de la ventana de una oscura habitación. En ella, el turno es para dos jóvenes actores que parecen haber entrado en el universo de Jarmusch, con lo que eso significa (no les faltará trabajo). Los atractivos Luka Sabbath e Indya Moore conforman a dos hermanos mellizos a los que la pérdida de sus padres vuelve a reunir. Esta es otra gran reflexión que Jarmusch hace sobre el ineludible efecto que produce para mal o para bien el formar parte de una familia. La institución en la que no puedes elegir si quieres formar parte de ella porque te viene impuesta de nacimiento y que te va a marcar durante toda tu vida.
PELÍCULA RECOMENDADA (Artículo incluido en la publicación Compromiso y Cultura)
Vivir para trabajar. On Falling, un sincero y desolador trayecto por el terreno laboral en el que transitamos.
La joven debutante en la dirección Laura Carreira, toma el relevo de su maestro Ken Loach con buena nota.
El cine portugués tan característico por su estilo pausado, poético y contemplativo, continúa dando buenos frutos. On Falling, la ópera prima de la joven directora Laura Carreira corrobora esta afirmación. Desde el comienzo, y no sólo por su temática, nos remite sin disimulo al cine social de Ken Loach. Es más, On Falling parece por momentos, la continuación de la magnífica Sorry We Missed You(2019), una certera visión de la frenética y estresante realidad laboral de los repartidores de paquetería, que en mi opinión es la mejor película en años del vetusto director británico.
Este velado homenaje a Loach y tanta similitud, me llevó a informarme sobre la directora Laura Carreira. Mi curiosidad me trasladó a la evidencia en un santiamén, al comprobar que la propia compañía de Ken Loach, Sweet Sixteen ha producido On Falling. Vamos, que el maestro ha dado el beneplácito a su discípula. La verdad es que ha acertado de pleno.
On Falling nos narra las vicisitudes de Aurora, una joven emigrante portuguesa que trabaja en un gran centro logístico. Allí trabaja como “picker”, es decir, va registrando con una pistola láser los innumerables pedidos que tienen que salir hacia los domicilios de los clientes lo antes posible. Aurora vive en una habitación de un piso compartido con otros trabajadores emigrantes como ella, no tiene mucha vida social, no tiene tiempo para eso, tampoco tiene mucho dinero. Intenta economizar al máximo su rutina diaria porque el salario que recibe no da para muchas alegrías. Cualquier pequeño imprevisto se convierte en una inmensa montaña que hay que escalar.
La película tiene algo de autobiográfica, porque Laura Carreira se mudó a Escocia a los 18 años, algunas de las sensaciones que vivió la directora portuguesa están muy bien representadas en On Falling gracias también al mesurado y sobrio trabajo de la actriz Joana Santos en su papel de Aurora. La película nos muestra las consecuencias del capitalismo salvaje, que deshumaniza sin piedad a los trabajadores provocando su alienación. La ansiedad y la depresión están a la orden del día en nuestra enferma sociedad, mientras, nosotros maquillamos nuestras vidas en instagram. Unas vidas vacías, rutinarias, sin ilusión, sin posibilidad de mejora en estos tiempos en que entramos en una crisis sin salir de la anterior. Perdemos la perspectiva, nos aislamos cada vez más, los móviles, que no salen nada bien parados en este filme, tienen otra gran parte de culpa.
La fotografía de la película se basa en tonos y colores fríos que subrayan la inhóspita convivencia de Aurora con el lugar donde ha emigrado. Aparte de su trabajo, el clima tampoco ayuda. La economía de guerra que tiene que aplicar para subsistir, también la obliga a vivir casi a oscuras y sin calefacción.
On Falling cuenta con algunas escenas brutales que noquean al espectador. Una de ellas sucede en la cinta transportadora de paquetes, otra en el parque, otra en la entrevista de trabajo. Pero también está llena de pequeñas situaciones en los que nuestra impotencia o rabia van a aflorar conforme veamos la inhumana situación laboral a la que estamos abocados la mayoría de nosotros, y de los que entren después a este, cada vez más, desalmado engranaje capitalista, en el que somos una pequeña pieza fácilmente sustituible.
Si Tiempos modernos (1936) ilustró magistralmente las duras condiciones laborales en la Gran Depresión, On Falling nos muestra de una manera seca y desesperanzada la precariedad del sistema actual.
PELÍCULA RECOMENDADA (Artículo incluido en la publicación Compromiso y Cultura)
Sueños en Oslo Dag Johan Haugerud (2024) – Noruega
Sueños en Oslo, la radiografía del primer amor, guardada en una memoria USB
Sin lugar a dudas, Sueños en Oslo es la obra capital de ese mapa de sentimientos humanos que conforma la trilogía Sex, Love, Dreams,ideada y dirigida por Dag Johan Haugerud.
El noruego Dag Johan Haugerud es una rara avis entre los directores cinematográficos de su generación. Este escritor, bibliotecario de profesión, estrenó su primer largometraje, I Belong, el año 2012. Desde entonces, hasta el pasado año, tan sólo entregó dos películas más. Una de ellas, la interesante aunque quizás demasiado larga, Cuidado con los niños, fue la que me despertó el interés por su obra. Pero de ser un director nada prolífico, el señor Haugerud ha pasado a rodar tres filmes en un solo año, conformando una trilogía a la que ha titulado Sex, Love, Dreams. Esos son los tres temas que se tratan en cada una de las tres películas, que aunque sean historias diferentes mantienen un eje en común, el de las relaciones interpersonales.
Me puse manos a la obra y, aunque no es necesario, vi las películas en orden de aparición. Comencé con Amor en Oslo, que está a la altura de Cuidado con los niños y encima dura menos. Pero con la siguiente Sexo en Oslo, me llevé una decepción. Su peculiar argumento daba pie a mucho más de lo que ofrece el filme en realidad. Así que me acerqué a su última obra hasta ahora Sueños en Oslo, con las expectativas bastantes más bajas.
Pero no podía estar más equivocado. Sueños en Oslo, es, en mi opinión, la mejor obra en la filmografía de Dag Johan Haugerud. El retrato fiel de los sentimientos tan intensos que provoca el primer amor reflejado en la película, caló hondamente en mi persona. En ella, la tierna y frágil Johanne se enamora de su profesora de francés. El novedoso torbellino de sensaciones que experimenta es de tal magnitud que intenta canalizar toda la pasión, fascinación y adoración que siente por su profesora escribiendo sus sentimientos en el ordenador. Ese documento, que cada vez tiene más páginas, lo guarda en un pen del que nunca se separa.
Sueños en Oslo, que cuenta con un notable guion y fotografía, consigue hacernos empatizar con la romántica e idealista Johanne, protagonizada por la joven actriz Ella Øverbye, un diamante en bruto a tener muy en cuenta. Su delicada y conmovedora actuación nos coloca en el estado de ánimo que vive en cada momento. Casi al mismo nivel está su compañera de reparto Selome Emnetu, que consigue recrear perfectamente a la peculiar, dinámica y «enrollada» profesora de francés. La voz en off, bastante utilizada durante el largometraje nos narra los escritos de Johanne, y a partir de ella se irá desarrollando esta sensible historia de iniciación y aprendizaje, que, en mayor o menor medida, todos hemos vivido alguna vez.
Dag Johan Haugerud, a pesar de su corta carrera cinematográfica, no solo cuenta con el beneplácito de la crítica casi desde sus inicios, sino que además se llevó por esta película, nada menos que el Oso de Oro en el Festival de Berlín. Si tuviera que describir su cine os diría que navega entre el del Bergman más amable y el de un Allen no tan cínico. Un compendio que, esta vez, y con esta película sí que le ha dado resultado, aunque en mi opinión, el giro final de guion me parece totalmente innecesario. Aún así, si conservas algo de romanticismo en un rinconcito de tu corazón estoy seguro que disfrutarás de Sueños en Oslo.