DOCUMENTAL

Making a murderer (2015) – Moira Demos, Laura Ricciardi

Making a murderer Cartel

PELíCULA RECOMENDADA (Artículo incluido en la publicación Compromiso y Cultura)
Making a murderer. Serie documental
Moira Demos, Laura Ricciardi (2015)- U.S.A.

En esta ocasión os proponemos que le deis una oportunidad a este concienzudo y extenso documental que, debido a su duración (tanto por la cantidad de material mostrado como por el largo proceso de los acontecimientos que van sucediéndose), se extiende a más de 10 horas de proyección divididas en 10 capítulos. Ahora que el nivel de las series ha aumentado en cantidad y calidad, superando con creces a la del cine actual, vamos a rizar el rizo y a visionar esta serie documental (género que por cierto también disfruta de una salud plena a día de hoy) titulada con acierto Making a murderer.

Manitowoc Wisconsin

La historia nos la presentan dos jóvenes estudiantes de cinematografía: Moira Demos y Laura Ricciardi descubren por casualidad un artículo en el New York Times sobre el caso de Steven Avery titulado ‘Freed by DNA, Now Charged in New Crime’ que les fascinó tanto que alquilaron un coche y, con una sola cámara, se dirigieron a Manitowoc (Wisconsin, EEUU) para empezar a rodar lo que hoy conocemos como Making a murderer.

La prensa sensacionalista

A partir de aquí poco os podemos contar, os recomendamos que comencéis a ver el documental sin haber buscado información del “caso Avery”; cuanto menos conocimiento del asunto tengáis mejor, porque las directoras ya se van a encargar de ese tema desde el primer momento. Pero no temáis, tanta información no os va a hacer perder el hilo de esta historia, que os enganchará desde el primer capítulo y no os soltará hasta el último segundo del capítulo final.

Pruebas de la fiscalía

Making a murderer nos cuenta la desoladora, cruda y real historia de Steven Avery, un joven habitante de la América profunda de nuestros días, concretamente del condado de Manitowoc, perteneciente al estado de Wisconsin, que entró en prisión a los 23 años y permaneció en ella 18 años (de 1985 a 2003).

Brendan dasey detenido

Y hasta aquí podemos leer… Lo demás os lo dejamos a vosotros para que os sumerjáis en esta tremebunda historia, que no parece real, y que tristemente supera con creces a la realidad. Surrealismo puro y duro en la América más paleta, donde podremos observar desde dentro y con todo lujo de detalles a todos los actores reales de este sainete, todo un estudio psico-sociológico de los diferentes comportamientos del ser humano ante situaciones tan abrumadoras como las que van a sentir todos ellos, y vosotros también una vez que entréis en ese enrarecido ambiente de esos parajes lúgubres y fantasmagóricos de Manitowoc.

Casa de Steven Avery

Making a murderer ya es un documental que ha pasado a la historia, y no solo por la ardua e inmensa labor de las dos directoras. La forma de contarnos la historia, en nuestra humilde opinión, da en el clavo y, aunque en los capítulos finales se repita alguna información que ya conoces, logra mantenerte con atención (presumiblemente con las manos echadas a la cabeza) durante la mayor parte de sus más de 10 horas de duración, e incluso ha conseguido levantar ampollas en parte de la población americana…. Avisados quedáis.

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Hungry for change (2012) James Colquhoun, Laurentine Ten Bosch, Carlo Ledesma.

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PELíCULA RECOMENDADA (Artículo incluido en la publicación Compromiso y Cultura)
Hungry for change. Documental
James Colquhoun, Laurentine Ten Bosch, Carlo Ledesma.(2012) – Australia

Últimamente han sido presentados bastantes documentales sobre el tema de la alimentación, pero quizá este es el que más clara y tajantemente advierte de la falta de escrúpulos de los “lobbies” alimentarios. Y es que amigos, ese bien de primera necesidad que es la alimentación se ha convertido en uno de los mayores negocios financieros de los últimos 70 años.

La misma sociedad en la que vivimos, cada vez con menos tiempo para nosotros mismos, nos lleva a desplazarnos a las grandes superficies a realizar la compra y allí, en el menor tiempo posible, llenar nuestro carro para tener víveres para por lo menos los próximos 15 días. En esa vorágine no nos paramos a mirar lo que compramos para nuestro consumo; ese es uno de nuestros grandes errores. Confiamos en esas bonitas etiquetas que nos dicen las pocas calorías que tienen los productos y nos muestran a personas delgadas y sonrientes, o bellos paisajes naturales, donde los animales disfrutan para luego ser nuestro sano alimento (nada más lejos de la realidad).

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El documental Hungry for change nos explica sin tapujos cómo la gran industria alimentaria “adereza” con productos químicos los bienes de consumo de primera necesidad (como por ejemplo la leche que consumen los niños en las escuelas), para crear una dependencia en el consumidor. Introducen azúcares que engañan a nuestro organismo, lo llevan a la euforia, te hacen sentir bien. Pero el efecto pasa pronto y además tu cuerpo no ha recibido todavía los nutrientes que necesita, con lo cual tendremos que volver a repetir la dosis para sentirnos mejor e intentar mitigar el hambre.

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La mayoría de productos que comemos contienen compuestos químicos o están genéticamente modificados para que volvamos a consumirlos: compuestos como el aspartamo, el glutamato o la fructosa. No sólo los productos que pensamos a priori (snacks, chocolatinas, hamburguesas, pizzas, etc.), sino alimentos como la leche, el pan, las bebidas refrescantes y, atención, los productos para adelgazar, contienen muchos azúcares encubiertos. Y decimos encubiertos porque uno mismo puede comprobar que en la tabla nutricional de los productos “0% de grasa” o “light”, la cantidad de azúcares llega a corresponder hasta el 40%. Y aquí viene el otro caballo de batalla del consumidor, el etiquetado de productos. Los “lobbies” de la alimentación tienen tanto poder que manejan a los políticos a su antojo. Ellos hacen las investigaciones de sus propios productos y las aprueban aún sabiendo que perjudican a nuestro organismo. Y además, nos engañan disfrazando compuestos químicos peligrosos con otros nombres en el etiquetado.

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Después de ver Hungry for change o de leer el libro en el que está basado el documental, quizá te pares a mirar lo que compras antes de meterlo en el carro, quizá busques otros lugares donde adquirir productos ecológicos o, si vives en un pueblo, quizá puedas auto-abastecerte. Pero la verdad es que si vives en una gran ciudad y no andas sobrado de dinero precisamente, estas condenado a comer bazofia de por vida gracias a las grandes corporaciones alimentarias. Aterrador, ¿no crees?

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