CRITICA DE PELICULA

Simón de la montaña (2024) – Federico Luis Tachella

PELÍCULA RECOMENDADA (Artículo incluido en la publicación Compromiso y Cultura)

Simón de la montaña
Federico Luis Tachella (2024) – Argentina

Descubrí esta película hace unos días, en la vigésima edición del Buñuel Calanda International Film Fest. Junto a las ruinas del Castillo de Calanda, en una calurosa noche de verano, bajo un constelado y brillante cielo en el que, cual varita mágica, surgían intermitentes algunas estrellas fugaces, comenzó a proyectarse el vendaval cinematográfico de Simón de la montaña.

Y es que, la ópera prima del director argentino Federico Luis Tachella comienza con y cómo un huracán, y una vez dentro es imposible salir. En ella nos cuenta los avatares de Simón, un joven que no está cómodo ni con su familia, ni en un mundo que no parece diseñado para él. Pero encuentra a Pehuén, un discapacitado con el que hace amistad y del que ya no quiere separarse.

El leitmotiv del festival calandino es el de «las películas que hubiera querido ver Buñuel«, así que, por supuesto, todos los filmes que se proyectan tienen que ver con el legado del director bajo aragonés. En esta ocasión, ya sólo por el título, que hace clara referencia a Simón del desierto (1965), la obra de Tachella parece estar destinada a incluirse en este certamen. Pero es que nada más comenzar, un elemento arquitectónico en el que se desarrolla la acción nos retrotrae al pedestal sobre el que el asceta Simón hacía penitencia en el desierto. Curiosamente, el propio director, en el coloquio que se hizo después de la proyección desarmó mi teoría. Aunque reconoció el innegable influjo de Buñuel en su película, explicó que utilizó el lugar de la curiosa estatua porque era mucho más económico que rodar esa escena en una montaña. Así que del ingenio y la practicidad surgió una casualidad que engarza con uno de los títulos de culto de la filmografía del de Calanda.

El estilo de dirección de Federico Luis Tachella, de vertiginosos movimientos cámara en mano, me recuerda en ocasiones, al cine de los hermanos Dardenne. Pero, para mí, el auténtico acierto del argentino es el enfoque nada condescendiente que da a su filme. La naturalidad con la que rueda las escenas dejando a los nóveles, que no discapacitados, actores (como bien remarcó el director al finalizar la película), expresarse en cada situación requerida, le da un poso de autenticidad y verosimilitud a las situaciones que se van desarrollando a lo largo de la trama.

Federico Luis tiene experiencia previa como director de teatro de discapacitados, y esa experiencia le ha servido para darse cuenta de que nosotros mismos estamos llenos de imperfecciones, y quizás no sepamos valorar que desde la imperfección se puede vivir una vida plena. En Simón de la montaña nos muestra a estas PERSONAS que simplemente quieren vivir la vida como el resto, pero que nuestros propios prejuicios, tabúes, e ideas preconcebidas impidan que puedan hacerlo. El único actor profesional del filme es Lorenzo Ferro, magnífico en la interpretación de Simón, con el que el director tuvo que trabajar arduamente su papel. Los debutantes e «imperfectos» actores, al contrario, hicieron fácil el rodaje al equipo como resalté anteriormente. De hecho, la relación entre Federico Luis y Pehuén Pedre, uno de sus alumnos en la vida real y otro de los protagonistas del filme, fue el origen de esta notable película.

Después de ver Simón de la montaña me viene a la cabeza la exitosa, pero en mi opinión, desaprovechada película Campeones, de un director que me encanta, Javier Fesser, quien perdió una gran oportunidad de mostrarnos la realidad de las personas con discapacidad y se quedó tan sólo en la superficie. Las dos películas, tratando del mismo tema, son antagónicas, y es esa mirada tan humana que consigue mostrarnos Tachella desde la singular idiosincrasia de las personas con dificultades, la que me conmueve y me reafirma en el necesario papel, no sólo cultural y artístico, que tiene el cine en la sociedad. En definitiva, Simón de la montaña es una magistral, atípica, humana y desprejuiciada mirada sobre la discapacidad y el rechazo a lo diferente.

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Sirât (2025) – Oliver Laxe

PELÍCULA RECOMENDADA (Artículo incluido en la publicación Compromiso y Cultura)



Sirât
Oliver Laxe (2025) – España

Antes de comenzar esta reseña, debo de ser sincero. A pesar de mi amor por la música, desconozco por completo el movimiento rave. Tengo que advertir que tal ignorancia está causada por el rechazo irracional que me ocasiona ese tipo de música. Ya que, lejos de liberar mis sentidos como hacen otro tipos de géneros musicales, me produce el efecto contrario, es más, me transmite agobio y malas vibraciones.

Dicho esto, y a sabiendas del argumento de Sirât, decidí acudir a la sala de cine y aguantar el chaparrón rave sólo porque el director de esa improvisada fiesta de música electrónica era Oliver Laxe. Y es que sus dos obras precedentes: Mimosas (2016) y O que arde (2019) significaron un soplo de aire fresco para las nuevas generaciones del cine europeo.

En Sirât, Oliver Laxe confirma que continúa en línea ascendente. Sigue agitando conciencias y lo hace de una manera muy particular. El argumento de la película no importa, los personajes apenas se desarrollan, pero esto no es óbice para que el director se saque de la manga una desoladora road movie, que os aseguro va a convertirse en una película de culto.

Sirât está llena de metáforas, de símbolos, de alegorías, de mensajes, de ideas, que Oliver Laxe lanza con crudeza al espectador. Es una película que, para bien o para mal, no deja indiferente a nadie. Su punto de partida es una fiesta rave en el desierto de Marruecos, (en la realidad, la Rambla Barrachina en Teruel), donde llegan un hombre y su hijo adolescente. Buscan a Mar, su hija mayor, que lleva cinco meses desaparecida.

En el contexto islámico, As-Sirât es el puente que se extiende sobre el infierno y conduce al paraíso. Ese puente quizás simbolice la búsqueda de la felicidad intrínseca en el ser humano. Los personajes de Sirât tienen en la búsqueda ese nexo común. Por una parte, Luis y su hijo Esteban buscan a Mar, pero el padre también intenta entender qué buscaba su hija en esas raves. Por otra parte, los raveros persiguen la felicidad a través de la música y de sus propias reglas, ya que no quieren aceptar las normas impuestas por la sociedad.

Sirât refleja el hedonismo del primer mundo. Que se mira el ombligo, mientras hace oídos sordos a los gritos de desesperación de los ciudadanos de segunda a los que previamente ha robado y después ha dejado abandonados a su suerte. Como se dice en un momento de la película «el fin del mundo hace años que ha llegado», la distopía ya es una realidad. Eso es lo que parece querer remarcar el filme, en un mundo inhóspito donde el petróleo sigue siendo fundamental, y el estado de excepción ha pasado a ser el estado habitual.

La película evoca ese mundo apocalíptico de filmes como Mad Max, la desesperación, el miedo a la muerte y la precariedad de El salario del miedo, o la tensión de Land of mine. Incluso hay un pequeño guiño a Freaks (La parada de los monstruos), en la camiseta que lleva uno de los raveros, y en ese pequeño circo ambulante que parecen formar. Todo ello está reforzado por una sobrecogedora fotografía de una belleza hipnótica, y, por supuesto la mística y sensorial música que acompaña a los raveros en ese viaje hacia ninguna parte y que se va tornando cada vez más amenazadora.

Si exceptuamos a Sergi López que hace el papel de padre, y al joven Bruno Ñúñez que es el hijo, los demás personajes son raveros franceses auténticos, no son actores profesionales. Hacen un digno trabajo con sus personajes, que como ya he dicho antes, tampoco tienen mucha profundidad. Lo importante, como queda suficientemente claro, es el mensaje. Los innumerables símbolos que vemos, como por ejemplo los bafles, elemento muy importante de la película, nos van guiando por el largo y desconocido camino. Por ejemplo, el símil que se hace con la imagen televisiva de La Meca es magistral.

Pero no os quiero, ni puedo contar más, espero que vayáis a ver Sirât sin haber leído nada de ella, que no os hagan spoiler. Simplemente agarraos fuerte a la butaca, porque este intenso y sensorial viaje de búsqueda va a ser de una magnitud extraordinaria.

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Lo que queda de ti (2025) – Gala Gracia

PELÍCULA RECOMENDADA (Artículo incluido en la publicación Compromiso y Cultura)

Lo que queda de ti
Gala Gracia (2025) – España

En los últimos tiempos han ido apareciendo una nueva generación de jóvenes directoras que tienen en común el enfoque autobiográfico, íntimo y naturalista que dan a sus películas. Filmes como Verano 1993 (2017), Carmen y Lola (2018), La inocencia (2019), Las niñas (2020), Libertad (2021), Cinco Lobitos (2022), La furia (2025), o Sorda (2025), han recibido el reconocimiento de público y crítica en festivales a nivel estatal e incluso europeo. A esta incompleta lista de películas, habría que añadir un nuevo título, Lo que queda de ti, la ópera prima de la directora Gala Gracia que nos presenta una autobiográfica y certera mirada a la situación del mundo rural en nuestra época.

Lo que queda de ti es el resultante de la manera en que la directora eligió exorcizar los sentimientos producidos por la muerte de su padre. Partiendo de esa base y de sus vivencias personales, Gala Gracia crea una historia de regreso al hogar abandonado, de intento de redimir culpas, de ajustar cuentas con el pasado y de llenar los huecos vacíos provocados por la ausencia.

Sara, que está a punto de grabar un disco de jazz en Nueva York, regresa a su pueblo natal en el Pirineo oscense tras el fallecimiento de su padre. Durante unos días, junto a su hermana Elena, tendrá que decidir qué hacen con el rebaño de ovejas y las tierras que les ha dejado en herencia su padre. Esta es la premisa con la que parte Lo que queda de ti. El reencuentro de las hermanas nos plasma las diferentes maneras de afrontar la pérdida del padre. Por una parte, Elena, que sigue viviendo en el pueblo, se dedica a la cría de cerdos. Acostumbrada al duro trabajo, sabe que el cuidado de las ovejas es todavía más esclavo y menos rentable que el de los cerdos. Por otra parte, Sara, que abandonó el pueblo hace años y priorizó sus estudios, anteponiéndolos a su familia, se resiste a vender el único vínculo que puede mantener del padre, su rebaño de ovejas. Ni que decir tiene que Sara (Laia Manzanares) y Elena (sin duda la actriz del momento, Ángela Cervantes) están muy convincentes en su personajes. Cabe apuntar que las dos actrices estuvieron en la propia granja de la directora, durante la época de partos, para imbuirse del duro día a día en una explotación ganadera.

En un loable ejercicio de naturalismo, veremos un enfoque nada idealizado de lo que es la vida en el campo. En especial, se muestra el mundo de la ganadería ovina, un trabajo que necesita atención los 365 días del año. Veremos las dificultades que conlleva el cuidado y el manejo del ganado, en concreto el de la raza xisqueta, una resistente estirpe cuyo hábitat es el Pirineo Central y que está acostumbrada al pastoreo extensivo. Se trata de una práctica que, como se denuncia en la película, está cada vez más en desuso y está provocando el empobrecimiento del suelo y la biodiversidad, con el consiguiente riesgo de incendios forestales y la reducción de la cabaña ovina de la raza xisqueta, que ya de por sí se considera amenazada.

La fotografía de la película, rodada, por cierto, en formato panorámico, realza la magnitud de los paisajes de la comarca de Ribagorza en el Prepirineo oscense. Nos presenta unos lugares tan bellos como inhóspitos, con los tonos ocres y los cielos grises del invierno. La nieve casi brilla por su ausencia (es lo que tiene el cambio climático), pero, a pesar de todo, la sensación de aislamiento y la hostilidad del clima están presentes durante todo el filme.

Otro de los elementos fundamentales y grandes aciertos de la película es la fantástica música de jazz escrita por el pianista y compositor portugués Filipe Raposo, que se ha llevado el premio a la mejor banda sonora original del Festival de Málaga de este mismo año. Como es evidente, la música es la manera que Sara tiene para poder sacar fuera de sí todas sus frustraciones, su dolor, su rabia, sus indecisiones, sus sentimientos de culpabilidad…

En definitiva, Lo que queda de ti es una intimista y veraz visión de la vida rural, un reencuentro con las raíces que busca la expiación. Un retorno a los días en los que tu universo no abarcaba más allá de las montañas que tapaban el horizonte de tu vista.

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Sorda (2025) – Eva Libertad

PELÍCULA RECOMENDADA (Artículo incluido en la publicación Compromiso y Cultura)

Sorda
Eva Libertad (2025) – España

No me considero un cinéfilo recalcitrante, pero tengo la costumbre de intentar ver las películas extranjeras en versión original con subtítulos, cosa que cada vez es más difícil en el caso de un estreno. Aun así, siempre me he preguntado por qué las películas españolas de estreno no llevan subtítulos, para poder llegar a todo el público. Las personas sordas no pueden disfrutar del cine hasta mucho después de su estreno, y eso si hay suerte y la película se ha comercializado en DVD, o se ha pasado en televisión.

Esta reflexión, que lleva años conmigo, se ha acentuado todavía más, si cabe, después de ver la interesante película Sorda, la primera de la historia del cine español (parece mentira) protagonizada por una persona sorda. Este desconcertante dato me hizo pensar que tampoco ha habido muchos actores protagonistas sordos en el cine internacional. A todos nos viene al recuerdo el Oscar que se llevó la actriz Marlee Matlin por Hijos de un Dios menor (1986), y poco más. El triunfo en taquilla de la película francesa La familia Bélier (2014), visibilizó en clave de comedia, la discapacidad auditiva, pero ninguno de sus personajes principales era sordo. El evidente remake americano se estrenó siete años más tarde, y así CODA: Los sonidos del silencio (2021), hizo que el actor sordo Troy Kotsur se llevará el Oscar a mejor actor de reparto.

Siempre que una película me resulta interesante, me gusta bucear por internet buscando información sobre aspectos de la misma. En este caso, revisé por encima el estudio presentado el año 2023 por el Instituto Nacional de Estadística. El informe refleja que en España hay más de 1 200 000 personas con discapacidad auditiva. Esto significa que, más o menos, uno de cada cinco habitantes tiene problemas auditivos. De ellos, la mayoría utiliza el lenguaje oral para comunicarse, mientras que una cifra cercana a los 28 000 utilizan la lengua de signos. Después de leer estos datos y de haber visto la película, todavía me parece más incomprensible lo poco concienciados que estamos con el colectivo de los sordos, ya que podríamos evitar algunas barreras o dificultades que puedan tener, simplemente implementando mejoras y adaptándonos un poco a sus necesidades.

La película Sorda parte del cortometraje del mismo título con el que la directora Eva Libertad fue nominada al Goya a mejor cortometraje de ficción el año 2021. Este, su primer largometraje, tiene las mismas premisas. Nos cuenta la relación de una persona sorda, Ángela, con el mundo oyente. Eva Libertad y su hermana en la vida real, Miriam Garlo, sorda desde los siete años, construyen esta emotiva, poética, lúcida y reflexiva visión sobre la a veces complicada integración de una persona sorda en la vida cotidiana.

Ángela, que convive con Héctor, su pareja oyente, vive el embarazo como cualquier madre, con sus inseguridades, temores…, pero también con la incertidumbre de si su bebé podrá oír o no. A partir de esta premisa, la película nos va a llevar por el vaivén emocional que van a experimentar Ángela y Héctor, además de darnos a conocer a los espectadores oyentes el mundo tan cercano, pero a la vez tan desconocido, de las personas con discapacidad auditiva.

No quiero destriparos la película, simplemente me gustaría recalcar algunos grandes momentos, como por ejemplo el del parto, que está realizado con una veracidad y credibilidad pocas veces vista en el cine. La escena de la discusión de la pareja también es otro momento álgido y fenomenalmente resuelto por la directora.

Está claro que el vínculo familiar y vital entre la directora y la protagonista hace que esta película sea real y por ende creíble. La construcción del personaje de Ángela, con ese punto de imperfección, es un ejemplo de ello. Aparte de esta fenomenal simbiosis entre las hermanas en la vida real, Álvaro Cervantes, que hace de Héctor en el filme, realiza un excelente trabajo actoral infundiendo humanidad a su personaje. Estuvo durante un año aprendiendo lengua de signos para preparar el papel.

En otros aspectos técnicos cabe destacar, cómo no, la importancia del sonido en el filme. La directora ha sabido inteligentemente jugar con el espectador, y no diré cómo, con el uso del mismo. Este recurso utilizado, tiene una importancia clave en la percepción de la película por parte del espectador, consiguiendo con todo ello que la película llegue a sordos y oyentes a la vez utilizando una novedosa adaptación de subtítulos, que bien podría usarse en adelante en todas las películas que se estrenen en nuestro idioma.

En definitiva, creo que con Sorda, Eva Libertad ha conseguido de largo su propósito de mostrarnos las dificultades de comunicación, aceptación y algunas otras barreras, que nosotros los oyentes no hemos sabido (o no hemos querido) adaptar para que la accesibilidad, la igualdad y la integración de las personas con discapacidad auditiva sea plena en nuestra sociedad.

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La furia (2025) – Gemma Blasco

PELÍCULA RECOMENDADA (Artículo incluido en la publicación Compromiso y Cultura)

La furia
Gemma Blasco (2025) – España

A pesar de que me advirtieron de la temática y la dureza del filme, salí del estreno de La furia completamente superado por las intensas emociones que me provocó la desgarradora y traumática historia de Alexandra. Por supuesto, tuvieron mucho que ver en ello el exhaustivo trabajo actoral que realiza Ángela Cervantes para meterse en el papel de Alex, y la poderosa, y por qué no decirlo, furiosa realización de la joven directora Gemma Blasco, que con este su segundo largometraje se sube al carro de directoras tan talentosas como Arantxa Echevarría, Carla Simón o Pilar Palomero.

La furia toma como punto de partida la celebración en Nochevieja de un grupo de amigos. Entre ellos están Alexandra y su hermano Adrián. En un momento de la fiesta, uno de los participantes viola a Alexandra sin que ella pueda reconocerlo. A partir de entonces la vida de Alex, como la llama su cuadrilla, entra en una espiral de dolor y autodestrucción.

Si el argumento os parece espeluznante ya de por sí, la directa, desmedida, incluso excesiva manera de plantar la película en la cara del espectador sin ningún tipo de concesión, hace que la experiencia sea más impactante y visceral de lo que puedas imaginar. La furia es una película premeditadamente intensa y agobiante; la directora nos intenta transmitir cómo es el traumático universo interior de una mujer que ha sido violada. En este proyecto tan personal, aunque no autobiográfico, Gemma Blasco, que sufrió una agresión sexual a los 18 años, ha querido plasmar sin tapujos el descenso a los infiernos que viven las víctimas de tan execrable acto. Para la difícil tarea de encarnar a la protagonista, la directora creó un papel a la imagen y semejanza de su amiga desde la época escolar, la actriz Ángela Cervantes. La simbiosis entre actriz y directora es sin duda uno de los puntos fuertes de la película. Ángela hace un trabajo descomunal y se vacía por completo para darnos una fehaciente idea de cómo se siente Alex. Nos muestra a una mujer poderosa físicamente y con una personalidad arrolladora, que se desgarra de un dolor emocional casi indescriptible tras sufrir el abuso. Presentarnos este tipo de mujer tan fuerte me parece otro de los grandes aciertos de la película. El bloqueo, el miedo, la incomprensión, la soledad, la ira, son algunas de las sensaciones que transmite esta actriz en estado de gracia que es Ángela Cervantes, a quien ya le teníamos cogida la matrícula desde su participación en La maternal (2022).

Gemma Blasco utiliza como metáfora en la película la caza del jabalí, algo que conoce de verlo en el pueblo de sus familiares, Torrevelilla. Esa mirada, impregnada de sangre y vísceras, es una visión desde las entrañas de la propia protagonista, que lidia con su repulsión y su asco; se siente sucia y llena de rabia. La única manera de canalizar todas esas emociones es el teatro, y precisamente será la tragedia de Eurípides, Medea, el vehículo con el que Alex intente procesar ese sentimiento de culpa, furia y descontrol que lleva dentro. Ni siquiera su hermano Adrián sabe cómo acercarse a ella y entenderla.

Para finalizar, quiero también apuntar algunos de los buenos momentos visualmente artísticos que nos ofrece la arrebatadora dirección de Gemma Blasco, como por ejemplo, la escena del teatro en la que la protagonista subida en una larga mesa balancea una gran lámpara, o las espasmódicas imágenes en la discoteca. La fotografía, en la que el rojo es un destacado elemento, raya a gran altura. El montaje es también digno de elogio y conduce bien al espectador en esos vaivenes temporales con los que se juega en la película. Una película, por cierto, en la que los pequeños detalles pasan a ser las piezas que faltan para completar el puzzle final.

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Escape (2024) – Rodrigo Cortés

PELÍCULA RECOMENDADA (Artículo incluido en la publicación Compromiso y Cultura)

Escape
Rodrigo Cortés (2024) – España

«¡Que suenen los tambores!», exclamó el director de cine Rodrigo Cortés mientras daba paso a la proyección de su película Escape en el Palacio Ardid de Alcañiz. Y vaya si sonaron, ya desde el surrealista comienzo sonoro con la mítica melodía «Así habló Zaratrusta», en versión entrecortada y deconstruida. Este inicio ya nos advierte a los espectadores que nos espera un «tour de force», en un filme muy poco convencional.

Y como bien dijo el director en el coloquio posterior al visionado de Escape, él no quiere llevar al espectador por uno u otro lado, ni pretende hacerle empatizar con ninguno de los personajes que aparecen en el filme. Simplemente parte de la base de que N, el protagonista, por las causas que sean, pretende bajarse del mundo y pasar el resto de su vida en la cárcel, para no tener que tomar ninguna decisión el resto de su vida.

A partir de aquí, cada espectador va a tener que reaccionar a las situaciones que van a ir sucediendo durante el largometraje. Es curioso, porque en algunos momentos de la proyección, parte del público se reía, pero a la otra parte, la misma situación le parecía más bien triste. Yo soy de estos últimos, porque, aunque es verdad que hay momentos en los que quizás se te pueda escapar una sonrisa, a mí Escape me dejó un regusto amargo. Es una película con un ambiente malsano que no logré quitarme de encima desde el comienzo. La música, la ambientación, los personajes (sobre todo el de N), me desasosiegan por completo. De hecho, me recordaron al regusto que me dejó el visionado de películas como Beau tiene miedo (2023) de Ari Aster, o Balada triste de trompeta (2010), de Alex de la Iglesia.

Lo que sí que tienen que tener claro todos los espectadores, es que todo lo vamos a vivir desde la perspectiva de N. Una visión de una mente estropeada, en la que hay algo que no le deja poder convivir con las reglas de la sociedad. Así que su vida se convierte en una kafkiana lucha contra la rigidez del sistema.

Mario Casas, sobre quien debo confesar que nunca ha sido santo de mi devoción, está a la altura, quizás en el papel más exigente de toda su carrera. Logra construir con bastante credibilidad el personaje de N, siempre cabizbajo, de mirada seria y huidiza, que en ocasiones me recordaba al mismísimo Buster Keaton. Del demás elenco de actrices y actores, es difícil destacar alguno, ya que, aún sin tener papeles de protagonista, en los momentos que aparecen dejan el pabellón muy alto. Se nota la mano en la dirección actoral de Rodrigo Cortés, que trabajó intensamente con Anna Castillo y Guillermo Toledo, al que ha recuperado de nuevo para el cine, o los inmensos José Sacristán, Blanca Portillo y Josep María Pou, que con muy poco, consiguen transmitirnos muchos matices de sus personajes.

El argumento de Escape está basado muy libremente en una novela del mismo título escrita por Enrique Rubio. La historia contaba la relación con la sociedad de un joven cuyos padres lo habían educado según sus criterios, sin salir de casa. Algo así como lo que pudimos ver en la película Canino (2009), de Yorgos Lanthimos. En este caso, Rodrigo Cortés le dio totalmente la vuelta, y como dijo a su amigo Enrique Rubio, intentó honrar la novela, respetando su espíritu, aunque desde otra perspectiva argumental completamente diferente.

La música, por supuesto, es igual de poco convencional que el filme. Así junto al compositor Víctor Reyes, con quien ya trabajó en otras de sus películas, Cortés forma un tándem en el que los instrumentos reales se desecharon en favor de: turutas, juguetes, instrumentos escolares, etc., consiguiendo así retrotraer a una disonante infancia al espectador.

Ni que decir tiene que la fotografía, las localizaciones, o el vestuario, están perfectamente estudiados por el meticuloso Rodrigo Cortés. Cada escena está llena de pequeños detalles que te dan pistas sobre ese lugar, o sobre la personalidad del actor al que estamos viendo. Escape es una película que podrías ver más veces y en la que te seguirás encontrando particularidades en las que no te habías fijado antes. No es de extrañar que, conociendo la personal e intransferible manera de rodar de Rodrigo Cortés, su mentor, guía, amigo y mayor influencia, el legendario Martin Scorsese, se ofreciese a producir Escape.

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