NATURALEZA

Train Dreams (2025) – Clint Bentley


PELÍCULA RECOMENDADA (Artículo incluido en la publicación Compromiso y Cultura)

Train Dreams
Clint Bentley (2025) – Estados Unidos

Vidas pequeñas, grandes películas

Train Dreams, el discurrir del siglo XX visto desde el tajo.

Casi coincidiendo con la remisión de la pandemia, la plataforma digital Netflix inició su inexorable declive. Malas decisiones, cambios en la dirección de programación y una nueva visión comercial en la que se apostó más por la cantidad de contenido que por su calidad, fueron las principales causas de un importante número de bajas de suscriptores. Desde entonces, y salvo muy contadas excepciones, no albergo muchas esperanzas en los nuevos lanzamientos producidos por la empresa estadounidense.

Pero hete aquí, que en mi rutinaria mirada semanal a los estrenos de la plataforma, hallé un diamante en la basura. Entre comedias sin chicha para adolescentes, series cursis con aroma a culebrón y olvidables thrillers de acción, encontré una producción de la casa con un espíritu totalmente opuesto a las propuestas anteriormente mencionadas. Sin alharacas, ni grandes titulares, Netflix presentaba Train Dreams, una película sobre la vida de un leñador que trabajaba en la construcción del ferrocarril en la América de principios del siglo XX.

La escueta sinopsis me dejó intrigado y mi segunda pesquisa fue obtener información de su director. Descubrí con sorpresa que el artífice de este filme es Clint Bentley, quien ya me sorprendiera gratamente con su ópera prima y hasta ahora única película El jockey (2021). Estas premisas fueron suficientes para que, excepcionalmente y durante los próximos 100 minutos, entregase mi alma a Netflix. La decisión no pudo ser más acertada.

Os aconsejo que, para disfrutar de Train Dreams, reservéis, si no es mucho pedir, un hueco en vuestra ajetreada y acelerada existencia, os bajéis de vuestro tren vital y os subáis al de la película, que os aseguro que va a otra velocidad, a la misma que llevaban nuestros abuelos o bisabuelos. El filme en definitiva es eso, un gran homenaje a todos esas personas sin nombre que hicieron posible una serie de brutales y vertiginosos cambios (en todos los sentidos) que significaron que algunos privilegiados tengamos hoy en día una vida mejor.

Train Dreams está basada en la novela homónima de Denis Johnson, tan corta como brillante. El guión, adaptado por Clint Bentley y su guionista de confianza Greg Kwedar, ha sido nominado para la próxima edición de los Óscar de la Academia y es uno de los pilares fundamentales del filme. Consigue transmitir con pocas, y a veces filosóficas palabras, la resiliencia de todos esos personajes que comparten las interminables jornadas de trabajo en los bosques del estado de Washington, al noroeste de Estados Unidos junto a la frontera con Canadá.

Train Dreams nos demuestra que el tránsito por la vida de cualquier ser humano puede ser una película en sí misma. Como espectador, me veo reflejado y me enriquece más personalmente este tipo de cine que el de héroes, famosos, o personajes importantes de la historia. Su protagonista, Robert Grainger, es un don nadie que simplemente lucha por sobrevivir en un mundo inhóspito. Un jornalero que en pleno apogeo del ferrocarril se agarró a su única posibilidad de sustento. Su sueño era poder lograr formar una familia con su amada Gladys, una mano de hierro en guante de terciopelo, sutilmente encarnada por la genial actriz Felicity Jones. El papel principal es para el actor australiano Joel Edgerton, cuyo rostro refleja esa resignación casi cristiana que le hace levantarse cada amanecer y enfrentarse a un nuevo y duro día de trabajo. Pero mi personaje favorito es el de Arn Peeples, el experto en explosivos y un sarcástico filósofo obrero cuyas reflexiones son sentencias y a la vez verdades como puños. Está protagonizado por una de mis debilidades en el mundo actoral, el gran William H. Macy. Me sorprende que no esté nominado por la Academia de Los Óscar como mejor actor de reparto.

Otra de las maravillas de Train Dreams es la sobrecogedora fotografía aportada por el brasileño Adolpho Veloso. Los impresionantes bosques de coníferas se nos presentan bellos y amenazadores al mismo tiempo. Los amaneceres, el crepúsculo, las noches junto al calor de la hoguera, los estrellados y oscuros cielos sin luna, hacen de cada fotograma una obra de arte, un cuadro en sí mismo. Nominada a los Óscar, quizás sea la mayor baza del filme para llevarse la codiciada estatuilla. La cuarta y última nominación del filme es para mejor canción original, en este caso el director encontró la horma perfecta para su zapato en mi idolatrado Nick Cave, quien aportó su composición Train Dreams, sonando en los créditos finales. La idiosincrasia musical del artista se adapta perfectamente a la filosofía de la película.

Con premios o sin ellos, Train Dreams me ha parecido una propuesta honesta y valiente que te hace reflexionar, ahondar en tu interior y replantearte ciertos valores de tu existencia. Ironías del destino, escribo esta reseña pocos días después del trágico accidente ferroviario de Adamuz. Quizás la vertiginosa velocidad del progreso se está llevando a mucha gente por delante en el último siglo.¿El fin justifica los medios?

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Hacia rutas salvajes (2007) – Sean Penn

hacia rutas salvajes

Hacia rutas salvajes
Sean Penn (2007) – Estados Unidos

Escrita y dirigida por Sean Penn. 2007 (Basada en el libro de Jon Krakauer, Hacia rutas salvajes).

Cómo empezar a hablar de una película como esta… a mí me dejó fascinada desde el primer momento, y estoy segura de que a nadie le va a dejar indiferente.

A muchos les cautivará el viaje emprendido por el protagonista, Christopher McCandless (interpretado excelentemente por Emile Hirsch, tan involucrado en el papel, que terminas por pensar que él es el verdadero personaje), para vivir una experiencia única, renunciando a todo, en defensa de la libertad a decidir qué hacer con tu vida, junto a la de la naturaleza salvaje, y en la que poder buscarse a sí mismo, lejos de las ataduras del capitalismo y la sociedad.

A otros les resultará aburrida y les parecerá sólo un montón de ideas utópicas que no llevan a ningún sitio.

El director acierta convirtiendo la película en una “road movie”, y adentra al espectador en la aventura, con soberbios planos de paisajes naturales; interesantes diálogos del protagonista con los personajes que se cruza en el camino; con profundas reflexiones en voz en off… Nos ofrece un cine de compromiso, para pensar…

Y por último, la banda sonora es genial, pero no es de extrañar, viniendo del genialísimo Eddie Vedder. Le da un buen peso a la película y hay varios temas de esos que se te graban para siempre.
Te recomiendo que te subas al viaje… hacia rutas salvajes.

Eva Bullet

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