CRITICA DE PELICULA

DISCO RECOMENDADO: Parachokes / Provocar (Hispavox – 1992)

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Como hice en el programa anterior, voy a volver a recomendar un disco de esos que se te queda marcado en tu juventud. No sé si a muchos/as de vosotros/as os parecerá gran cosa, pero no sé por qué motivo, cada vez que lo vuelvo a escuchar, sus canciones me siguen llegando muy adentro. Se trata del grupo sevillano Parachokes, que comenzaron su andadura allá por el año 1989, cuando ninguno de ellos superaba los …¡15 años de edad! El disco que recomendamos hoy es su segundo álbum, que se editó en 1992, se tituló Provocar, y fue el último de la carrera discográfica del joven grupo, ya que lo dejarían un año después por problemas personales de dos de sus integrantes.

El disco fue producido por Paco Trinidad, un habitual en las grabaciones de gran parte de las formaciones más importantes del Pop Rock español. El sonido del disco es limpio y potente, y la verdad es que sigue sonando maravillosamente bien. El comienzo es arrollador con el tema Ruido de llaves. Unos duros riffs de guitarra a cargo de Ramón Arias y la garra vocal de David Zapata te enganchan desde el comienzo. Al igual que la letra del estribillo, con la que la mayoría de los mortales nos identificamos: ¡Los chicos sin dinero no pueden ligar! Sí, ya sé que te recuerdan mucho a Los Ronaldos, pero es que el timbre vocal de David Zapata es muy similar al de Coque Malla, y musicalmente las influencias de las dos bandas parten de las mismas raíces, ¡el Rock and Roll!

El segundo tema se llama Provocar, da título al disco, y es un Rock and Roll que me recuerda musicalmente a Tequila, y por supuesto a los Rolling Stones (esa guitarra suena igual que la de Keith Richards). La canción habla de una chica explosiva que va provocando al personal mientas se exhibe por la calle, como un sueño inalcanzable para casi todos. El siguiente tema, Sin amor, trata más o menos de lo mismo, es más tranquilo y tiene un aire más Pop, pero sigue sonando de maravilla a día de hoy.

Vuelve la potencia con el tema Camino despacio, donde retumba la batería de Carlos Pérez, en un tema que sigue los mismos derroteros que la canción que abre el disco, Ruido de llaves. El single que sacó la compañía para presentar el disco fue De todo un poco, un tema en que buena parte del peso lo lleva el bajo de Hugo Zapata y los robustos riffs de guitarras que rugen antes del pegadizo estribillo. Este fue sin duda el tema más escuchado en la radio-formula por aquél entonces.

Después llega la calma con la balada del disco, Entre rejas, en la que suena también el piano. La canción narra la desesperación de un preso enamorado, que no puede ver a su chica. Pero vuelve el Rock y la velocidad con el tema La crónica urbana, uno de mis favoritos del álbum, que sigue con esa tónica rocanrolera utilizando patrones parecidos a los temas anteriores. Quizás la única canción que no guarda semejanzas con sus compañeras sea Bajo una palmera, que es un Reggae en toda regla y que precede a otro de mis temas favoritos, Piérdete, una pegadiza canción en clave Pop. El disco se cierra con Sueño contigo, el único tema en el que David Zapata no canta en solitario, y al igual que la anterior canción es de estilo popero y melodía fácil.

En definitiva, tienes ante ti un disco de fácil escucha, ideal para ponértelo un sábado por la tarde antes de salir de fiesta. El único pero, la portada, en la que por la forma que está diseñada, parece orientada a quinceañeras que todavía siguen viviendo en la edad del pavo. Una pena que el grupo no siguiese adelante, aunque últimamente se habla de una reaparición de Parachokes, pero con algún cambio en el grupo. Esperemos poder verlos algún día en directo.

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Urchin (2025) – Harris Dickinson

PELÍCULA RECOMENDADA (Artículo incluido en la publicación Compromiso y Cultura)

Urchin
Harris Dickinson (2025) – Reino Unido

La vida que mala es

Urchin, la interesante ópera prima de Harris Dickinson que cabalga entre la marginalidad, la autodestrucción y la reinserción social.

No sé si os habrá ocurrido a vosotros, pero en mi caso, una de las cosas que más me llamó la atención y que me hizo reflexionar mientras visitaba Londres, fue la gran cantidad de gente joven que malvive en sus calles. Recuerdo una fría mañana otoñal, en la que una repentina tromba de agua cayó sin remisión sobre los sin techo que “pernoctaban” sobre el duro asfalto. Los cartones y las mantas que utilizaban para protegerse del frío les fueron de poca utilidad. Sorprendidos por la rapidez y la virulencia de la tormenta, recogieron a toda prisa sus pocas pertenencias, y corrieron raudos y veloces a buscar un lugar resguardado para huir de la intemperie. Pues bien, de esas personas caladas hasta los huesos, una cantidad bastante importante eran jóvenes. Así que me dio por pensar en cómo la vida los había llevado a ese punto tan extremo, de abandonarse de tal manera a sí mismos.


Urchin, la película que os propongo en esta ocasión, puede ser una pequeña pincelada, un ejemplo de una de esas vidas, que nos muestra con sinceridad y sin tapujos esta inquietante y triste realidad. Se trata de la ópera prima del joven actor Harris Dickinson, a quien quizás pongáis cara por haber sido el protagonista de El triángulo de la tristeza. En este primer paso en el mundo de la dirección, no se ha andado por las ramas, dejándonos un buen trabajo de cine comprometido y realista que entronca con la obra de grandes directores británicos del género, como Ken Loach, Mike Leigh o Karel Reisz.


Urchin nos cuenta las vicisitudes de Mike, un joven que vagabundea por las calles de Londres intentando sobrevivir en el día a día. Conseguir un poco de dinero para poder comer, y pillar algo que le ayude a soportar esa situación y calmar sus demonios personales, son sus objetivos fundamentales. Se debate entre la marginalidad y la búsqueda de un pequeño rayo de esperanza, una oportunidad que le permita tener un techo.


Con estas premisas, su director nos presenta, sin juzgar en ningún momento, a Mike, el protagonista y a los diferentes personajes que van apareciendo en su vida. Cómo ha llegado a esa situación se puede ir vislumbrando en diferentes momentos del filme. Esas escenas son visuales alegorías que remiten al cine de Jonathan Glazer, otro de los ilustres del celuloide británico actual. Pero el camino que le ha llevado a ese punto, aunque sea relevante, no importa. Metido de lleno en esa situación, Mike tiene que lidiar con su psique e intentar controlar el volante de su vida, si es que alguna vez lo pudo hacer. Para ello tendrá que aprovechar las oportunidades que le puede aportar la sociedad, las instituciones,las ONG, o personas como tú y como yo, que podemos aportar nuestro granito de arena.

Las dificultades de reinserción en la sociedad son mutuas, tal como podrás comprobar viendo la película. Es tan difícil para Mike intentar adaptarse a ella, como lo es para las instituciones o las personas aceptar de nuevo en ella a individuos problemáticos e inadaptados. Quizás los medios no sean suficientes, o en algunos casos ni los más adecuados. El caso es que la sensación que queda después de ver la gran actuación de Frank Dillane en el papel de Mike es la de la inmensa soledad que lo rodea. También me gustaría destacar la labor como actriz secundaria de Megan Northam, que aparece en el tramo final de la película y en mi opinión, se merienda con patatas al bueno de Frank Dillane. Perfectamente se podría hacer otra película de su personaje, yo me quedé con las ganas.
Después de ver Urchin, el pensamiento que me viene a la cabeza es que, si a uno de nosotros, que digamos, hemos tenido una existencia entre comillas “normal”, a veces la vida se nos hace bola. Imaginaos lo difícil que puede ser para personas que han tenido unos inicios personales traumáticos, intentar reencauzar su vida desde una base tan inestable. Reflexión y empatía son fundamentales para comprender el acto extremo de degradación que lleva a una persona a deshumanizarse y abandonarse por completo. Conciéncemonos.

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Train Dreams (2025) – Clint Bentley


PELÍCULA RECOMENDADA (Artículo incluido en la publicación Compromiso y Cultura)

Train Dreams
Clint Bentley (2025) – Estados Unidos

Vidas pequeñas, grandes películas

Train Dreams, el discurrir del siglo XX visto desde el tajo.

Casi coincidiendo con la remisión de la pandemia, la plataforma digital Netflix inició su inexorable declive. Malas decisiones, cambios en la dirección de programación y una nueva visión comercial en la que se apostó más por la cantidad de contenido que por su calidad, fueron las principales causas de un importante número de bajas de suscriptores. Desde entonces, y salvo muy contadas excepciones, no albergo muchas esperanzas en los nuevos lanzamientos producidos por la empresa estadounidense.

Pero hete aquí, que en mi rutinaria mirada semanal a los estrenos de la plataforma, hallé un diamante en la basura. Entre comedias sin chicha para adolescentes, series cursis con aroma a culebrón y olvidables thrillers de acción, encontré una producción de la casa con un espíritu totalmente opuesto a las propuestas anteriormente mencionadas. Sin alharacas, ni grandes titulares, Netflix presentaba Train Dreams, una película sobre la vida de un leñador que trabajaba en la construcción del ferrocarril en la América de principios del siglo XX.

La escueta sinopsis me dejó intrigado y mi segunda pesquisa fue obtener información de su director. Descubrí con sorpresa que el artífice de este filme es Clint Bentley, quien ya me sorprendiera gratamente con su ópera prima y hasta ahora única película El jockey (2021). Estas premisas fueron suficientes para que, excepcionalmente y durante los próximos 100 minutos, entregase mi alma a Netflix. La decisión no pudo ser más acertada.

Os aconsejo que, para disfrutar de Train Dreams, reservéis, si no es mucho pedir, un hueco en vuestra ajetreada y acelerada existencia, os bajéis de vuestro tren vital y os subáis al de la película, que os aseguro que va a otra velocidad, a la misma que llevaban nuestros abuelos o bisabuelos. El filme en definitiva es eso, un gran homenaje a todos esas personas sin nombre que hicieron posible una serie de brutales y vertiginosos cambios (en todos los sentidos) que significaron que algunos privilegiados tengamos hoy en día una vida mejor.

Train Dreams está basada en la novela homónima de Denis Johnson, tan corta como brillante. El guión, adaptado por Clint Bentley y su guionista de confianza Greg Kwedar, ha sido nominado para la próxima edición de los Óscar de la Academia y es uno de los pilares fundamentales del filme. Consigue transmitir con pocas, y a veces filosóficas palabras, la resiliencia de todos esos personajes que comparten las interminables jornadas de trabajo en los bosques del estado de Washington, al noroeste de Estados Unidos junto a la frontera con Canadá.

Train Dreams nos demuestra que el tránsito por la vida de cualquier ser humano puede ser una película en sí misma. Como espectador, me veo reflejado y me enriquece más personalmente este tipo de cine que el de héroes, famosos, o personajes importantes de la historia. Su protagonista, Robert Grainger, es un don nadie que simplemente lucha por sobrevivir en un mundo inhóspito. Un jornalero que en pleno apogeo del ferrocarril se agarró a su única posibilidad de sustento. Su sueño era poder lograr formar una familia con su amada Gladys, una mano de hierro en guante de terciopelo, sutilmente encarnada por la genial actriz Felicity Jones. El papel principal es para el actor australiano Joel Edgerton, cuyo rostro refleja esa resignación casi cristiana que le hace levantarse cada amanecer y enfrentarse a un nuevo y duro día de trabajo. Pero mi personaje favorito es el de Arn Peeples, el experto en explosivos y un sarcástico filósofo obrero cuyas reflexiones son sentencias y a la vez verdades como puños. Está protagonizado por una de mis debilidades en el mundo actoral, el gran William H. Macy. Me sorprende que no esté nominado por la Academia de Los Óscar como mejor actor de reparto.

Otra de las maravillas de Train Dreams es la sobrecogedora fotografía aportada por el brasileño Adolpho Veloso. Los impresionantes bosques de coníferas se nos presentan bellos y amenazadores al mismo tiempo. Los amaneceres, el crepúsculo, las noches junto al calor de la hoguera, los estrellados y oscuros cielos sin luna, hacen de cada fotograma una obra de arte, un cuadro en sí mismo. Nominada a los Óscar, quizás sea la mayor baza del filme para llevarse la codiciada estatuilla. La cuarta y última nominación del filme es para mejor canción original, en este caso el director encontró la horma perfecta para su zapato en mi idolatrado Nick Cave, quien aportó su composición Train Dreams, sonando en los créditos finales. La idiosincrasia musical del artista se adapta perfectamente a la filosofía de la película.

Con premios o sin ellos, Train Dreams me ha parecido una propuesta honesta y valiente que te hace reflexionar, ahondar en tu interior y replantearte ciertos valores de tu existencia. Ironías del destino, escribo esta reseña pocos días después del trágico accidente ferroviario de Adamuz. Quizás la vertiginosa velocidad del progreso se está llevando a mucha gente por delante en el último siglo.¿El fin justifica los medios?

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Los domingos (2025) – Alauda Ruiz de Azúa

PELÍCULA RECOMENDADA (Artículo incluido en la publicación Compromiso y Cultura)

Los domingos
Alauda Ruiz de Azúa (2025) – España

Con tan sólo tres largometrajes en su corta carrera como directora de cine Alauda Ruiz de Azúa ya está consolidada en el imaginario del cine estatal. Aparte de ser una gran directora de actores y una gran retratista de la familia y de la condición humana, es también una directora valiente, porque intentar tratar desde la neutralidad un tema como la vocación religiosa es misión imposible, pero durante buena parte de la película consigue milagrosamente salvar la papeleta, lo cual ya tiene bastante mérito.

Es normal que Los domingos cree controversia, tu opinión después de verla puede ser muy diferente según seas creyente, agnóstico o ateo. Así que en esta ocasión, más que nunca, mi punto de vista no debe ser tomado en cuenta. Sí que me gustaría destacar algunos aspectos que considero acertados. En primer lugar, la propia Alauda Ruiz de Azúa ha manifestado que con Los domingos no busca ninguna polémica. Simplemente plantea preguntas al espectador y pretende ahondar en el espíritu crítico de cada uno de ellos, que va a responder de manera diferente según la mochila de experiencias vitales que lleve cargada a cuestas.

Los domingos plantea situaciones y preguntas que se pueden valorar desde muy diferentes perspectivas: El respeto a las creencias de los demás. Es muy fácil decir “yo respeto”, pero, ¿hasta qué punto respetas algo en lo que no crees?, ¿cuál es el equilibrio? Por desgracia, como era de esperar en un tema tan peliagudo, la balanza termina por caer de un lado. Otra situación que nos plantea es el de la educación en los colegios religiosos concertados o privados, ¿cómo condiciona la personalidad de un niño y su paso a la adolescencia al ser guiados por monjas o sacerdotes? La influencia que puede producirse en esas edades da realmente un poco de vértigo, igual que ese exclusivo espacio de confianza que se genera entre el religioso y los menores, más aún a sabiendas del ignominioso historial que tiene tras sus espaldas la iglesia católica.

Otro punto fuerte de Los domingos es por supuesto la dirección de Alauda Ruiz de Azua, quien consigue ir sumergiendo al espectador en la historia de manera tan progresiva y delicada que, sin darse cuenta, se encontrará cavilando como si fuera el padre, la tía, la abuela, o incluso la misma Ainara en esa decisión tan importante que tiene que tomar en su vida. También ayuda el hecho del excepcional trabajo actoral de Patricia López Arnaiz que está inmensa en la compleja y difícil tarea de sacar adelante un papel tan exigente y poco agradecido como es el de Maite, la tía de Ainara. Ainara, cuyos silencios y miradas son tan importantes como sus pocas palabras, está bien interpretada por la joven Blanca Soroa, que debuta en el cine como protagonista a los 15 años. También es de destacar la labor de la siempre solvente Nagore Aramburu en el papel de Sor Isabel. No andaré muy desencaminado si alguna de ellas, si no las tres, se llevan el reconocimiento en los próximos premios Goya.

Una pena que la película se vaya desvirtuando conforme va acercándose su desenlace y acabe decantándose de manera tramposa por una de las dos partes. En fin, tengo tan claro que la película generará debate sobre un tema casi residual en la sociedad en que vivimos, como que el número de vocaciones va a aumentar exponencialmente tras el estreno de Los domingos.

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La voz de Hind (2025) – Kaouther Ben Hania

PELÍCULA RECOMENDADA (Artículo incluido en la publicación Compromiso y Cultura)

La voz de Hind
Kaouther Ben Hania (2025) – Túnez

La voz de Hind es la voz desgarradora de un pueblo masacrado. Basada en hechos reales, la película es un grito al vacío que intenta agitar conciencias en el mundo occidental, el mismo mundo que mira impasiblemente la masacre del pueblo palestino en vivo y en directo por TV.

Avalada por la crítica (Premio del Gran Jurado del Festival de Venecia) y por los espectadores (Premio del Público del Festival de San Sebastián), La voz de Hind llega a las pantallas de los cines para convertirse en la enésima denuncia al genocidio contra el estado palestino. 

El 29 de enero de 2024, los voluntarios de la Media Luna Roja reciben una llamada de emergencia desde Gaza. Una niña de seis años llamada Hind suplica ayuda desde el interior de un coche en pleno ataque de las tropas israelíes. Los voluntarios intentarán por todos los medios mantener el contacto y enviar una ambulancia para rescatar a Hind. Todas las llamadas y conversaciones quedaron grabadas.

Hind Rajab / Fotografía: BBC

La directora tunecina Kaouther Ben Hania utilizó estas grabaciones telefónicas para combinarlas con las imágenes de los actores que ponen cara a los voluntarios de la Media Luna Roja en la película. Este recurso ya utilizado en su falso documental Las cuatro hijas (2023) lo vuelve a emplear, y por desgracia los resultados siguen siendo desiguales. Me explico: en mi opinión esa especie de subtrama que crea entre los voluntarios que trabajan en esa sede de la Media Luna Roja, y que en ocasiones llega al histrionismo más exacerbado, no aporta nada a una situación ya de por sí, límite, como es la llamada desesperada de Hind.

Kaouther Ben Hania recogiendo el León de Plata del Festival de Venecia / Fotografía: Vogue Arabia

El verdadero valor de La voz de Hind es el de crear este testimonio visual de una simple noticia que aparece de refilón en el telediario mientras comemos, y que desaparece inmediatamente de nuestra cabeza antes de llegar siquiera al siguiente plato. Son noticias que se repiten día tras día y que normalizamos con toda la naturalidad del mundo. Que pasen a la siguiente catástrofe, o mejor aún, a la sección de deportes.

Aparte de la siempre necesaria denuncia social en el cine, la película destaca por su montaje, en ese aspecto, nada que objetar. Al contrario, es uno de los puntos fuertes del filme y consigue que el mensaje final llegue a donde no llegan las noticias de los telediarios, a nuestra conciencia. Sólo en los dos últimos años han muerto más de 70.000 palestinos en esta masacre televisada, mientras nuestros mandatarios no hacen nada por parar este genocidio. Genocidio, curiosamente perpetrado por un pueblo que hace ocho décadas estaba sufriéndolo en sus carnes.Angustia, dolor, miedo, impotencia,crispación, rabia, ternura, empatía…, estas son algunas de las sensaciones que sentirás si ves La voz de Hind. Ojalá pudiera cambiarlas por otras como: esperanza, paz, reparación, memoria, justicia…

Volviendo al, para mí, grave error de la película, si la directora quería hacer un thriller de esta escalofriante historia real, le ha salido rana. Debería haber tomado nota de filmes como The Guilty (2018), o Locke (2013), donde lo importante está en lo que no se ve (la llamada). Sobran desarrollar artificiosos conflictos personales que desvirtúan el auténtico valor de esta película, la veracidad de las grabaciones y los hechos acaecidos en Gaza.

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La acusación (2024) – Teddy-Lussy

PELÍCULA RECOMENDADA (Artículo incluido en la publicación Compromiso y Cultura)

La acusación
Teddy Lussi-Modeste (2024) – Francia

De entre la maraña habitual de comedias intrascendentes, al cine galo a veces se le escapa alguna que otra película interesante. Es el caso de La acusación, que si bien no es una obra maestra, mantiene al espectador en estado de alerta y además dura lo estrictamente necesario, algo inaudito en los filmes de hoy en día, que a veces se alargan hasta límites insospechados.

A pesar de que el argumento de La acusación está muy manido en el mundo del celuloide, la historia de Julien, el profesor, transmite la inquietante realidad del estado actual de la enseñanza. Qué lejos quedó aquello de «la letra con sangre entra», por suerte, claro, pero ni tanto ni tan calvo.

El joven profesor de literatura Julien es acusado de conducta sexual inadecuada por Leslie, una alumna de su clase. Lejos de arreglarse, la situación se irá complicando peligrosamente. El director del centro, los profesores, los alumnos, los familiares de Leslie, la propia pareja de Julien, reaccionarán ante la denuncia de maneras muy diversas.

Lo mejor de la película es que el director no deja ningún cabo suelto, el espectador hace honor a su nombre y observa exactamente lo que ha ido sucediendo en todo momento. La ansiedad y la angustia que sienten Leslie y Julien planean durante todo el filme. Y la delgada línea que hay entre no poner en duda el testimonio de la denunciante, y la presunción de inocencia del denunciado, surca en varios momentos el borde del abismo.

La acusación pone en la palestra la difícil situación del profesorado, que ha ido perdiendo posiciones en su propio trabajo, hasta sentirse prácticamente a merced de los alumnos. La presión, desprotección e indefensión a las que se ven sometidos son quizás proporcionales al aumento de la escasez de docentes en los centros educativos. Con el ambiente que se respira actualmente en muchas aulas, es evidente que incluso el profesor vocacional pierda la esperanza en la enseñanza.

Es complicada también la convivencia para el alumnado de estas nuevas generaciones, con bastantes casos de hiperactividad, ansiedad, trastornos alimentarios, depresiones… Se han criado entre pantallas táctiles, el Tik Tok, las bebidas energéticas y lo que yo llamo «la enfermedad del youtuber», creo que me entendéis. El acoso escolar está a la orden del día, a veces por medios más sofisticados y difíciles de detectar que los de antaño. La falta de respeto hacia el profesorado, no sólo por parte de los alumnos sino incluso de sus familiares, el silencio administrativo de las jefaturas de los centros y el cada vez más bajo rendimiento académico, no auguran un futuro muy halagüeño en el mundo de la enseñanza, por lo menos a corto plazo.

Quizás La acusación no entre de lleno en el meollo de la cuestión, quizás alguna situación pueda parecer un pelín forzada, quizás el mejor actor con diferencia del reparto, François Civil, que hace el papel de Julien, sea demasiado guapo como para no haber roto ningún corazón entre su alumnado, y quizás le sobre a la película el añadido final. Pero el caso es que Teddy Lussi-Modeste, el director, es profesor en los suburbios del norte de París y sufrió una denuncia por parte de una alumna, esta es la película que ha hecho para contar su experiencia.

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