Medalla en directo en l’Argilaga / Fotografía:CSA l’Argilaga
Medalla: eclécticos, eléctricos, enérgicos y excelsos
Los barceloneses llegaron a l’Argilaga de Massalió dispuestos a presentar su nuevo álbum Música máquina y a aplastarnos con su apisonadora eléctrica.
Eric Sueiro, voz y guitarra / Fotografía: CSA l’Argilaga
Medalla siempre han nadado a contracorriente, los descubrí con su tercer álbum Arista rota, (2021) en él, se movían entre las aguas del kraut-rock y la psicodelia, flirteando con el indie e incluso jugueteando con la bossa nova. Me sorprendieron la frescura, la originalidad y el eclecticismo de su propuesta, pero la vorágine en la que se convirtió mi existencia a partir de ese año, me llevó a perderles la pista. Mea culpa, lo admito, pero es que la metamorfosis que ha experimentado la banda en menos de un lustro y dos discos ha sido inversamente proporcional a la de la mayoría de los grupos. Normalmente con el paso de los años, las bandas tienden a dulcificar su sonido, pues bien, Medalla han seguido el recorrido contrario. En su nuevo álbum Música máquina, (2025) se han lanzado en brazos del legado del metal y más concretamente de sus máximos exponentes, Judas Priest. Los barceloneses no esconden su influencia sino que la proclaman a los cuatro vientos, y llegaron a l’Argilaga de Massalió dispuestos a aplastarnos con su apisonadora eléctrica.
Joan Morera, guitarra eléctrica / Fotografía: CSA l’Argilaga
Con el “Breaking the Law” de los Judas sonando a todo trapo, Medalla subieron al escenario y a partir de ahí no hubo vuelta atrás. Comenzaron con la progresión instrumental in crescendo de “Asedio” enlazando con la tralla eléctrica de “Mechero”, un golpe directo a la mandíbula con claras referencias al Painkiller de los de Birmingham. En la parte inicial de su descarga combinaron temas de su último trabajo con el de su disco precedente Duelo, (2023). Medios tiempos, reminiscencias medievales, incluso de música sefardí, rock medieval como parece que quieren ser etiquetados, así lo atestigua el merchandising que han sacado para apoyar su último lanzamiento. No estoy muy de acuerdo con esta etiqueta, así lo atestigua quizás el tema más redondo de toda su trayectoria, “Amigo mercado”, un pelotazo post punk en el que tienen la colaboración estelar de las Bala y que levantó en volandas al respetable. Después llegaron proclamas anticapitalistas con la dupla “Para sorpresa de nadie”, deudora de los System Of A Down más frenéticos y “El trabajo no dignifica”, toda una declaración de intenciones que me recordó en su línea vocal a los Barón Rojo más clásicos.
Josep Peris, bajista / Fotografía: CSA l’Argilaga
Y por fin, Medalla se acordaron de su disco Arista rota, del que incluyeron “Velazquez” y “Leviatán”, que en esta nueva versión de la banda sonaron más potentes y eléctricas al no utilizar el teclado y sustituirlo por las dos guitarras. Para rematar la faena, despellejaron el inicio de su primer disco con las arengas antifascistas de “Sacrilegio”. “¡Contra el fascismo, satanismo!” rugía el vocalista y guitarra Eric Sueiro,y siguieron homenajeando a sus héroes Judas Priest y a Marc de l’Argilaga con “Navaja certera”. “Te voy a dejar más guapa que calva…” La irónica “Devoto cardenal” nos recordó que Hacienda somos todos (bueno, unos más que otros). Para cerrar, utilizaron el ritmo machacón de “BMW 666”, un acerado tema lleno de odio hacia todos los que se creen que la carretera es un circuito de velocidad.
Medalla en acción / Fotografía: CSA l’Argilaga
Medalla llegaron, vieron y vencieron en l’Argilaga. Su límpido y potente sonido apabulló al público congregado, esa maquinaria perfectamente engrasada fue un torbellino eléctrico propulsado por las guitarras de Eric Sueiro y Joan Morera y rematado por la pegada de la base rítmica de Marc López a la batería y Josep Peris al bajo.
Marc López, batería / Fotografía: CSA l’Argilaga
Lo del rock medieval se les queda muy pequeño, Medalla son mucho más que eso, espero que sigan evolucionando y subiendo el nivel disco a disco como han hecho hasta el día de hoy. Si te gustan las emociones fuertes y tienes la oportunidad de verlos en directo, no lo dudes.
Brighton 64 despidiéndose tras acabar el concierto en Queretes | Fotografía: José Tomás
Brighton 64 se despiden de Aragón en La Barraca de Queretes
Emotivo y vibrante concierto de los barceloneses en la gira que pone punto y final a su carrera como banda.
Fernando Mallén lo ha vuelto a hacer, y ya lleva unas cuantas… El alma mater de La Barraca de Cretas nos regaló otra velada inolvidable. La excusa perfecta esta vez fue la gira de despedida de los míticos Brighton 64, pioneros del revival mod en el estado a principios de los 80.
Los barceloneses se despidieron por todo lo alto de Aragón como nos anunció su vocalista Ricky Gil al comenzar el concierto. La actuación nos llegó muy adentro a los presentes. Y es que si eres un melómano, un músico, y ya has marcado más de cuarenta muescas en el revólver de tu existencia, o, por supuesto, si tuviste la fortuna de ser un mod en aquellos efervescentes años, una amalgama de sentimientos te abigarraba el alma con cada canción.
Brighton 64 tienen a favor transmitir en sus temas el sentir de toda una generación que a nuestros…(pon tu edad aquí) años hemos hecho de la música nuestra manera de vivir, de entender la vida y de seguir adelante. Y no conseguimos curarnos de ese perenne síndrome de Peter Pan que nos acompaña. Claro, todo ello con sus pros y sus contras perfectamente reflejados en las letras de sus canciones.
Un momento de la actuación de Brighton 64 en La Barraca / Fotografía: José Tomás
Y es que Se traspasa, el canto de cisne de Brighton 64, es un notabilísimo álbum que volverá a pasar desapercibido como casi el 99 por ciento del recorrido discográfico de los hermanos Gil en este y otros proyectos. De su disco de cierre sonaron la mitad de sus canciones. En “2024” describen con nostalgia y honestidad tiempos pasados que tampoco tuvieron por qué ser mejores (pero en el fondo sabemos que lo fueron). La melancolía de “Lennon nunca estuvo aquí” refleja como nada nuestros sueños perdidos. En “Como una sombra” nos dejan claro que, para bien o para mal, somos así, y ya es difícil que vayamos a cambiar, y “Culo veo, culo quiero” nos recuerda que no es más feliz el que más tiene sino el que menos necesita.
Si no leíste en su día el libro Bola y cadena: 20 años de explosión, autobiografía de Ricky Gil, y mientras esperas que se termine el documental sobre la banda catalana que está próximo a estrenarse, tienes la oportunidad de escuchar la canción emblema de su último disco, la irónica y sincera al mismo tiempo “Hemos tenido suerte”. No se puede contar y cantar en menos tiempo las aventuras y desventuras musicales en la entrecortada andadura de Brighton 64.
Como era de esperar en la gira de despedida, la banda repasó temas de su dilatada trayectoria. No faltaron la “Calle 46”, con la que abrieron el concierto (qué pena, que en los tiempos que corren, llevar de gira una sección de vientos es prohibitivo para las bandas). Continuaron con “La próxima vez” y celebramos de la mejor manera posible el día 1 de mayo bailando “La canción del trabajo” y tomando “El mejor cocktail” y brindando por Sam Cooke, Otis Redding y Jackie Wilson, por supuesto. Para la parte final se marcaron un homenaje a otra banda maldita como ellos, los infravalorados Pistones, de quienes hicieron “Metadona”, (gracias Iñaki por el apunte),cerrando el círculo con “Barcelona Blues”, el tema que abrió su primer EP allá por 1983.
De izda a dcha:Jordi Fontich, Ricky Gil, Eric Herrera, Albert Gil y David Abadía / Fotografía: José Tomás
Pero todos sabíamos que esto no iba a acabar así, el tema que más reconocimiento les dio en su día, “La casa de la bomba”, no había sonado, así que Brighton 64 nos remataron con él y como guinda final lo mezclaron con un extracto de “Haz el amor” para dar por terminada una noche musical llena de emociones, nostalgia y adrenalina que se vio reflejada en los rostros de los miembros del grupo y del público congregado.
Como bien nos recordó Jordi Mallén (el hermanísimo de La Barraca), que se subió al escenario antes del bis final, es innegable que Brighton 64 dejaron su impronta en la escena musical y abrieron camino para otros grupos en su día. Y además, añado, no solo con su música en este y otros proyectos, también crearon el sello Bip Bip Records con el que dieron a conocer a bandas como Sidonie o Dorian. ¡Hasta siempre, Brighton 64!
SANTIAGO CAMPILLO Queretes, La Barraca (22-02-2026)
Santiago Campillo y su banda en La Barraca de Queretes / Fotografía: Joaquim Valls
Santiago Campillo, un lujo en el planeta de los sordos
Por estos lares somos dados a ensalzar las virtudes de las cosas que nos llegan desde fuera y a minusvalorar lo que tenemos más cercano. En el caso de la música podría poner un montón de ejemplos. Parece que tiene que morir el artista para que tenga algún tipo de reconocimiento, véase recientemente el caso de Robe Iniesta o Jorge Martínez. Pero en el asunto que me ocupa esta reseña se trata de una flagrante injusticia. Porque existen grandes guitarristas infravalorados, otros son ninguneados…y luego está Santiago Campillo. Que este músico no tenga un mínimo de reconocimiento en este estado, tan poco roquero (todo hay que decirlo), clama al cielo.
El pasado domingo, Don Fernando Mallén volvió a llevar a su sala La Barraca de Queretes a Santiago Campillo y su banda. Para quien no pudo asistir en la anterior ocasión, como fue mi caso, esta segunda oportunidad no era algo que debería desaprovechar por nada del mundo. Si te gusta el rock clásico, estás leyendo esto, vives por la zona, y preferiste hacer otros planes, de verdad no sabes lo que te perdiste.
Yo esperaba un buen concierto, pero lo que me encontré superó ampliamente mis expectativas. Lo vivido en el bolo me hizo recargar las pilas (que ya iban justas de batería) para una buena temporada, porque el chute de rock en vena que nos endosaron Santiago Campillo y su banda fue de los que hacen época.
La descarga comenzó, Santiago Campillo nos subió en su “Cadillac Blues” y ya no pudimos bajarnos en marcha. Hubo, eso sí, momentos para la conducción suave como esa maravillosa versión adaptada al castellano del “A Whiter Shade of Pale” de Procol Harum, el melancólico “Desconfio de la vida” de los argentinos Pappo’s Blues, de quienes sonó también su adaptación del “Ruta 66”, o una grandiosa adaptación al castellano del “While My Guitar Gently Weeps” de los Beatles.
Perfectamente secundado, la intensidad del power trío arrasó la sala la Barraca de Cretas. Desde hace más de una década Santiago Campillo está acompañado por Joaquín Bermejo “Mini Drums” a la batería. El todavía joven baterista tiene que pegarle duro a su instrumento para no ser sepultado por las andanadas eléctricas que reparte su jefe cada vez que arremete con su guitarra. La tarea de la bajista californiana, la reputada Oneida James, que estuvo más de una década en la banda de Joe Cocker, es igual de exigente, pero ya nos demostró que tiene unos dedos de acero durante el concierto. Además de hacer coros, Oneida nos deleitó con su voz con la versión del “I Don’t Need No Doctor”, que en su día popularizó Ray Charles, aunque llevada al terreno funky en el que tan bien se desenvuelve la bajista.
Oneida James, bajo / Fotografía: Joaquim Valls
Siguieron cayendo clásico tras clásico: “La Grange” de ZZ Top, “In-A-Gadda-Da-Vida” de Iron Butterfly, “Suzy Q” de Creedence Clearwater Revival (a petición de un emocionado espectador), combinados por Campillo con algunos temas de su cosecha, como ese rocanrol lleno de ironía y humor que es “No me creo na”.
Santiago Campillo tiene el toque de los elegidos, su guitarra es una parte más de su anatomía, debió de nacer con ella incorporada a su cuerpo, porque si no es inexplicable la simbiosis que existe entre el músico y su instrumento. Campillo hace parecer sencillo lo difícil, viéndolo tocar con esa facilidad llegas a pensar que cualquiera puede hacerlo sin ningún tipo de esfuerzo.
Santiago Campillo con «Aurorita» / Fotografía: Joaquim Valls
El guitarrista utilizó cuatro guitarras distintas (la primera le duró sólo dos canciones porque se le rompió una cuerda) y empleó durante buena parte del concierto a “Aurorita”, su pequeñísima guitarra, que parece de juguete, pero que suena de impresión. En el tramo final del concierto, ya con su tercera guitarra, el primer rasgueo nos indicó que llegaba el momento de Jimi Hendrix. Campillo nos deleitó con una extensa y orgiástica versión adaptada al castellano del “Voodoo Child”. La tormenta eléctrica que desató arremetió sin remisión contra una audiencia totalmente entregada. Incluso, se permitió el lujo de incluir un extracto del “Whole Lotta Love” de Led Zeppelin. El abanico de recursos técnicos que desplegó parecía infinito, velocidad endiablada, virguerías imposibles…le faltó quemar la guitarra como Hendrix en el Festival de Monterey.
El Power Trío de Santiago Campillo / Fotografía: Joaquim Valls
Para rematar la faena, sacó a relucir su guitarra Slide y nos demostró que también es un auténtico maestro en la técnica del bottleneck. Los temas elegidos nos retrotrajeron a los tiempos en su banda M-Clan. “Donde el río hierve” y, por supuesto, la inefable “Un buen momento” pusieron el broche de oro y el punto final a la impresionante fiesta del Rock and Roll con mayúsculas que nos brindaron Santiago Campillo y su banda. Si el Rock te hace vibrar no dudes en acudir a verlo, no lo dejes para la otra vida.
Barrys en un momento de su actuación/ Fotografía: CSA l’Argilaga
Barrys, un grupo cercano, empático,con mensaje…y dos vocalistas
Tenía ganas de volver a ver en directo a Barrys, a quienes descubrí en la pasada edición del Albajam, un festival solidario que cada año recauda fondos para destinarlos a la Asociación Española Contra el Cáncer y se celebra en plenas fiestas de Alcañiz. Allí tuve el honor de compartir escenario con el monstruo de la comunicación Santi Herrera, capo del programa radiofónico “El cuartelillo”, y juntos fuimos presentando a las diferentes bandas que actuaron esa tarde noche. Una de esas bandas eran Barrys, cuya propuesta nos llamó la atención. Los grupos de rock con dos vocalistas femeninas al frente no es que abunden, y además su actuación nos dejó un gran sabor de boca.
El siempre activo y parlanchín Gori al bajo / Fotografía: CSA l’Argilaga
La nueva cita con la banda de La Puebla de Híjar fue en el CSA l’Argilaga de Massalió, ¿dónde si no? Allí pudimos compartir los momentos previos al concierto con el grupo. Su bajista Gori tenía muchas ganas de tocar, este culo inquieto metido en mil y un proyectos, entre otros por ejemplo, el grupo poético musical Poética Líquida, junto a Víctor Guiu y Javier Esteban. Tenía mucha prisa por empezar, ¿quería volver pronto a Híjar, su pueblo? Nada más lejos de la realidad, como podréis comprobar al final de esta crónica.
Barrys en l’Argilaga / Fotografía: CSA l’Argilaga
Barrys repitieron el mismo repertorio que en Alcañiz: unas cuantas versiones, intercaladas con temas propios de la banda, algunos se editarán en formato físico esperemos que en un futuro no muy lejano. Empezaron apostando a caballo ganador con el “I fought the law” de The Clash, y también comenzaron unos problemas en el micrófono de la vocalista Nidia. Por desgracia aparecieron ocasionalmente durante el concierto, hecho que nos privó de poder disfrutar plenamente de su voz y de la de su compañera Laia. A pesar de todo y siempre con una sonrisa en los labios, Barrys se metieron al público en el bolsillo.
Nidia, vocalista de Barrys / Fotografía: CSA l’Argilaga
De su cosecha nos dejaron canciones como “Mentiras”, “Peter Pan”, “Déjame vivir” o “Miedo”, que navegan entre el ska y el rock. Tengo mucha curiosidad por escuchar cómo sonarán en su estreno discográfico. De los temas de otros grupos que interpretaron, me hizo mucha ilusión escuchar el “Drain you” de Nirvana, un tema del que no suele ser habitual escuchar versiones y en el que Marcos se desquitó a la batería. Del que hay unas cuantas versiones es del tema “Beggin’”, pero Barrys eligieron la más actual y la más roquera, la que hiciesen hace casi una década los italianos Måneskin. Potentísima sonó “Celebrity skin” de Hole, y pudimos disfrutar de Laia y Nidia a pleno rendimiento. Después de la tempestad vino la calma con “Creep” de Radiohead, que Laia hizo suya, dándole otro tempo más calmado y emotivo que iguala la épica del original.
Laia, vocalista de Barrys / Fotografía: CSA l’Argilaga
Para la parte final se guardaron los clásicos, como el “Rebel rebel” del siempre añorado David Bowie, cuyo estribillo coreó el público, al igual que “Frío” de Alarma!!!, la única versión que hicieron en castellano. Barrys se guardaban su as en la manga, y mi canción favorita de su repertorio, “No más”, casi pensé que no iban a tocarla. Pero no podía faltar. No me hubiese importado volver a escucharla otra vez más.
Rafa, guitarra de Barrys /Fotografía: CSA l’Argilaga
Como broche final hicieron el “Rockin’ in the free world” de Neil Young, en el que disfrutamos del magnífico solo guitarrero de Rafa, al que enlazaron en su parte final la letra en castellano y rapeada que hicieron Riot Propaganda de este mismo tema. Toda una declaración de principios que nos muestra la esencia de Barrys, un grupo preocupado por los problemas que azotan a nuestra sociedad y que no se calla ante lo que consideran injusticias. Otra prueba de ello es su tema “3 Días”, que con sorna e ironía sirvió para cerrar la velada, y en el que Barrys nos describen un Teruel bastante parecido al que nos muestran los partidos políticos en plena campaña electoral, aunque ,claro, su mensaje es totalmente el contrario.
Marcos, batería de Barrys / Fotografía: l’Argilaga
La cercanía y el buen rollo de Barrys siguieron tras el concierto y allí se quedaron departiendo con el público. Incluso su bajista Gori, sí, el que tenía tantas ganas de empezar el concierto cuanto antes, se volvió a subir al escenario y armado de su bajo nos obsequió con un par de temas para que los cantase todo el mundo. Seguro que esa noche fue el último en llegar a casa.
Los Bien Bien durante su actuación en La Barraca / Fotografía: Emma Mallén Celma
El divertido guateque sideral de Los Bien Bien
El mejor antídoto para sacudirte el frío invernal, desentumecer los músculos y tu cerebro tan nebuloso y gris como el tiempo que nos acompaña, lo tiene el “Dr. Amor”. Este médico no te va a recetar pastillas, su terapia consiste en enviarte directamente al electrochoque que te va a aplicar la banda zaragozana Los Bien Bien en cualquiera de sus bolos. ¡Mano de santo,oiga! Así que no es de extrañar que los maños abriesen el concierto con la canción dedicada a su galeno favorito.
La terapia de choque fue en la coqueta y acogedora sala La Barraca de Queretes. Por si fuera poco, su anfitrión, el ínclito Fernando Mallén, agitador cultural del Matarranya desde hace ya unos cuantos lustros, aplacó mi vacío estómago con un espectacular bocadillo de chorizo a la brasa que había sobrado en la celebración de las hogueras que habían tenido lugar por la tarde. Que San Antón bendiga de mi parte a la persona que encargó el bocadillo y no acudió al calor de la lumbre.
De izda a dcha: Coco (bajo y coros), Ramón (batería), Carlos (voz y guitarra) y Alphon (guitarra y coros) / Fotografía: Dani Sancet
Con el estómago lleno todo se ve de otra manera. Si además la música acompaña, nada puede torcer una gran noche de sábado. LosBien Bien hicieron honor a su nombre, nos lo hicieron pasar ídem al cuadrado al público congregado, y convirtieron el espacio de La Barraca en un singular guateque sideral en el que era imposible dejar de menear el bullarengue.
Su receta consiste en sacudir al público espasmódicamente al ritmo de garage clásico, salpicado de coros surferos, destellos ramonianos y toques de rock elegante de los ochenta. Sus canciones nos conducen por algunas de sus filias: películas y series de TV, la juerga y el desenfreno, sus gustos musicales (muy eclécticos, por cierto) y también denotan una misantropía palpable. No hay más que leer el título que le han dado a su flamante primer disco, El futuro…¿era esto?
Temas movidos y coreables como “Massiel”, en los que ya nos avisaban de que iba a ser un día especial o la espídica “Weissmüller», sacudieron de lo lindo al personal. Con “Arena», su último sencillo, Los Bien Bien abren su abanico de influencias hacia el indie más actual. Es una gran canción que cuenta con unas magníficas guitarras deudoras de los mejores Pixies.
Llegaron también homenajes a algunos de sus héroes musicales, que por supuesto también son los nuestros: Lou Reed, The Cramps, Ramones, Chris Montez, de quien tocaron su legendario “Let’s dance”, pero en la versión adaptada que hiciesen en su día Parchís, como orgullosos representantes de la generación de la E.G.B. seguro que sabéis de cual estoy hablando. La fiesta y el desbarre continuaron con la “Conga Georgie Dann», otro héroe al que jamás podremos agradecer su aportación para el bienestar de la humanidad.
Para el tramo final tuvimos que abrocharnos bien los cinturones. Temazos tan divertidos y pegadizos como el genial “Feliz”, o los vibrantes viajes interestelares de “Astronauta” y “Marciana” con teremín artesanal incluido, nos hicieron gravitar hasta galaxias recónditas. En la última canción Los Bien Bien se pusieron intelectuales, no todo van a ser comics y películas de terror de serie B. Nos deleitaron con “La espuma de los días”, aunque yo no tengo tan claro si se leyeron la novela, o simplemente vieron la película de Michel Gondry, cosa que tampoco estaría mal, por cierto. ¡Larga vida a Los Bien Bien!
La típica tarde invernal de un sábado con sus buenas dosis de frío, niebla y lluvia no invitaba a mucho más que quedarse frente al televisor y cruzar los dedos para que la película elegida no acabase muy por debajo de tus expectativas. Por suerte, nuestros amigos de l’Argilaga están siempre que los necesitas y habían programado la actuación de la andorrana Layla Añil. Nos lo pusieron en bandeja, no hay duda, qué mejor plan que acudir a Massalió a disfrutar de música en directo.
Layla Añil volvió (aunque no para cerrar el círculo) a la población en la que tuvo su bautismo musical allá por el 2021, en plena pandemia. Casi un lustro después, sigue transitando la vida por medio de sus canciones, cosa de la cual nos alegramos. La artista agradeció de corazón a l’Argilaga la oportunidad que le dio en su día y la que sigue ofreciendo este centro social autogestionado a otros muchos artistas en el presente.
Layla y Guillermo / Fotografía: CSA l’Argilaga
Su propuesta musical evidencia algunas de sus influencias. Creo que no ando muy desencaminado si digo que en su adolescencia se ponía a todas horas CDs de La Oreja de Van Gogh, Ella Baila Sola, Amaral y alguno de Silvio Rodriguez,Bob Dylan, o Joaquín Sabina, que cogía prestados a sus padres.
En formato cuasi acústico, acompañada al piano por su tímido compañero Guillermo, Layla Añil, a lomos de su guitarra, comenzó llevándonos a su refugio, el de sus canciones, el de las historias y vivencias que han ido ilustrando su vida, algunas de las cuales, compartidas por los allí presentes
Guillermo, teclista de Layla Añil / Fotografía: CSA l’Argilaga
Candorosomente, con una mezcla de cariño, dulzura y, por qué no decirlo, demasiada humildad y modestia, fue presentando su propuesta musical, en la que incluso pidió perdón por no hacer ninguna versión. Ni falta que hizo. Sus temas, algunos más melancólicos y reflexivos como el inicial “Un refugio”, o nostálgicos como “Pies de ciudad”, en los que recordaba su vida en el pueblo, mantienen siempre pinceladas de su dulce y cálida voz.
Su repertorio estuvo nutrido principalmente por canciones de hasta ahora el único disco en su haber Mi alrededor, editado en 2020, del que destacaría el tema homónimo de sabor country, el más electrónico “Tiempos líquidos” o ese himno feminista titulado irónicamente “Muerte a la mujer moderna”.
Layla Añil al completo / Fotografía: CSA l’Argilaga
Por supuesto, también nos ofreció temas posteriores que ha ido grabando desde entonces y que puedes encontrar en las redes de la artista. Hablamos de canciones en las que se puede apreciar su evolución como compositora y letrista. Las chispeantes e irónicas “El andén de tus manías” y “No me gusta esta fiesta” contrastan con la belleza poética y la profundidad de temas como “Cuando vengan a por mí”, la única canción de amor que ha escrito según la propia Layla Añil, o “Ratones y herejías”, una oda a los tiempos de juventud.
Pidiéndonos perdón por el tiempo robado, Layla Añil se despidió hasta otra nueva ocasión. Seguro que en la próxima tendrá que hacer hueco en su maleta para poder meter las nuevas canciones que va originando su fluir por el cauce de la vida.