SANTIAGO CAMPILLO Queretes, La Barraca (22-02-2026)
Santiago Campillo y su banda en La Barraca de Queretes / Fotografía: Joaquim Valls
Santiago Campillo, un lujo en el planeta de los sordos
Por estos lares somos dados a ensalzar las virtudes de las cosas que nos llegan desde fuera y a minusvalorar lo que tenemos más cercano. En el caso de la música podría poner un montón de ejemplos. Parece que tiene que morir el artista para que tenga algún tipo de reconocimiento, véase recientemente el caso de Robe Iniesta o Jorge Martínez. Pero en el asunto que me ocupa esta reseña se trata de una flagrante injusticia. Porque existen grandes guitarristas infravalorados, otros son ninguneados…y luego está Santiago Campillo. Que este músico no tenga un mínimo de reconocimiento en este estado, tan poco roquero (todo hay que decirlo), clama al cielo.
El pasado domingo, Don Fernando Mallén volvió a llevar a su sala La Barraca de Queretes a Santiago Campillo y su banda. Para quien no pudo asistir en la anterior ocasión, como fue mi caso, esta segunda oportunidad no era algo que debería desaprovechar por nada del mundo. Si te gusta el rock clásico, estás leyendo esto, vives por la zona, y preferiste hacer otros planes, de verdad no sabes lo que te perdiste.
Yo esperaba un buen concierto, pero lo que me encontré superó ampliamente mis expectativas. Lo vivido en el bolo me hizo recargar las pilas (que ya iban justas de batería) para una buena temporada, porque el chute de rock en vena que nos endosaron Santiago Campillo y su banda fue de los que hacen época.
La descarga comenzó, Santiago Campillo nos subió en su “Cadillac Blues” y ya no pudimos bajarnos en marcha. Hubo, eso sí, momentos para la conducción suave como esa maravillosa versión adaptada al castellano del “A Whiter Shade of Pale” de Procol Harum, el melancólico “Desconfio de la vida” de los argentinos Pappo’s Blues, de quienes sonó también su adaptación del “Ruta 66”, o una grandiosa adaptación al castellano del “While My Guitar Gently Weeps” de los Beatles.
Perfectamente secundado, la intensidad del power trío arrasó la sala la Barraca de Cretas. Desde hace más de una década Santiago Campillo está acompañado por Joaquín Bermejo “Mini Drums” a la batería. El todavía joven baterista tiene que pegarle duro a su instrumento para no ser sepultado por las andanadas eléctricas que reparte su jefe cada vez que arremete con su guitarra. La tarea de la bajista californiana, la reputada Oneida James, que estuvo más de una década en la banda de Joe Cocker, es igual de exigente, pero ya nos demostró que tiene unos dedos de acero durante el concierto. Además de hacer coros, Oneida nos deleitó con su voz con la versión del “I Don’t Need No Doctor”, que en su día popularizó Ray Charles, aunque llevada al terreno funky en el que tan bien se desenvuelve la bajista.
Oneida James, bajo / Fotografía: Joaquim Valls
Siguieron cayendo clásico tras clásico: “La Grange” de ZZ Top, “In-A-Gadda-Da-Vida” de Iron Butterfly, “Suzy Q” de Creedence Clearwater Revival (a petición de un emocionado espectador), combinados por Campillo con algunos temas de su cosecha, como ese rocanrol lleno de ironía y humor que es “No me creo na”.
Santiago Campillo tiene el toque de los elegidos, su guitarra es una parte más de su anatomía, debió de nacer con ella incorporada a su cuerpo, porque si no es inexplicable la simbiosis que existe entre el músico y su instrumento. Campillo hace parecer sencillo lo difícil, viéndolo tocar con esa facilidad llegas a pensar que cualquiera puede hacerlo sin ningún tipo de esfuerzo.
Santiago Campillo con «Aurorita» / Fotografía: Joaquim Valls
El guitarrista utilizó cuatro guitarras distintas (la primera le duró sólo dos canciones porque se le rompió una cuerda) y empleó durante buena parte del concierto a “Aurorita”, su pequeñísima guitarra, que parece de juguete, pero que suena de impresión. En el tramo final del concierto, ya con su tercera guitarra, el primer rasgueo nos indicó que llegaba el momento de Jimi Hendrix. Campillo nos deleitó con una extensa y orgiástica versión adaptada al castellano del “Voodoo Child”. La tormenta eléctrica que desató arremetió sin remisión contra una audiencia totalmente entregada. Incluso, se permitió el lujo de incluir un extracto del “Whole Lotta Love” de Led Zeppelin. El abanico de recursos técnicos que desplegó parecía infinito, velocidad endiablada, virguerías imposibles…le faltó quemar la guitarra como Hendrix en el Festival de Monterey.
El Power Trío de Santiago Campillo / Fotografía: Joaquim Valls
Para rematar la faena, sacó a relucir su guitarra Slide y nos demostró que también es un auténtico maestro en la técnica del bottleneck. Los temas elegidos nos retrotrajeron a los tiempos en su banda M-Clan. “Donde el río hierve” y, por supuesto, la inefable “Un buen momento” pusieron el broche de oro y el punto final a la impresionante fiesta del Rock and Roll con mayúsculas que nos brindaron Santiago Campillo y su banda. Si el Rock te hace vibrar no dudes en acudir a verlo, no lo dejes para la otra vida.
Barrys en un momento de su actuación/ Fotografía: CSA l’Argilaga
Barrys, un grupo cercano, empático,con mensaje…y dos vocalistas
Tenía ganas de volver a ver en directo a Barrys, a quienes descubrí en la pasada edición del Albajam, un festival solidario que cada año recauda fondos para destinarlos a la Asociación Española Contra el Cáncer y se celebra en plenas fiestas de Alcañiz. Allí tuve el honor de compartir escenario con el monstruo de la comunicación Santi Herrera, capo del programa radiofónico “El cuartelillo”, y juntos fuimos presentando a las diferentes bandas que actuaron esa tarde noche. Una de esas bandas eran Barrys, cuya propuesta nos llamó la atención. Los grupos de rock con dos vocalistas femeninas al frente no es que abunden, y además su actuación nos dejó un gran sabor de boca.
El siempre activo y parlanchín Gori al bajo / Fotografía: CSA l’Argilaga
La nueva cita con la banda de La Puebla de Híjar fue en el CSA l’Argilaga de Massalió, ¿dónde si no? Allí pudimos compartir los momentos previos al concierto con el grupo. Su bajista Gori tenía muchas ganas de tocar, este culo inquieto metido en mil y un proyectos, entre otros por ejemplo, el grupo poético musical Poética Líquida, junto a Víctor Guiu y Javier Esteban. Tenía mucha prisa por empezar, ¿quería volver pronto a Híjar, su pueblo? Nada más lejos de la realidad, como podréis comprobar al final de esta crónica.
Barrys en l’Argilaga / Fotografía: CSA l’Argilaga
Barrys repitieron el mismo repertorio que en Alcañiz: unas cuantas versiones, intercaladas con temas propios de la banda, algunos se editarán en formato físico esperemos que en un futuro no muy lejano. Empezaron apostando a caballo ganador con el “I fought the law” de The Clash, y también comenzaron unos problemas en el micrófono de la vocalista Nidia. Por desgracia aparecieron ocasionalmente durante el concierto, hecho que nos privó de poder disfrutar plenamente de su voz y de la de su compañera Laia. A pesar de todo y siempre con una sonrisa en los labios, Barrys se metieron al público en el bolsillo.
Nidia, vocalista de Barrys / Fotografía: CSA l’Argilaga
De su cosecha nos dejaron canciones como “Mentiras”, “Peter Pan”, “Déjame vivir” o “Miedo”, que navegan entre el ska y el rock. Tengo mucha curiosidad por escuchar cómo sonarán en su estreno discográfico. De los temas de otros grupos que interpretaron, me hizo mucha ilusión escuchar el “Drain you” de Nirvana, un tema del que no suele ser habitual escuchar versiones y en el que Marcos se desquitó a la batería. Del que hay unas cuantas versiones es del tema “Beggin’”, pero Barrys eligieron la más actual y la más roquera, la que hiciesen hace casi una década los italianos Måneskin. Potentísima sonó “Celebrity skin” de Hole, y pudimos disfrutar de Laia y Nidia a pleno rendimiento. Después de la tempestad vino la calma con “Creep” de Radiohead, que Laia hizo suya, dándole otro tempo más calmado y emotivo que iguala la épica del original.
Laia, vocalista de Barrys / Fotografía: CSA l’Argilaga
Para la parte final se guardaron los clásicos, como el “Rebel rebel” del siempre añorado David Bowie, cuyo estribillo coreó el público, al igual que “Frío” de Alarma!!!, la única versión que hicieron en castellano. Barrys se guardaban su as en la manga, y mi canción favorita de su repertorio, “No más”, casi pensé que no iban a tocarla. Pero no podía faltar. No me hubiese importado volver a escucharla otra vez más.
Rafa, guitarra de Barrys /Fotografía: CSA l’Argilaga
Como broche final hicieron el “Rockin’ in the free world” de Neil Young, en el que disfrutamos del magnífico solo guitarrero de Rafa, al que enlazaron en su parte final la letra en castellano y rapeada que hicieron Riot Propaganda de este mismo tema. Toda una declaración de principios que nos muestra la esencia de Barrys, un grupo preocupado por los problemas que azotan a nuestra sociedad y que no se calla ante lo que consideran injusticias. Otra prueba de ello es su tema “3 Días”, que con sorna e ironía sirvió para cerrar la velada, y en el que Barrys nos describen un Teruel bastante parecido al que nos muestran los partidos políticos en plena campaña electoral, aunque ,claro, su mensaje es totalmente el contrario.
Marcos, batería de Barrys / Fotografía: l’Argilaga
La cercanía y el buen rollo de Barrys siguieron tras el concierto y allí se quedaron departiendo con el público. Incluso su bajista Gori, sí, el que tenía tantas ganas de empezar el concierto cuanto antes, se volvió a subir al escenario y armado de su bajo nos obsequió con un par de temas para que los cantase todo el mundo. Seguro que esa noche fue el último en llegar a casa.
Los Bien Bien durante su actuación en La Barraca / Fotografía: Emma Mallén Celma
El divertido guateque sideral de Los Bien Bien
El mejor antídoto para sacudirte el frío invernal, desentumecer los músculos y tu cerebro tan nebuloso y gris como el tiempo que nos acompaña, lo tiene el “Dr. Amor”. Este médico no te va a recetar pastillas, su terapia consiste en enviarte directamente al electrochoque que te va a aplicar la banda zaragozana Los Bien Bien en cualquiera de sus bolos. ¡Mano de santo,oiga! Así que no es de extrañar que los maños abriesen el concierto con la canción dedicada a su galeno favorito.
La terapia de choque fue en la coqueta y acogedora sala La Barraca de Queretes. Por si fuera poco, su anfitrión, el ínclito Fernando Mallén, agitador cultural del Matarranya desde hace ya unos cuantos lustros, aplacó mi vacío estómago con un espectacular bocadillo de chorizo a la brasa que había sobrado en la celebración de las hogueras que habían tenido lugar por la tarde. Que San Antón bendiga de mi parte a la persona que encargó el bocadillo y no acudió al calor de la lumbre.
De izda a dcha: Coco (bajo y coros), Ramón (batería), Carlos (voz y guitarra) y Alphon (guitarra y coros) / Fotografía: Dani Sancet
Con el estómago lleno todo se ve de otra manera. Si además la música acompaña, nada puede torcer una gran noche de sábado. LosBien Bien hicieron honor a su nombre, nos lo hicieron pasar ídem al cuadrado al público congregado, y convirtieron el espacio de La Barraca en un singular guateque sideral en el que era imposible dejar de menear el bullarengue.
Su receta consiste en sacudir al público espasmódicamente al ritmo de garage clásico, salpicado de coros surferos, destellos ramonianos y toques de rock elegante de los ochenta. Sus canciones nos conducen por algunas de sus filias: películas y series de TV, la juerga y el desenfreno, sus gustos musicales (muy eclécticos, por cierto) y también denotan una misantropía palpable. No hay más que leer el título que le han dado a su flamante primer disco, El futuro…¿era esto?
Temas movidos y coreables como “Massiel”, en los que ya nos avisaban de que iba a ser un día especial o la espídica “Weissmüller», sacudieron de lo lindo al personal. Con “Arena», su último sencillo, Los Bien Bien abren su abanico de influencias hacia el indie más actual. Es una gran canción que cuenta con unas magníficas guitarras deudoras de los mejores Pixies.
Llegaron también homenajes a algunos de sus héroes musicales, que por supuesto también son los nuestros: Lou Reed, The Cramps, Ramones, Chris Montez, de quien tocaron su legendario “Let’s dance”, pero en la versión adaptada que hiciesen en su día Parchís, como orgullosos representantes de la generación de la E.G.B. seguro que sabéis de cual estoy hablando. La fiesta y el desbarre continuaron con la “Conga Georgie Dann», otro héroe al que jamás podremos agradecer su aportación para el bienestar de la humanidad.
Para el tramo final tuvimos que abrocharnos bien los cinturones. Temazos tan divertidos y pegadizos como el genial “Feliz”, o los vibrantes viajes interestelares de “Astronauta” y “Marciana” con teremín artesanal incluido, nos hicieron gravitar hasta galaxias recónditas. En la última canción Los Bien Bien se pusieron intelectuales, no todo van a ser comics y películas de terror de serie B. Nos deleitaron con “La espuma de los días”, aunque yo no tengo tan claro si se leyeron la novela, o simplemente vieron la película de Michel Gondry, cosa que tampoco estaría mal, por cierto. ¡Larga vida a Los Bien Bien!
La típica tarde invernal de un sábado con sus buenas dosis de frío, niebla y lluvia no invitaba a mucho más que quedarse frente al televisor y cruzar los dedos para que la película elegida no acabase muy por debajo de tus expectativas. Por suerte, nuestros amigos de l’Argilaga están siempre que los necesitas y habían programado la actuación de la andorrana Layla Añil. Nos lo pusieron en bandeja, no hay duda, qué mejor plan que acudir a Massalió a disfrutar de música en directo.
Layla Añil volvió (aunque no para cerrar el círculo) a la población en la que tuvo su bautismo musical allá por el 2021, en plena pandemia. Casi un lustro después, sigue transitando la vida por medio de sus canciones, cosa de la cual nos alegramos. La artista agradeció de corazón a l’Argilaga la oportunidad que le dio en su día y la que sigue ofreciendo este centro social autogestionado a otros muchos artistas en el presente.
Layla y Guillermo / Fotografía: CSA l’Argilaga
Su propuesta musical evidencia algunas de sus influencias. Creo que no ando muy desencaminado si digo que en su adolescencia se ponía a todas horas CDs de La Oreja de Van Gogh, Ella Baila Sola, Amaral y alguno de Silvio Rodriguez,Bob Dylan, o Joaquín Sabina, que cogía prestados a sus padres.
En formato cuasi acústico, acompañada al piano por su tímido compañero Guillermo, Layla Añil, a lomos de su guitarra, comenzó llevándonos a su refugio, el de sus canciones, el de las historias y vivencias que han ido ilustrando su vida, algunas de las cuales, compartidas por los allí presentes
Guillermo, teclista de Layla Añil / Fotografía: CSA l’Argilaga
Candorosomente, con una mezcla de cariño, dulzura y, por qué no decirlo, demasiada humildad y modestia, fue presentando su propuesta musical, en la que incluso pidió perdón por no hacer ninguna versión. Ni falta que hizo. Sus temas, algunos más melancólicos y reflexivos como el inicial “Un refugio”, o nostálgicos como “Pies de ciudad”, en los que recordaba su vida en el pueblo, mantienen siempre pinceladas de su dulce y cálida voz.
Su repertorio estuvo nutrido principalmente por canciones de hasta ahora el único disco en su haber Mi alrededor, editado en 2020, del que destacaría el tema homónimo de sabor country, el más electrónico “Tiempos líquidos” o ese himno feminista titulado irónicamente “Muerte a la mujer moderna”.
Layla Añil al completo / Fotografía: CSA l’Argilaga
Por supuesto, también nos ofreció temas posteriores que ha ido grabando desde entonces y que puedes encontrar en las redes de la artista. Hablamos de canciones en las que se puede apreciar su evolución como compositora y letrista. Las chispeantes e irónicas “El andén de tus manías” y “No me gusta esta fiesta” contrastan con la belleza poética y la profundidad de temas como “Cuando vengan a por mí”, la única canción de amor que ha escrito según la propia Layla Añil, o “Ratones y herejías”, una oda a los tiempos de juventud.
Pidiéndonos perdón por el tiempo robado, Layla Añil se despidió hasta otra nueva ocasión. Seguro que en la próxima tendrá que hacer hueco en su maleta para poder meter las nuevas canciones que va originando su fluir por el cauce de la vida.
44594Jazz Híjar, Pabellón Multiusos Eloy Salvador (29-11-2025)
«Más allá de la melodía», una apuesta didáctica a través de la música jazz
Jazz para todos los públicos con “Más allá de la melodía”, un interesante proyecto didáctico musical en forma de concierto.
El grupo de Valdealgorfa 44594Jazz abrió los oídos, ojos y mentes de los asistentes al Pabellón Multiusos “Eloy Salvador” de Híjar, en una brillante y disfrutable masterclass sobre el jazz, la música, la etnografía, la antropología y otras muchas cosas.
44594Jazz actuando en directo en el Pabellón Multiusos Eloy Salvador de Hijar / Fotografía: Fina Giner
Tenía ganas de poder ver en directo este proyecto y precisamente tuvo que ser en el último bolo de una gira que ha tenido 15 fechas durante este año. Encuadrado dentro del Programa para la Transición Justa a través de Dinamiz-ARTj, el concepto de “Más allá de la melodía” no puede ser más acertado: acerca la cultura, concretamente la música jazz, a núcleos rurales afectados por la reconversión de la minería.
44594Jazz: De izda a dcha Santiago Sáenz, Jorge Alloza, Chavi Naval, agachado Daniel Viñuales / Fotografía: 44594Jazz
La gran afluencia de público, conformada en buena parte por personas de la tercera edad,aunque también hubo adolescentes e incluso niños, pudo degustar de un original, ameno y enriquecedor concierto de la mano de los cuatro integrantes de la banda 44594Jazz.
Santiago Sáenz, piano.
El núcleo de este proyecto está formado por Santiago Sáenz, pianista y conductor principal de la actuación. Se nota su labor como docente y director durante más de 40 años en la Escuela de Música de Alcañiz. Su manera de guiar al espectador a través de interesantes anécdotas y curiosidades, consigue que no haga falta que sepas de jazz, ni de música para poder disfrutarlo. Es más, con ejemplos, incluso usando la inteligencia artificial, nos da claves sencillas para poder aprender a escuchar y entender el jazz.
Chavi Naval, saxofón.
A su lado está su fiel escudero, el gran saxofonista Chavi Naval. Las únicas notas que escuchamos de él en toda la actuación fueron las de los solos de su saxofón, ¡pero qué notas! Está claro que en la parte estrictamente musical, Chavi Naval tiene mucha mano en el repertorio de la banda. Un repertorio en el que están, por supuesto, algunos de los principales referentes del género, como Charlie Parker, Herbie Hancock, Miles Davis, John Coltrane o Thelonius Monk.
Jorge Alloza, bajo.
La base rítmica está formada por el bajista Jorge Alloza, quien hiciera sus pinitos en la banda de groove metal SIIXS, y aunque ahora esté bastante más comedido en su actuación, tuvo un guiño de cara a la galería, haciéndose pasar por Jaco Pastorius, con caracterización e interacción con el público incluida, en la parte final del espectáculo. A la batería tenemos a Daniel Viñuales, el benjamín de la banda, que ya tiene unos cuantos conciertos a sus espaldas con su propia banda, los emergentes Kalumnia, cambia completamente su rol en esta formación, de la que pasó a formar parte por la insistencia de Santiago Sáenz, quien fue en su día profesor suyo. Este cuarteto tan singular, en el que se dan la mano tres generaciones de músicos completamente distintas, nos hizo disfrutar y aprender a escuchar el jazz en poco menos de 90 minutos.
Daniel Viñuales, batería.
44594Jazz cumplieron lo prometido, nos regalaron un concierto que despertó la curiosidad y el interés de los espectadores menos avezados en el mundo del jazz, pasando desde Beethoven a Paco de Lucía, o de Johnny Mandel a Tony Leblanc y Barricada, entre otros. Para el 2026 todo indica que este proyecto músico didáctico seguirá evolucionando. Está claro que este formato tiene recorrido de sobra, no sólo en salas de conciertos, sino en institutos y en cualquier acto que desee mostrar una manera diferente y educativa de llevar el jazz a todos los públicos.
BOBBI RELAC / RAMADA INN Massalió, l’Argilaga (15-11-2025)
Bobbi Relac al completo / Fotografía: CSA l’Argilaga
Bobbi Relac y Ramada Inn llenan de electricidad y psicodelia el CSA l’Argilaga de Massalió
Da gusto ver a artistas que defienden su propuesta a capa y espada, poetas eléctricos que deambulan por cualquier lugar que les acoja, con la única pretensión de mostrar su forma de entender la música. Si consigues entrar en su universo, te quedarás dentro para siempre.
Bobbi Relac tiene un halo de artista maldito, de esos que utilizan la música para exorcizar sus demonios, un proceso sanador en el que puedes llegar a verte involucrado si te dejas llevar por la liturgia mística de algunas de sus canciones. No esperes ninguna concesión de cara a la galería. De hecho, «Charcos de cristal», el tema que más aroma a single desprende de su último disco, Sólo sobreviven las ánimas, no sonó en la descarga de l’Argilaga.
Bobbi Relac / Fotografía: CSA l’Argilaga
Bobbi Relac comenzó su concierto avisando a los allí presentes de que sufría una contractura. A continuación, la ráfaga decibélica de su Gretsch envolvió la sala como bálsamo para su dolencia, y ya no hubo vuelta atrás. La omnipresente guitarra del vasco sonaba arrolladora, sepultando en ocasiones el sonido del bajo y hasta su propia voz. El grupo arrancó con «Todo cambia», el tema que abre su nuevo disco. Disco que suena bastante más dócil en estudio que en directo, donde no llevan teclado. De su última propuesta sonaron, entre otros, la sincopada «Haz hoz hez«, que cuenta con momentos lisérgico-progresivos, al igual que «Virgen parda», esta ya con paisajes sonoros menos fieros. Más dinámica sonó su «Burla sónica», donde no dejaron de «alimentar al monstruo».
Del resto de su discografía, entre otras, nos dejaron la primigenia y folkie «La titiritaina», la stoner, que no stoniana, «Misteriosa habitación», con su correspondiente dosis de fuzz progresivo, y terminaron con la adictiva «Arrecifes», advirtiéndonos de que estuviésemos muy atentos al siguiente power trío que iba a actuar a continuación.
Aunque estábamos sobre aviso, la verdad es que no sabíamos de dónde nos venía el aire. Si etiquetar la propuesta de Bobbi Relac se me antoja complicado, poner un nombre a la música de Ramada Inn es misión imposible para un servidor. Si bien Bobbi Relac bebe más de los 70, las atmósferas de Ramada Inn son deudoras de los 80. El ejemplo más claro es «Aizkora arin arin», deudora de The Cure.
Ramada Inn / Fotografía: CSA l’Argilaga
El joven trío vasco se mueve con soltura entre el post punk el rock progresivo,. También denotan influencias del hardcore e incluso del avant garde, dejándonos paisajes sónicos minimalistas en alguno de sus temas. La personal forma de entonar de su cantante y guitarra Juan Valls, los sincopados y contundentes ritmos marcados por Mikel Marco a la batería, y Ander Etxaniz y su vertiginosa manera de tocar el bajo, cual si fuera un guitarrista «masturbamástiles» llegado del mundo del heavy, conforman el sello distintivo de esta interesante banda no apta para todos los públicos.
Definitivamente, fue una noche de intensidad sonora sincopada, de dos valientes, sinceras y personales propuestas musicales llegadas desde Euskal Herria hasta el corazón del Matarranya.