BOBBI RELAC / RAMADA INN Massalió, l’Argilaga (15-11-2025)
Bobbi Relac al completo / Fotografía: CSA l’Argilaga
Bobbi Relac y Ramada Inn llenan de electricidad y psicodelia el CSA l’Argilaga de Massalió
Da gusto ver a artistas que defienden su propuesta a capa y espada, poetas eléctricos que deambulan por cualquier lugar que les acoja, con la única pretensión de mostrar su forma de entender la música. Si consigues entrar en su universo, te quedarás dentro para siempre.
Bobbi Relac tiene un halo de artista maldito, de esos que utilizan la música para exorcizar sus demonios, un proceso sanador en el que puedes llegar a verte involucrado si te dejas llevar por la liturgia mística de algunas de sus canciones. No esperes ninguna concesión de cara a la galería. De hecho, «Charcos de cristal», el tema que más aroma a single desprende de su último disco, Sólo sobreviven las ánimas, no sonó en la descarga de l’Argilaga.
Bobbi Relac / Fotografía: CSA l’Argilaga
Bobbi Relac comenzó su concierto avisando a los allí presentes de que sufría una contractura. A continuación, la ráfaga decibélica de su Gretsch envolvió la sala como bálsamo para su dolencia, y ya no hubo vuelta atrás. La omnipresente guitarra del vasco sonaba arrolladora, sepultando en ocasiones el sonido del bajo y hasta su propia voz. El grupo arrancó con «Todo cambia», el tema que abre su nuevo disco. Disco que suena bastante más dócil en estudio que en directo, donde no llevan teclado. De su última propuesta sonaron, entre otros, la sincopada «Haz hoz hez«, que cuenta con momentos lisérgico-progresivos, al igual que «Virgen parda», esta ya con paisajes sonoros menos fieros. Más dinámica sonó su «Burla sónica», donde no dejaron de «alimentar al monstruo».
Del resto de su discografía, entre otras, nos dejaron la primigenia y folkie «La titiritaina», la stoner, que no stoniana, «Misteriosa habitación», con su correspondiente dosis de fuzz progresivo, y terminaron con la adictiva «Arrecifes», advirtiéndonos de que estuviésemos muy atentos al siguiente power trío que iba a actuar a continuación.
Aunque estábamos sobre aviso, la verdad es que no sabíamos de dónde nos venía el aire. Si etiquetar la propuesta de Bobbi Relac se me antoja complicado, poner un nombre a la música de Ramada Inn es misión imposible para un servidor. Si bien Bobbi Relac bebe más de los 70, las atmósferas de Ramada Inn son deudoras de los 80. El ejemplo más claro es «Aizkora arin arin», deudora de The Cure.
Ramada Inn / Fotografía: CSA l’Argilaga
El joven trío vasco se mueve con soltura entre el post punk el rock progresivo,. También denotan influencias del hardcore e incluso del avant garde, dejándonos paisajes sónicos minimalistas en alguno de sus temas. La personal forma de entonar de su cantante y guitarra Juan Valls, los sincopados y contundentes ritmos marcados por Mikel Marco a la batería, y Ander Etxaniz y su vertiginosa manera de tocar el bajo, cual si fuera un guitarrista «masturbamástiles» llegado del mundo del heavy, conforman el sello distintivo de esta interesante banda no apta para todos los públicos.
Definitivamente, fue una noche de intensidad sonora sincopada, de dos valientes, sinceras y personales propuestas musicales llegadas desde Euskal Herria hasta el corazón del Matarranya.
THE SCHIZOPHONICS Zaragoza, La Lata De Bombillas (10-07-2025)
The Schizophonics en La Lata De Bombillas / Fotografía: Miguel Rodríguez Moragrega
Una DANA llamada The Schizophonics arrasó La Lata De Bombillas
Que el cambio climático ya está aquí es un hecho irrefutable, por mucho que digan otros. Los veranos son cada vez más calurosos, las tormentas más intensas, así que no es de extrañar que la Agencia Estatal de Meteorología lance continuos avisos en forma de alerta amarilla. De tal manera que con tanto ajetreo, se les pasó informar a la ciudadanía sobre un tornado llamado The Schizophonics que iba a formarse en pleno Casco viejo de Zaragoza, y cuyo epicentro estaba en la calle Espoz y Mina, concretamente, en la Lata de Bombillas.
Pat Beers arengando al personal / Fotografía: Miguel Rodríguez Moragrega
El tornado llegaba desde Estepona, aunque con algo de retraso. Al parecer, algún contratiempo ajeno en forma de accidente de tráfico, ralentizó la marcha del fenómeno atmosférico. Los acólitos del rock and roll, sí que estábamos avisados de los que nos venía encima, y creíamos estar preparados. Pero nada más lejos de la realidad…
Sudor y rock and roll / Fotografía: Miguel Rodríguez Moragrega
Un torbellino llamado Pat Beers arrasó la sala desde el segundo cero, salió con el cuchillo entre los dientes, como si supiese que el mundo fuera a acabarse esa misma noche, y ese fuese su último concierto en vida. ACTITUD, la esencia del rock and roll, eso es lo que derrochó a raudales el cantante y guitarrista de la banda de San Diego. Rabioso, como un animal enjaulado, nos devoró en un santiamén, con el beneplácito de sus compañeras de banda, la batería Lety y la bajista Sarah, quienes ya saben perfectamente, que intentar domesticar a su vocalista es una causa perdida. Bastante tienen con ordenar el caos que provoca el frenesí de su compañero de correrías.
Pat Beers entre la concurrencia / Fotografía: Miguel Rodríguez Moragrega
Por mucho que te lo cuente, por mucho que llene de superlativos este texto, jamás podrá describirse la intensidad de un concierto de The Schizophonics, si no has estado allí. Además, poder disfrutar de ellos en una sala pequeña hace la experiencia aún más intensa.
El incansable Pat Beers desplegó todo su repertorio de saltos, volteretas, apertura de piernas imposibles. Todo ello mientras cantaba y tocaba la guitarra con una mano, haciéndolo con una facilidad pasmosa. Parece imposible que pueda estar tocando la guitarra, pero no tengas ninguna duda, aquí no hay trampa ni cartón. Simplemente tenemos a un frontman como la copa de un pino, que recoge lo mejor de muchos de sus héroes: Iggy Pop, James Brown, Rob Tyner, Jimi Hendrix, Pete Townsend o incluso Michael Monroe.
ACTITUD/ Fotografía: Miguel Rodríguez Moragrega
Schizophonics fueron desgranando temas de sus, hasta ahora, tres discos, aunque acaban de anunciar la publicación de un cuarto trabajo. Sonaron pepinazos como «Rat trap» de su E.P. Ooga Boga (2017), «Streets of heaven and hell» contenido en Land of the living (2017), «Steely eyed lady» de People in the sky (2019), el single Black to comm (2020) y, por supuesto, temarrales como «Desert girl», «Underneath the moonlight», o evidentemente «Hoof it», que también titula su magnífico último disco hasta la fecha. También honraron al mismísimo Jerry Lee Lewis con su «Whole lotta shakin’ goin’ on» y encontraron ilustres coristas entre sus espectadores, como el añorado Borja Téllez (The Faith Keepers, Los Bengala), o Ángel Martín «Angelito», su tour manager, quien acabó en el escenario junto al desbocado Pat Beers haciendo el «Rama lama fa fa fa» de los idolatrados MC5.
Pat Beers en una de sus numerosas incursiones entre el público / Fotografía: Miguel Rodríguez Moragrega
Y después de la tempestad llegó la calma, terminó la tormenta perfecta, en una ardorosa noche llena de furia, sudor, distorsión y electricidad a raudales, un chute de adrenalina directo al corazón, sí, como en Pulp Fiction. Que no te lo cuenten, si el tornado The Schizophonics acecha por la zona, corre hacia él como los científicos de Twister, disfrutarás de una salvaje y catártica experiencia.
AURORA BELTRÁN / ISABEL MARCO Castelnou, Escenario piscinas (21-06-2025)
Aurora Beltrán e Isabel Marco y su banda interpretando «Planeta ruido»
Chicas fuertes en Castelnou
La segunda edición del Solsticio Festival de Castelnou nos regaló la presencia en exclusiva de Aurora Beltrán, la voz femenina más importante del rock en castellano, y no sólo eso, una de las mejores letristas de la historia del pop rock estatal. Fue una gozada disfrutar, de tú a tú, de una artista infravalorada y ninguneada por el star system. Es normal que esto ocurra cuando no tienes pelos en la lengua, y no pasas por el aro de las grandes multinacionales musicales, como hizo Aurora con sus Tahúres Zurdos y en su carrera en solitario.
La velada comenzó con Aurora y su guitarra (no hizo falta nada más), desafiando el sofocante calor y los no menos desafiantes y voluminosos mosquitos que se empeñaron en vivir muy de cerca, a veces demasiado, su concierto acústico, que comenzó en el ocaso del día más largo del año.
Aurora Beltrán en un momento de su concierto acústico / Fotografía: Fernando Blasco
Para arrancar el concierto eligió «Lujuria», tema incluido en el primer álbum de Tahúres Zurdos allá por 1988. Después fue alternando canciones de su carrera en solitario como «Clases de baile» o «El mecánico de almas», donde aprovechó para recordar a sus amados gatos y denunciar el maltrato animal, en especial el taurino, ahora que se acercan los Sanfermines. Además quedó sobradamente demostrado que las letras de sus canciones no han perdido un ápice de vigencia, por desgracia, interpretando la apocalíptica «Horas», y denunciando el genocidio palestino, precisamente pocas horas antes del ataque de EEUU a Irán.
También quiso recordar la postrera vuelta de Tahúres Zurdos hace un par de años, con el tema «Redención», y por supuesto fueron cayendo algunos de los clásicos de la primera etapa de la banda, como por ejemplo una emotiva «Azul», donde Aurora nos demostró que sigue manteniendo ese personal e intransferible timbre de voz tan maravilloso que tiene. Tampoco se olvidó de su héroe David Bowie, del que interpretó la adaptación al castellano que ella misma hizo para Tahúres Zurdos, de la canción «Five years».
Antes de encarar el tramo final, nos dejó perlas como «Afiladas palabras», o «Él lo predijo», y quiso tener un recuerdo para las personas con alzhéimer y sus familiares con su devastador «Silencio». También nos recordó que sigue ahí al pie del cañón, como lo que ha sido siempre, una mujer luchadora, interpretando su autobiográfica canción «Invicta».
Con «Una noche de amor», puso a cantar a todo el respetable, que se vino arriba y no tardó en pedir «La noche es…», esa brillante adaptación al castellano que hizo Aurora del tema «Because the night» y popularizó en su día Patti Smith. Aurora accedió encantada, y además, para cerrar el concierto, apostó a caballo ganador con «Tocaré», que, por supuesto, fue coreada al unísono, de principio a fin, por todos los allí presentes. Se quedaron muchísimos temazos en el tintero, y es que Aurora ha escrito tantas grandes canciones… Sus eléctricos ojos azules refulgieron en la calurosísima y húmeda noche de Castelnou. A pesar del calor y los mosquitos, hizo honor con su voz y con su música a esa noche tan mágica.
Del formato acústico, pasamos al eléctrico, de manos de Isabel Marco y su banda, que centraron su set mayoritariamente en sus dos últimas obras: Sin domesticar (2021) y sobre todo, Soñando alto (2023). Comenzó eso sí, con «En mis pies está el camino», el tema que abrió su primer disco en solitario, Quiero ser agua (2018).
Isabel Marco eléctrica / Fotografía: Fernando Blasco
Con un gran sonido, en el que los teclados cobraron un papel importante, sonaron, entre otras, las vibrantes «Víctima del ruido» o «Electricidad». Después llegó el turno para «Petricor», tema en el que Isabel Marco se define como cantarina y deslenguada, campesina, merchera y grana. Los cambios musicales que se vislumbran en su último disco quedan claros en temas como «El cielo de las mariposas», donde Isabel crítica el capitalismo salvaje que sufrimos y nos devora sin contemplación, envuelto en ritmos y sonidos que evocan a la new wave y al synth pop ochentero.
También homenajea a su idolatrada Dolores O’Riordan con el tema «Alma de canela», que rezumaba a The Cranberries por los cuatro costados. Pero lo que no nos esperábamos, aunque sí que deseábamos que pasase, ocurrió. Aurora Beltrán subió al escenario, se enfundó una guitarra eléctrica y junto con Isabel Marco y su banda, nos regaló el tema más cañero de toda la discografía de Tahúres Zurdos, «Planeta ruido». Como no podía ser menos, también hicieron juntas una canción de Isabel Marco, todo un alegato feminista titulado «Somos todas». Para finalizar, se dieron un emotivo y sincero abrazo, que simbolizó el vínculo generacional entre la maestra y la discípula, cada vez más aventajada, como bien apuntó Aurora Beltrán, a una emocionada y encandilada Isabel Marco.
Emotivo abrazo generacional / Fotografía: Fernando Blasco
Después de ese intenso momento, y ya con Isabel Marco de nuevo comandando su banda, las aguas volvieron a su cauce con otro homenaje a todas esas mujeres que nos precedieron, nuestras madres, nuestras abuelas, nuestras bisabuelas…que sacaron adelante a su numerosa prole ¿Cómo lo hicieron? Según Isabel Marco, haciendo «Trampas al reloj».
Aurora Beltrán e Isabel Marco interpretando el tema «Somos todas»
Otro bonito momento de la noche fue cuando Isabel Marco recordó su propia historia de amor, con la canción «El sabor de los sábados», cuyo comienzo hace un claro homenaje al «Romeo and Juliet» de los Dire Straits. También se acordó del mundo rural, la España vaciada y por supuesto, Alcorisa, su pueblo, en la canción «El respirar de las piedras».
Y como traca final, nos llevó por los nuevos caminos musicales que parece querer transitar de aquí en adelante, ritmos muy bailables como en «Mal subtitulada» o «Los días ásperos», donde la música nos evoca a grupos como The Strokes. Aunque la guinda del pastel fue en clave rockera, porque la noche se cerró con «Voy a pintarme el sol».
Después de la actuación de Isabel Marco, aún hubo tiempo para que dos componentes de la joven banda punk rock Kalumnia, que se acercaron al Solsticio Festival, se subieran al escenario armados de un bajo y una guitarra eléctrica e interpretaron su tema «No puedo más», anunciando que tocarán el próximo 8 de agosto en Castelnou. El que avisa no es traidor. Y así terminó un Solsticio Festival, cargado de emociones, sorpresas, buena gente, calor y mosquitos, muchos mosquitos. ¡¡Hasta el próximo solsticio!!
SAETAS Y VALIENTEFOLK Massalió, l’Argilaga (18-05-2025)
Las saetas tardaron en acertar a la diana en una valiente noche de punk folk
Dice el refrán «no hay mal que por bien no venga», y esa fue la sensación con la cual salimos los asistentes de la sala l’Argilaga de Massalió en la pasada noche del viernes. Y eso que la cosa no pintaba nada bien. Nada más entrar, nos informaron de que la banda colombiana Saetas no había llegado todavía. Eran las 22:45 y en teoría el concierto debería haber empezado a las 22:30. Los colombianos se encontraban en algún lugar a la altura de Zaragoza con problemas en el vehículo utilizado para la gira europea que iniciaron el día anterior en Madrid.
Valientefolk / Fotografía: CSA l’Argilaga
Pero no todo estaba perdido, el artista Valientefolk, quien ya acompañó hace dos años en su anterior gira europea a Saetas, había venido desde Barberà del Vallès a traer un contrabajo para la banda colombiana, ya que estos vienen con los instrumentos justos para poder hacer la gira. No es de extrañar, ya que en su pasada visita, les robaron en Bilbao todo lo que llevaban en la furgoneta. Pues bien, por suerte, Valientefolk, músico callejero, se trajo, además de a su inseparable compañera peluda Loles, también su acordeón. Así que se encargó de ofrecernos un improvisado concierto en el que repasó los dos trabajos que tiene editados hasta el momento.
Su tarea no era fácil, tenía que contentar a un público que venía a ver a Saetas, algo que parecía imposible tal y como se estaban desarrollando los acontecimientos. Pero Valientefolk sacó toda esa experiencia que da la calle y acabó haciéndonos bailar a ritmo de valses (quedó muy claro que le encantan), tarantelas, e incluso tangos a los allí presentes. Pero que no os engañe el instrumento, un acordeón puede ser una potente arma libertaria, sobre todo si es acompañada de los reivindicativos textos del propio artista. Valientefolk lanzó con sus canciones proclamas antinucleares y antifascistas, en temas como «La cofradía», o ese furioso himno titulado «Fucking fascists» que toda la sala coreó al unísono. También hubo tiempo para mensajes ecologistas, incluso nos contó su experiencia como vegano en «Veganx», una divertida canción en la que se ríe de sí mismo, y pide respeto para los no veganos, que también tienen derecho a habitar en este podrido mundo.
Valientefolk / Fotografía: CSA l’Argilaga
La fiesta continuó más y más porque Saetas se acercaban a Massalió, pero parece que no llegaban nunca. Valientefolk desplegó todo su repertorio, abarcando incluso canciones de su primer disco, como «Lobes», y algunas versiones del gran Chicho Sánchez Ferlosio , concretamente «Los gallos» y «Canción del soldado». También nos deleitó con un tema que escribió en la pandemia, llamado «Reacciona», y que tenía truquillo, ya que la melodía era la de «Hallelujah» de Leonard Cohen. Le dio tiempo a recordarnos su vida de trotamundos con su «Holandés errante», y otros tantos temas con el mismo denominador común, la lucha contra la norma impuesta. Nos dejó un himno a la diversidad y a la inclusión titulado «El fin», y se mantuvo impertérrito con su acordeón, no sólo hasta que los miembros de Saetas llegaron a l’Argilaga, sino que siguió su concierto hasta que los colombianos prepararon sus instrumentos. En fin, Valientefolk hizo honor a su nombre y nos regaló una velada tan magnífica como inesperada. Fue un gustazo conocer su proyecto.
Era tardísimo y no había tiempo para probaturas de sonido, Saetas se lanzaron a tumba abierta en un espídico concierto sin solución de continuidad. Su batería fue una ametralladora sobre la que se sustentaron los demás instrumentos: acordeón, mandolina, contrabajo, guitarra y tabla de lavar. Sus temas, cantados al unísono como en una taberna irlandesa, tienen influencias de antiguas canciones populares de lucha, y su música, aunque por supuesto contiene reminiscencias del folclore colombiano, tiene un evidente poso a la música celta e incluso a la de los Balcanes.
Saetas / Fotografía: CSA l’Argilaga
El vertiginoso bolo de los colombianos no dio respiro al personal, a pesar de empezar a tocar «a pelo», la calidad del sonido fue más que notable. El mérito hay que atribuírselo al técnico de sonido Marc: su experiencia, conocimiento del equipo y la sala, y su capacidad de improvisación fueron decisivas para poder disfrutar de una gran noche.
Los colombianos nos asaetaron sin remisión con temas como «Cuervos», «Cosechar», «Mundo de mentiras», «Intentando escapar» o «A peor», todos ellos incluidos en su primer disco hasta la fecha. Incluso nos adelantaron algunos de los que formarán parte de su próximo trabajo en estudio, Hacia ningún lugar. Hubo tiempo para los homenajes al mundo obrero con una combativa «La internacional», y concesiones a la galería como «Txus» de La Polla Records o «Mierda de ciudad» de Kortatu (curiosamente, pocas horas más tarde, el ejército irrumpía en una sala mexicana para desalojar un concierto de Fermín Muguruza).
La noche acabó, como era de esperar, con una extensa y particular «Danza macabra» made in Saetas. Por suerte, lo que parecía un concierto cancelado se convirtió en una valiente noche de punk folk. Gracias, l’Argilaga.
GUARDAFUEGOS Zaragoza, Sala Moliner 7 (18-05-2025)
Un vermú roquero que supo a gloria
Si te gusta el rock clásico, ese que bebe del blues, del folk y del country, y este pasado domingo al mediodía te quedaste apalancado en casa, perdona que te lo diga, pero te perdiste un mañaneo musical de categoría.
Y es que los tarraconenses Guardafuegos regresaban a Zaragoza, esta vez para presentar su último disco Un billete con ventana. Los de El Vendrell nunca defraudan en vivo y supieron defender con creces la habitual ausencia en las giras de su teclista Ferrán Robusté. Las guitarras y los coros se encargaron de ocupar el lugar del colchón de teclados que sí los arropa en el disco de estudio.
Como era de esperar, su repertorio se centró más en profundidad en su reciente Un billete con ventana, que repasaron casi al completo. Desde el primer momento, y con un gran sonido, Guardafuegos nos llegaron hasta el fondo del corazón con canciones como: «No entendiste nada», «Me di cuenta tarde», «Magia», o ese himno cargado de nostalgia y de verdad titulado «Los mismos de siempre». El sonido crepuscular, cálido y melódico de los temas, y por supuesto las nostálgicas, melancólicas, pero siempre con un punto de esperanza, letras escritas por su líder Rosendo Hernández, volvieron a tocar la fibra sensible de los allí presentes.
Por supuesto, no se olvidaron del resto de su discografía. No podían faltar temas del disco con el que se cruzaron en mi camino, el magnífico Lo que tenga que ser (2021), o del también reivindicable Mientras todo cambia (2018). Además, nos deleitaron con su nuevo tema «Como cuando empezábamos», que nos advierte que la inspiración de Rosendo Hernández a la hora de escribir canciones sigue intacta.
Hubo tiempo también para versiones de sus artistas de cabecera, algunos más contemporáneos, como Morgan, de quienes hicieron «Sargento de hierro» o «One horse town» de Blackberry Smoke, en la que Miguel Martínez, el benjamín del grupo, defendió la voz, tan magistralmente como hace con la guitarra. Y claro, no podían faltar un par de versiones de dos de sus héroes; Neil Young y Tom Petty. El bajista Marc Guitart fue esta vez el que tomó el micrófono para ofrecernos «Hurricane», del tío Neil, y una vibrante relectura del fantástico «Runnin’ down a dream» dedicada cómo no a la memoria del de Gainesville.
Y no hubo tiempo para más. Su batería, Oriol Moya, se libró de deleitarnos con su voz en una canción (cosa que creo que nunca sucederá). Guardafuegos cerraron con otro de sus himnos, «Ahora tampoco», y yo me quedé con las ganas de escuchar otros tantos, pero como decía aquél: «fue bueno mientras duró».
En definitiva, el tardeo está sobrevalorado. ¡Qué bien sienta un vermú musical!
THE BLACK HALOS
Zaragoza, La Ley Seca (16-04-2016)
Mientras me dispongo a escribir estas palabras acerca del concierto de The Black Halos, saco su LP The Violent Years (2001-SUBPOP-produced by Jack Endino) y pincho la primera canción de la cara A (o mejor dicho “Side 1”) y suena “Some things never fall”, y piensas que es una canción 10, que lo tiene todo, y que el haberla disfrutado esa noche es algo mágico que se quedará en tu memoria para siempre, y que ojalá se pueda volver a repetir. Porque la vuelta de estos canadienses a los escenarios, aunque parece que de forma momentánea a pesar de que presentaban un nuevo single (del que ya no tenían copias) ha sido una buena noticia, sobre todo para los que no pudimos disfrutarlos en su momento.
Cuando vas a ver a un grupo que viene de hacer varios conciertos seguidos (penúltima fecha de una serie de 15 en 17 días), siempre piensas en qué estado de forma te los vas a encontrar, si puede haber hecho mella el cansancio de los viajes o de alguna noche post-concierto alargada más de lo “recomendable”, de si el anterior concierto salió mal algo y van a tener mal rollo por lo que sea, de si han llegado a tiempo para hacer una buena prueba de sonido …, pero en este caso todo estas preocupaciones desaparecen con los primeros acordes, ya que la banda suena impresionante, y Billy Hopeless, ataviado con camiseta de Commando 9 mm y chaqueta de leopardo, se convierte en ese “frontman” que esperas y te imaginas, dominando el escenario, imagen y actitud increíble, y es que el gran Kike Turmix, recordado durante el concierto, pocas veces se equivocaba con todas las grandes bandas que trajo de gira para uso y abuso del público español.
El concierto está centrado en los dos primeros discos de la banda, algo normal, ya que son en los que estaba el otro miembro original de la banda que nos visitó, el guitarrista Rich Jones (ahora miembro de la Michael Monroe Band). Así pues abrieron fuego con “Shooting Stars, destacando otras canciones como “Sell-Out Love” o el gran momento con “50 Bourbon Street” con Billy tirado encima de la barra cortejando a la camarera, hasta que ésta le dio calabazas. Y es que hizo algún comentario del número de asistentes femeninas al evento, que parece que era bastante escaso para él y para alguno más.
http://theblackhalos.bandcamp.com/releases
En fin, volviendo a las canciones, hacia la recta final dejaron el ya citado y muy coreado “Some things never fall” y versiones de Misfits, Dead Boys y Kiss para despedirse. Hay que dar su mérito también al resto de músicos que han acompañado en esta gira a Billy y Rich, y que estuvieron a la altura que merecía la ocasión: Star Mafia Boy a la otra guitarra, Sue Gere al bajo y J.J. Fernandez (J Biscuit) a la batería.
Al finalizar el concierto no quedaba más que saludar y felicitar a todos los miembros, obligado el paso por la mesa del merchandising y comprar la correspondiente camiseta, (espero poder conseguir el nuevo single, el bajista me comentó que se podía conseguir pero no recuerdo de qué manera), e incluso alguna foto para inmortalizar el momento.