PELÍCULA RECOMENDADA (Artículo incluido en la publicación Compromiso y Cultura)
La voz de Hind Kaouther Ben Hania (2025) – Túnez
La voz de Hind es la voz desgarradora de un pueblo masacrado. Basada en hechos reales, la película es un grito al vacío que intenta agitar conciencias en el mundo occidental, el mismo mundo que mira impasiblemente la masacre del pueblo palestino en vivo y en directo por TV.
Avalada por la crítica (Premio del Gran Jurado del Festival de Venecia) y por los espectadores (Premio del Público del Festival de San Sebastián), La voz de Hind llega a las pantallas de los cines para convertirse en la enésima denuncia al genocidio contra el estado palestino.
El 29 de enero de 2024, los voluntarios de la Media Luna Roja reciben una llamada de emergencia desde Gaza. Una niña de seis años llamada Hind suplica ayuda desde el interior de un coche en pleno ataque de las tropas israelíes. Los voluntarios intentarán por todos los medios mantener el contacto y enviar una ambulancia para rescatar a Hind. Todas las llamadas y conversaciones quedaron grabadas.
Hind Rajab / Fotografía: BBC
La directora tunecina Kaouther Ben Hania utilizó estas grabaciones telefónicas para combinarlas con las imágenes de los actores que ponen cara a los voluntarios de la Media Luna Roja en la película. Este recurso ya utilizado en su falso documental Las cuatro hijas (2023) lo vuelve a emplear, y por desgracia los resultados siguen siendo desiguales. Me explico: en mi opinión esa especie de subtrama que crea entre los voluntarios que trabajan en esa sede de la Media Luna Roja, y que en ocasiones llega al histrionismo más exacerbado, no aporta nada a una situación ya de por sí, límite, como es la llamada desesperada de Hind.
Kaouther Ben Hania recogiendo el León de Plata del Festival de Venecia / Fotografía: Vogue Arabia
El verdadero valor de La voz de Hind es el de crear este testimonio visual de una simple noticia que aparece de refilón en el telediario mientras comemos, y que desaparece inmediatamente de nuestra cabeza antes de llegar siquiera al siguiente plato. Son noticias que se repiten día tras día y que normalizamos con toda la naturalidad del mundo. Que pasen a la siguiente catástrofe, o mejor aún, a la sección de deportes.
Aparte de la siempre necesaria denuncia social en el cine, la película destaca por su montaje, en ese aspecto, nada que objetar. Al contrario, es uno de los puntos fuertes del filme y consigue que el mensaje final llegue a donde no llegan las noticias de los telediarios, a nuestra conciencia. Sólo en los dos últimos años han muerto más de 70.000 palestinos en esta masacre televisada, mientras nuestros mandatarios no hacen nada por parar este genocidio. Genocidio, curiosamente perpetrado por un pueblo que hace ocho décadas estaba sufriéndolo en sus carnes.Angustia, dolor, miedo, impotencia,crispación, rabia, ternura, empatía…, estas son algunas de las sensaciones que sentirás si ves La voz de Hind. Ojalá pudiera cambiarlas por otras como: esperanza, paz, reparación, memoria, justicia…
Volviendo al, para mí, grave error de la película, si la directora quería hacer un thriller de esta escalofriante historia real, le ha salido rana. Debería haber tomado nota de filmes como The Guilty (2018), o Locke (2013), donde lo importante está en lo que no se ve (la llamada). Sobran desarrollar artificiosos conflictos personales que desvirtúan el auténtico valor de esta película, la veracidad de las grabaciones y los hechos acaecidos en Gaza.
PELÍCULA RECOMENDADA (Artículo incluido en la publicación Compromiso y Cultura)
La acusación Teddy Lussi-Modeste (2024) – Francia
De entre la maraña habitual de comedias intrascendentes, al cine galo a veces se le escapa alguna que otra película interesante. Es el caso de La acusación, que si bien no es una obra maestra, mantiene al espectador en estado de alerta y además dura lo estrictamente necesario, algo inaudito en los filmes de hoy en día, que a veces se alargan hasta límites insospechados.
A pesar de que el argumento de La acusación está muy manido en el mundo del celuloide, la historia de Julien, el profesor, transmite la inquietante realidad del estado actual de la enseñanza. Qué lejos quedó aquello de «la letra con sangre entra», por suerte, claro, pero ni tanto ni tan calvo.
El joven profesor de literatura Julien es acusado de conducta sexual inadecuada por Leslie, una alumna de su clase. Lejos de arreglarse, la situación se irá complicando peligrosamente. El director del centro, los profesores, los alumnos, los familiares de Leslie, la propia pareja de Julien, reaccionarán ante la denuncia de maneras muy diversas.
Lo mejor de la película es que el director no deja ningún cabo suelto, el espectador hace honor a su nombre y observa exactamente lo que ha ido sucediendo en todo momento. La ansiedad y la angustia que sienten Leslie y Julien planean durante todo el filme. Y la delgada línea que hay entre no poner en duda el testimonio de la denunciante, y la presunción de inocencia del denunciado, surca en varios momentos el borde del abismo.
La acusación pone en la palestra la difícil situación del profesorado, que ha ido perdiendo posiciones en su propio trabajo, hasta sentirse prácticamente a merced de los alumnos. La presión, desprotección e indefensión a las que se ven sometidos son quizás proporcionales al aumento de la escasez de docentes en los centros educativos. Con el ambiente que se respira actualmente en muchas aulas, es evidente que incluso el profesor vocacional pierda la esperanza en la enseñanza.
Es complicada también la convivencia para el alumnado de estas nuevas generaciones, con bastantes casos de hiperactividad, ansiedad, trastornos alimentarios, depresiones… Se han criado entre pantallas táctiles, el Tik Tok, las bebidas energéticas y lo que yo llamo «la enfermedad del youtuber», creo que me entendéis. El acoso escolar está a la orden del día, a veces por medios más sofisticados y difíciles de detectar que los de antaño. La falta de respeto hacia el profesorado, no sólo por parte de los alumnos sino incluso de sus familiares, el silencio administrativo de las jefaturas de los centros y el cada vez más bajo rendimiento académico, no auguran un futuro muy halagüeño en el mundo de la enseñanza, por lo menos a corto plazo.
Quizás La acusación no entre de lleno en el meollo de la cuestión, quizás alguna situación pueda parecer un pelín forzada, quizás el mejor actor con diferencia del reparto, François Civil, que hace el papel de Julien, sea demasiado guapo como para no haber roto ningún corazón entre su alumnado, y quizás le sobre a la película el añadido final. Pero el caso es que Teddy Lussi-Modeste, el director, es profesor en los suburbios del norte de París y sufrió una denuncia por parte de una alumna, esta es la película que ha hecho para contar su experiencia.
PELÍCULA RECOMENDADA (Artículo incluido en la publicación Compromiso y Cultura)
The apprentice Ali Abbasi (2024) – Canadá
Soy un amante del cine, de la música, de la historia en general, y de las biografías en particular, así que siempre me he sentido atraído por los biopics, que tanto juego dan al mundo cinematográfico. Aunque en los últimos años me da bastante pereza aproximarme a ellos, ya que en la mayoría de las ocasiones son producciones mediocres que no aportan nada nuevo sobre el personaje, e incluso carecen del rigor histórico necesario para ser consideradas medianamente dignas de ver. No es el caso de The Apprentice, la película que os recomiendo en esta ocasión, que además de reunir los ingredientes óptimos para cocinar un buen biopic, cuenta con la dinámica realización de su todoterreno director, el iraní Ali Abbasi.
Es difícil etiquetar o encasillar a este excepcional director. Los cuatro largometrajes que lleva en su haber no tienen nada que ver entre sí, ni en concepto, género, o estética. Su carrera cinematográfica comenzó con Shelley (2016), un intrigante drama de terror. La siguiente, Border (2018), una sobrenatural historia de tintes paranormales, le llevó al reconocimiento de la crítica y el descubrimiento de los cinéfilos. Para su tercer trabajo Holy Spider (2022), cambió totalmente de registro y embarcó al espectador en un peligroso thriller, a la búsqueda de un asesino en serie por las calles de una gran ciudad iraní. Su última incursión en el cine ha sido The Apprentice, un biopic sobre los años iniciáticos de nada más y nada menos que… ¡Donald Trump!
Me acerqué a The Apprentice con la seguridad de que el filme iba a estar magnificamente realizado, pero con las dudas razonables sobre cómo se podía tratar para el cine el explosivo material del que está trufada la controvertida existencia del mandatario norteamericano. Afortunadamente, la película superó ampliamente mis expectativas.
Se podrían hacer miles de películas sobre Donald Trump, desde todos los diferentes puntos de vista políticos, pero está claro que la realidad supera la ficción de todo lo que nos puedan contar sobre el inefable personaje.
En The Apprentice quizás no te sorprenda nada de lo que veas, en ocasiones incluso te parecerá que el filme se queda corto. Pero me parece una acertada visión de la génesis del fenómeno «trumpista», que, con tres conceptos básicos, llegó primero a la cima del poder económico y después a la del poder político, aunque desgraciadamente para el ciudadano de a pie, ambas esferas están indisolublemente unidas.
Utilizando gran cantidad de material de archivo, investigaciones periodísticas hechas para preparar la película y una fotografía granulada que imita a las imágenes de los años 70, Ali Abbasi nos muestra la decadente Nueva York, llena de pobreza, corrupción, drogas y, poco tiempo más tarde, la aparición del SIDA. Lo único que echo en falta, aunque la banda sonora sea notable, es una canción del cronista neoyorquino por excelencia, el legendario Lou Reed.
A pesar de que la película sigue la trayectoria de un barbilampiño Donald Trump, bien podría haber versado sobre el abogado Roy Cohn, que es el verdadero artífice de que este botarate de pelo rubio anaranjado maneje (con permiso de China) los designios de este horrible mundo en que vivimos. De hecho, si te quedas con ganas de más Roy Cohn (lo dudo), tienes varios documentales e incluso una serie que abordan su ignominiosa existencia.
No os quiero contar más, os invito a que asistáis boquiabiertos a la ascensión a la fama y al poder (tanto monta, monta tanto) de este controvertido personaje, que por desgracia no es de ficción. Así que ya sabes, si quieres triunfar en la vida, ataca, niega y nunca admitas una derrota.
PELÍCULA RECOMENDADA (Artículo incluido en la publicación Compromiso y Cultura)
Dream scenario Kristoffer Borgli (2023) – Estados Unidos
La original, disparatada y satírica distopía de la película Dream Scenario.
Sinceramente, mis expectativas al comenzar el visionado de la película no eran muy altas. El mal llamado cine independiente americano (podría hacer un símil con la reiterativa definición de «indie español» a los grupos actuales de pop estatal) en escasas ocasiones me ha parecido interesante. Esta engañosa etiqueta, que habla de filmes de bajo presupuesto alejados del circuito comercial, engloba en realidad proyectos con medios económicos y una distribución potente. Nos intentan vender un formato de cine fresco y joven, pero el mensaje que subyace en muchos de estos títulos etiquetados como independientes sigue siendo el mismo discurso moralista, vacío y autocomplaciente que rige en las grandes producciones del cine americano desde hace ya demasiados años. Para acabar de rizar el rizo, el protagonista de Dream Scenario, la película que os quiero recomendar en esta ocasión, es el inefable Nicholas Cage, quien, salvo en contadas ocasiones, nunca ha sido santo de mi devoción.
El verdadero impulso que me llevó a darle una oportunidad a Dream Scenario fue su original y disparatado argumento: la vida de Paul Matthews, un anodino profesor universitario de biología evolutiva, da un giro radical cuando empieza a aparecerse en los sueños de muchas personas. A partir de ese momento su monótona vida cambiará para siempre.
Ya desde el primer momento te das cuenta de que la película es original no sólo en el argumento, sino en el enfoque y en la habilidad que tiene para manejarse entre diferentes géneros cinematográficos con una facilidad pasmosa. De comienzo, ya parece que estemos ante una película de terror o suspense, y no es nada extraño, ya que uno de los productores del filme es nada más y nada menos que Ari Aster, director entre otras de Hereditary (2018) y Midsommar (2019), que se entusiasmó con el guion y arriesgó su dinero en este proyecto. Pero no os equivoquéis, Dream Scenario no es una película de terror, y, aunque se den situaciones cómicas, tampoco es una comedia. Para que os hagáis una idea, podríamos estar hablando de un drama distópico-satírico, si es que se me permite la expresión.
Me sorprendieron también las evidentes denuncias a la sociedad en la que vivimos, lanzadas a diestro y siniestro en Dream Scenario. Realmente no parece una película americana. Y claro, después de verla me informé, y resulta que el director y guionista del filme es un joven noruego llamado Kristoffer Borgli, del que, casualmente, pocas semanas antes había visto un título suyo llamado Sick Of Myself (2022) otra impactante película, que como Dream Scenario critica ferozmente la obsesión que existe hoy en día por nuestra imagen y protagonismo. Evidentemente, la mirada del director escandinavo da un toque muy diferente a esta producción «independiente» americana.
Como bien dijo Calderon de la Barca «Los sueños, sueños son», y son esos sueños los que van a provocar que una persona honesta como Paul Matthews, el típico ciudadano ejemplar, se vea influenciado en su personalidad cuando se dé cuenta de cómo cambia la percepción de su persona en los demás. Nicholas Cage está quizás en uno de sus registros más comedidos y a la vez creíbles de su carrera, para el que incluso fue nominado a los Globos de Oro, en reconocimiento a la caracterización tan notable que hizo en su papel de Paul Matthews.
El poder devastador de las redes sociales, la hipocresía de nuestra sociedad, el capitalismo llevado al extremo, la cultura de la cancelación, los videos virales, las fake news, incluso la estrecha relación entre nuestros temores, frustraciones, deseos… y nuestros sueños, son algunos de los aspectos tratados en el filme, con un humor bastante negro a veces, y algunos toques surrealistas. La genial idea de Dream Scenario se ve desdibujada en su tramo final por un giro de guion que no era para nada necesario. En fin, ese debe ser el ineludible peaje a pasar si tienes que sacar adelante tu proyecto en la industria americana.
PELÍCULA RECOMENDADA (Artículo incluido en la publicación Compromiso y Cultura)
Simón de la montaña Federico Luis Tachella (2024) – Argentina
Descubrí esta película hace unos días, en la vigésima edición del Buñuel Calanda International Film Fest. Junto a las ruinas del Castillo de Calanda, en una calurosa noche de verano, bajo un constelado y brillante cielo en el que, cual varita mágica, surgían intermitentes algunas estrellas fugaces, comenzó a proyectarse el vendaval cinematográfico de Simón de la montaña.
Y es que, la ópera prima del director argentino Federico Luis Tachella comienza con y cómo un huracán, y una vez dentro es imposible salir. En ella nos cuenta los avatares de Simón, un joven que no está cómodo ni con su familia, ni en un mundo que no parece diseñado para él. Pero encuentra a Pehuén, un discapacitado con el que hace amistad y del que ya no quiere separarse.
El leitmotiv del festival calandino es el de «las películas que hubiera querido ver Buñuel«, así que, por supuesto, todos los filmes que se proyectan tienen que ver con el legado del director bajo aragonés. En esta ocasión, ya sólo por el título, que hace clara referencia a Simón del desierto (1965), la obra de Tachella parece estar destinada a incluirse en este certamen. Pero es que nada más comenzar, un elemento arquitectónico en el que se desarrolla la acción nos retrotrae al pedestal sobre el que el asceta Simón hacía penitencia en el desierto. Curiosamente, el propio director, en el coloquio que se hizo después de la proyección desarmó mi teoría. Aunque reconoció el innegable influjo de Buñuel en su película, explicó que utilizó el lugar de la curiosa estatua porque era mucho más económico que rodar esa escena en una montaña. Así que del ingenio y la practicidad surgió una casualidad que engarza con uno de los títulos de culto de la filmografía del de Calanda.
El estilo de dirección de Federico Luis Tachella, de vertiginosos movimientos cámara en mano, me recuerda en ocasiones, al cine de los hermanos Dardenne. Pero, para mí, el auténtico acierto del argentino es el enfoque nada condescendiente que da a su filme. La naturalidad con la que rueda las escenas dejando a los nóveles, que no discapacitados, actores (como bien remarcó el director al finalizar la película), expresarse en cada situación requerida, le da un poso de autenticidad y verosimilitud a las situaciones que se van desarrollando a lo largo de la trama.
Federico Luis tiene experiencia previa como director de teatro de discapacitados, y esa experiencia le ha servido para darse cuenta de que nosotros mismos estamos llenos de imperfecciones, y quizás no sepamos valorar que desde la imperfección se puede vivir una vida plena. En Simón de la montaña nos muestra a estas PERSONAS que simplemente quieren vivir la vida como el resto, pero que nuestros propios prejuicios, tabúes, e ideas preconcebidas impidan que puedan hacerlo. El único actor profesional del filme es Lorenzo Ferro, magnífico en la interpretación de Simón, con el que el director tuvo que trabajar arduamente su papel. Los debutantes e «imperfectos» actores, al contrario, hicieron fácil el rodaje al equipo como resalté anteriormente. De hecho, la relación entre Federico Luis y Pehuén Pedre, uno de sus alumnos en la vida real y otro de los protagonistas del filme, fue el origen de esta notable película.
Después de ver Simón de la montaña me viene a la cabeza la exitosa, pero en mi opinión, desaprovechada película Campeones, de un director que me encanta, Javier Fesser, quien perdió una gran oportunidad de mostrarnos la realidad de las personas con discapacidad y se quedó tan sólo en la superficie. Las dos películas, tratando del mismo tema, son antagónicas, y es esa mirada tan humana que consigue mostrarnos Tachella desde la singular idiosincrasia de las personas con dificultades, la que me conmueve y me reafirma en el necesario papel, no sólo cultural y artístico, que tiene el cine en la sociedad. En definitiva, Simón de la montaña es una magistral, atípica, humana y desprejuiciada mirada sobre la discapacidad y el rechazo a lo diferente.
PELÍCULA RECOMENDADA (Artículo incluido en la publicación Compromiso y Cultura)
Sirât Oliver Laxe (2025) – España
Antes de comenzar esta reseña, debo de ser sincero. A pesar de mi amor por la música, desconozco por completo el movimiento rave. Tengo que advertir que tal ignorancia está causada por el rechazo irracional que me ocasiona ese tipo de música. Ya que, lejos de liberar mis sentidos como hacen otro tipos de géneros musicales, me produce el efecto contrario, es más, me transmite agobio y malas vibraciones.
Dicho esto, y a sabiendas del argumento de Sirât, decidí acudir a la sala de cine y aguantar el chaparrón rave sólo porque el director de esa improvisada fiesta de música electrónica era Oliver Laxe. Y es que sus dos obras precedentes: Mimosas (2016) y O que arde (2019) significaron un soplo de aire fresco para las nuevas generaciones del cine europeo.
En Sirât, Oliver Laxe confirma que continúa en línea ascendente. Sigue agitando conciencias y lo hace de una manera muy particular. El argumento de la película no importa, los personajes apenas se desarrollan, pero esto no es óbice para que el director se saque de la manga una desoladora road movie, que os aseguro va a convertirse en una película de culto.
Sirât está llena de metáforas, de símbolos, de alegorías, de mensajes, de ideas, que Oliver Laxe lanza con crudeza al espectador. Es una película que, para bien o para mal, no deja indiferente a nadie. Su punto de partida es una fiesta rave en el desierto de Marruecos, (en la realidad, la Rambla Barrachina en Teruel), donde llegan un hombre y su hijo adolescente. Buscan a Mar, su hija mayor, que lleva cinco meses desaparecida.
En el contexto islámico, As-Sirât es el puente que se extiende sobre el infierno y conduce al paraíso. Ese puente quizás simbolice la búsqueda de la felicidad intrínseca en el ser humano. Los personajes de Sirât tienen en la búsqueda ese nexo común. Por una parte, Luis y su hijo Esteban buscan a Mar, pero el padre también intenta entender qué buscaba su hija en esas raves. Por otra parte, los raveros persiguen la felicidad a través de la música y de sus propias reglas, ya que no quieren aceptar las normas impuestas por la sociedad.
Sirât refleja el hedonismo del primer mundo. Que se mira el ombligo, mientras hace oídos sordos a los gritos de desesperación de los ciudadanos de segunda a los que previamente ha robado y después ha dejado abandonados a su suerte. Como se dice en un momento de la película «el fin del mundo hace años que ha llegado», la distopía ya es una realidad. Eso es lo que parece querer remarcar el filme, en un mundo inhóspito donde el petróleo sigue siendo fundamental, y el estado de excepción ha pasado a ser el estado habitual.
La película evoca ese mundo apocalíptico de filmes como Mad Max, la desesperación, el miedo a la muerte y la precariedad de El salario del miedo, o la tensión de Land of mine. Incluso hay un pequeño guiño a Freaks (La parada de los monstruos), en la camiseta que lleva uno de los raveros, y en ese pequeño circo ambulante que parecen formar. Todo ello está reforzado por una sobrecogedora fotografía de una belleza hipnótica, y, por supuesto la mística y sensorial música que acompaña a los raveros en ese viaje hacia ninguna parte y que se va tornando cada vez más amenazadora.
Si exceptuamos a Sergi López que hace el papel de padre, y al joven Bruno Ñúñez que es el hijo, los demás personajes son raveros franceses auténticos, no son actores profesionales. Hacen un digno trabajo con sus personajes, que como ya he dicho antes, tampoco tienen mucha profundidad. Lo importante, como queda suficientemente claro, es el mensaje. Los innumerables símbolos que vemos, como por ejemplo los bafles, elemento muy importante de la película, nos van guiando por el largo y desconocido camino. Por ejemplo, el símil que se hace con la imagen televisiva de La Meca es magistral.
Pero no os quiero, ni puedo contar más, espero que vayáis a ver Sirât sin haber leído nada de ella, que no os hagan spoiler. Simplemente agarraos fuerte a la butaca, porque este intenso y sensorial viaje de búsqueda va a ser de una magnitud extraordinaria.