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IX Festifal de cortos de temática rural de Urrea de Gaén

Como cada dos años, se celebró el Festifal (festival de cortometrajes de temática rural), en la acogedora localidad de Urrea de Gaén. La calidad de los cortos seleccionados, los voluntarios y la organización nos hicieron pasar un gran fin de semana a los asistentes.

Los eventos comenzaron el viernes por la mañana, enfocados a los estudiantes del instituto, con la charla taller «Haz tu película», impartida por el cineasta José Ángel Guimerá. A la tarde se inauguró el Festifal con la proyección del largometraje Un hipster en la España vacía, basado en la novela homónima escrita por Daniel Gascón, quien vivió y tiene lazos familiares en Urrea de Gaén.

El sábado sirvió íntegramente para la proyección de los cortometrajes finalistas, tanto en categoría documental como de ficción. El Festifal arrancó temprano con la proyección de Yo, mi, me conmigo, dirigida por Alicia Van Assche, un documental que tiene origen en una loable iniciativa para niños con enfermedades muy raras, a los que llevan a pasar una semana en las montañas de Babia (León). Allí conviven con Nemesio, pieza básica de este proyecto y pastor del gran rebaño de ovejas que apacienta, escudado por sus 11 perros mastines. El documental da una vuelta de tuerca y no muestra a los niños, sino a un grupo de personas que buscan la calma y la tranquilidad en sus vidas, en el aislamiento y la paz de la montaña. El dilema de si la tan buscada calma interior está al alcance de los urbanitas, queda en el aire (puro) de esas montañas en las que, siglos atrás, el monarca Alfonso IX se perdía en ellas mientras desatendía su reino. Nemesio el pastor, acostumbrado a esa soledad que sólo se puede sentir en la sierra, advierte que no mucha gente podría aguantar en ese espacio tan vasto a merced de la naturaleza y el silencio. La tan buscada paz interior, quizás no sea tan sencilla de encontrar, no basta con alejarse del ruido de la ciudad.

Para el siguiente corto documental, El reflejo del lago, de Anibal del Casar, continuamos en Castilla y León, en este caso en la comarca de Sanabria (Zamora), donde sus habitantes nos cuentan la leyenda del lago, transmitida de generación en generación de manera oral. De manera dinámica y constructiva, el corto nos pone en aviso de la importancia que tiene conservar las tradiciones y los dialectos locales.

Los premios del Festifal son obra del artista David Castillo / Fotografía: Eva Gil

Después de estas dos propuestas tan interesantes, llegó el turno de los cortos internacionales. El primero, Fortes, ensemble!, dirigido por Fred Prat, me dejó con ganas de conocer más a fondo este proyecto colectivo femenino localizado en el corazón de la selva ecuatorial camerunesa. El director nos da datos de la importancia y a la vez desigualdad de la mujer en el país africano, incluso nos ofreció los nombres de algunas de las mujeres del colectivo, pero ahí se quedó la cosa. El siguiente corto, llegado desde Serbia, el inclasificable Krošnja de Predrag Todorović, fue sin duda el más distintivo y artístico de todo el Festifal. Más que un corto documental, es un ensayo existencialista en el que se combinan imágenes, música y textos literarios. El resultado es sobrecogedor, su sobresaliente fotografía juega con las diferentes estaciones del año, y nos muestra imágenes de imponentes y antiguas tumbas serbias en las que los canteros esculpieron con maestría la personalidad de los fallecidos. Su proyección y textos como este, «Tenemos que acercarnos a los cementerios para poder entender quienes somos», dejaron al público noqueado.

Estaba claro que después de Krošnja iba a venir un descanso para que los espectadores cogiésemos resuello. La organización del Festifal nos obsequió a los asistentes con un café bien acompañado de deliciosa repostería, que los más golosos agradecimos sobremanera. En la siguiente tanda matutina vimos Recordos asolagados de David Vázquez «Pinancho»,otro documental de pueblos inundados por pantanos en la España de Franco, y van… Nada nuevo bajo el sol: personas que tuvieron que abandonar deprisa y corriendo sus casas, expropiaciones forzosas a cambio de casi nada… Por muy visto que esté, nada puede borrar esa amargura perenne de los lugareños que vivían felices a orillas del río Miño, el cual les proveía de alimento y sustento de sobra, y de donde fueron arrancadas de cuajo sus raíces. 50 años después y por unas obras en la presa, sus casas volvieron a quedar a la vista y se grabó este emotivo corto documental.

A continuación, pudimos visionar el interesantísimo Revivir el campo, un proyecto del joven biólogo Diego García-Vega. A través de visitas a varias fincas agrícolas de Aragón, Navarra y Andalucía, nos conciencia de que es necesario un cambio urgente en la forma de cultivar, si no queremos acelerar, entre otras cosas, la desertificación de ese tipo de terrenos. El reto es mayúsculo, tal y como está la economía de mercado para los agricultores, pero no es imposible: con la ayuda de gobiernos concienciados con la sostenibilidad y el ecologismo, y por supuesto con el cambio de talante de agricultores y consumidores, es posible sostener el cada vez más escaso sector primario. Revivir el campo se llevó una merecidísima Mención Especial del Jurado.

Imagen del público del Festifal en la sesión del sábado tarde / Fotografía: Eva Gil

Sin salir del campo, continuamos con El pueblo de los melones, de Roberto Robres y Jesús Causapé. Y no te equivoques, ese pueblo no es Villaconejos, sino Torres de Berrellén, lugar que durante los años 50 vivió su época dorada de producción de esa sabrosa y particular variedad de melón, que estuvo a punto de perderse. Por suerte, un par de vecinos de la localidad impulsaron el proceso para recuperarla, y el documental da fé de que en estos 10 años, aparte de revivir el melón de Torres de Berrellén, han conseguido que la cucurbitácea sea el eje aglutinador de la localidad en muchos aspectos, incluido el artístico. El documental destila un cierto tufillo a publirreportaje, pero lo que está claro es que pone en valor un producto recuperado y de calidad. Una pena que ya no sea temporada, porque ganas de probar un melón de Torres de Berrellén no faltaron.

Quedaron dos cortometrajes documentales sin proyectar, así que fueron los que abrieron la jornada vespertina. El primero, Ixigoleta y Bordón, dirigido por Silvia Orós, nos guía por algunos procesos de recuperación del folclore, centrándose en la danza y en especial en el de un instrumento tan exclusivo y original como la gaita de Bestué. También se hace un desesperado llamamiento a la importancia y extrema necesidad de la conservación de la lengua autóctona, el aragonés. A continuación, pudimos ver el homenaje a todas esas mujeres que en la España de la posguerra dejaron sus pueblos para marchar a servir a las ciudades. Supieron salir adelante a pesar de una dura vida llena de sinsabores, y las verdaderas protagonistas de Las que fueron a servir, con sinceridad, desparpajo, algunas dosis de amargura y mucho humor, se muestran tal y como son ante la cámara de su directora Patricia Hernández Guerrero, quien, visiblemente emocionada, recogió al día siguiente la Fal Dorada como vencedora del Festifal en la modalidad de mejor cortometraje documental. Mucha culpa de su éxito la tuvo la elección de las protagonistas del corto, algunas de ellas impagables, que nos hicieron reír a mandíbula batiente gracias a su espontaneidad ante la cámara.

Desde Perú llegó Sara, el primer cortometraje de ficción del Festifal, y el que a la postre se llevó el Premio del Público, que se otorgaba por primera vez esta edición. Su directora Ariana Andrade Castro denuncia la trata de mujeres, la mayoría niñas, que son secuestradas en zonas rurales y obligadas a prostituirse. Así que os podéis imaginar qué transporta, además de fruta, el camión del padre de Sara, la protagonista. Y si empezábamos con drama, la tónica general del resto del Festifal iba a ser de suspense y terror psicológico en la mayoría de obras restantes. Con la producción belga Fagnes 1986, de Nicolas Monfort, nos adentramos en los terrores infantiles y en las relaciones fraternofiliales. Todo ello envuelto en una estética de blockbuster de serie B, con monstruo incluido, que recordaba peligrosamente al de El laberinto del fauno.

Lo sobrenatural se mantiene en la leyenda de María Enganxa, dirigida por Luis Ortas. Según esta terrorífica leyenda mallorquina, María Enganxa vive en los pozos y arrastra a los niños que se acercan demasiado al borde. En día de la matanza del cerdo, mientras toda la familia se afana en las morcillas y la preparación de los embutidos, María Enganxa volverá a hacer de las suyas y pasar un mal rato al público. El Festifal nos dio un respiro en el descanso de la tarde, un respiro y una opípara merienda de la que los asistentes dimos buena cuenta. ¡Qué bien cuidan de los espectadores l@s urrean@s!

Tras el ágape regresamos al cine con ánimos renovados. El suspense daba paso a la homofobia en Calcetines, de Miguel Ángel Olivares, Ana y Alejandra Beyron, que retrata una relación homosexual a escondidas en la España de los 90. Aunque la idea es buena, me pareció un corto desigual, con algunos momentos más logrados que otros. A continuación se proyectó Entre mitgeres de Andreu Oliva, un desencuentro generacional en el mundo rural entre un padre y un hijo, agravado además por la muerte de la madre. Quizás fue el cortometraje de ficción que mejor sabor de boca me dejó.

Y acabamos hablando en euskera por partida doble, primero con Tito de Javier Celay, en el que se hace hincapié en las personas con problemas mentales, un corto estremecedor e impactante, que además se llevó la Fal Dorada a mejor cortometraje de ficción del Festifal. Cerró el certamen el corto más corto del Festifal (valga la redundancia) Ahozko tradizioa, donde su director Eneko Muruzabal nos demostró con ingenio que las canciones tradicionales que han perdurado hasta nuestros días no deberían perderse en estos tiempos de la inteligencia artificial.



Miembros del jurado de esta edición del Festifal, de izda a dcha: José Manuel Herráiz, Manuel Buil, Jorge Asín, Mirella R. Abrisqueta y Ana Bescós / Fotografía: Eva Gil

El Festifal puso su broche de oro en la mañana del domingo. Primero con el festival invitado este año, que fue la Muestra Cinematográfica de Moyuela. Sus directores Roberto Sánchez y Antonia Bordonada hicieron un repaso de sus hasta ahora 11 ediciones. Jorge Asín, actor principal de 3.000 elefantes, cortometraje ganador en Moyuela y uno de los miembros del jurado del Festifal, presentó su corto que levantó las carcajadas del público. Después se proyectó el corto finalista Retales, ganador de la edición del Desafío Buñuel 2024.

Concierto acústico de La Estrella Azul / Fotografía: Sonia Lanuzza

Como colofón, Javier Macipe y Pepe Lorente, o lo que es lo mismo La estrella azul, nos ofrecieron algo más que un concierto. Nos enseñaron, nos hicieron cantar, incluso bailar a algunas atrevidas espectadoras, y sobre todo emocionarnos y reír al compás de sus chacareras y de sus historias, en ese eterno homenaje a Mauricio Aznar, que comenzó con la fenomenal película estrenada hace ya dos años, y continúa en forma de música con la banda La Estrella Azul Live.

Las presentadoras Tere y Ana Sanz en acción / Fotografía: Eva Gil

Con la entrega de premios, y los agradecimientos de David Castillo en representación del Centro de Estudios del Bajo Martín, y Silvia Blasco, alcaldesa de Urrea de Gaén y los merecidos aplausos para Tere y Ana, las presentadoras, se cerró esta IX edición del Festifal. ¡Hasta dentro de dos años urrean@s!

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IX Festival Internacional de Cortometrajes de Valdealgorfa

Decir Valdealgorfa es sinónimo de cultura en el Bajo Aragón. Rara es la semana en que desde la tranquila localidad no llegan interesantes propuestas artísticas. En esta ocasión, el turno fue para el cine, con la IX edición de su ya consolidado Festival Internacional de Cortometrajes.

En esta edición, el festival recibió 416 cortometrajes procedentes de 21 países, de los cuales 13 pasaron a la fase final. Siete de ellos se proyectaron el viernes en doble sesión, y los otros seis fueron presentados al día siguiente de la misma manera.

EL Salón Don Diego de Valdealgorfa lleno hasta la bandera / Fotografía: Kim Luis Cabral

En la abarrotada sesión de viernes noche en el Salón Don Diego, antes de comenzar la proyección, su presidente, Santiago Sáenz, recordó el inverosímil origen del festival: un tornado que azotó la localidad el año 2003. Sobre esa desgracia atmosférica de la que existía documentación fehaciente que contaba que ya en el siglo XVIII había ocurrido este fenómeno, se creó una obra de teatro Las leyendas de Valdealgorfa. Ese fue el germen de lo que unos años más tarde, concretamente en 2016, se convirtió en un festival de cortometrajes, que como destacó su presidente, se ha ido consolidando cada edición.

Los actores premiados posan junto a miembros del jurado / Fotografía: Nebulosa Gráfica

La jornada del viernes fue bastante homogénea en cuanto a la temática y a la calidad de los cortometrajes motivo por el qué se me hizo difícil destacar un corto por encima de otro. El drama, en forma de homofobia, violencia de género, guerra, ecologismo, o bullying, fue el elemento conductor de las obras presentadas. Mucha dureza, personajes enfrentados, varios amordazados/as en el maletero del coche, buenas actuaciones, e incluso algún actor (Javier Pereira) que aparecía en dos cortos diferentes, fueron el denominador común de la velada.

Escena del cortometraje «Violetas»

La proyección comenzó con Violetas de Borja Escribano, un notable corto con vocación de largometraje, que ojalá pueda llevarse a cabo en un futuro no muy lejano. El director consigue sobrecoger al espectador, poniendo el foco en la opresiva y terrible situación que sufre una pareja homosexual en los albores de la España de la posguerra. Sus dos protagonistas, Alfonso Bassave y Javier Pereira, están magníficos en sus respectivos papeles.

Imagen de «Depredador» de Javier Fesser

A continuación llegó el turno del, sin duda, director más mediático de esta edición, el madrileño Javier Fesser, del que pudimos ver su cortometraje Depredador. En él hace una reflexión sobre los roles de género, en una especie de Thelma y Louise llevada al género del slapstick que tanto idolatra. Aunque quizás sea el corto que más risas haya provocado de todo el festival, me dejó con la sensación de ser tan sólo un divertimento, o quizás una idea expresada como los personajes de su película, de forma poco sutil.

Padre e hijo en «Time and again»

El siguiente cortometraje, Time and again, la única producción extranjera de la sesión del viernes, me dejó bastante frío. No conecté en ningún momento con la historia de esa familia polaca (curiosamente, hablan en inglés) que vive junto a la frontera de una Ucrania inmersa en la guerra con Rusia.

La peculiar cena de «Insalvable»

Quien consiguió llevarme a cenar a un exclusivo restaurante fue el director Javier Marco con su cortometraje Insalvable. Un escenario muy bien dispuesto, una gran fotografía, y unos excelentes actores, de nuevo Javier Pereira, y un, como siempre, excelso Pedro Casablanc, fueron suficientes para crear el ambiente necesario. El poder y la diferencia de clases se dan la mano en esta peculiar cena, en la que quizás el guion no acaba maridando bien con algún plato. Pero eso no es óbice para repetir otra cena, en este caso con A la cara, el nuevo largometraje del director alicantino basado en su premiado cortometraje del mismo nombre, que se estrena estos días.

Carlos Santos y Eva Llorach en una escena de «Ángulo muerto»

Otra interesante propuesta fue la del director Cristian Beteta con Ángulo muerto, una desgarradora historia de dos padres rotos por el suicidio de su hijo a causa del bullying. El argumento me trae a la mente la película mexicana Después de Lucía, de Michel Franco. Aunque las dos propuestas son descarnadas, en Ángulo muerto hay moraleja final. Para una empresa de estas características era fundamental contar con dos actores tan solventes como Eva Llorach y un contenido, pero profundo a la vez, Carlos Santos.

Imagen del thriller ecológico «Donde se quejan los pinos»

También me pareció bien realizada la proclama ecologista de Donde se quejan los pinos, en la que su director, Ed Antoja, juega constantemente con el espectador a ¿quién es el asesino? como en una novela de Agatha Christie. Y no, el asesino no es el mayordomo…

Cartel del cortometraje «Bonita»

Para cerrar la sesión del viernes se proyectó Bonita, de Eva Santana y Albert Carbó ,un cortometraje con finales alternativos y la violencia de género como telón de fondo, en una intrigante atmósfera a lo Tesis o El resplandor. Resultó una fresca propuesta que nos previene de unos directores con futuro, al igual que la convincente interpretación del joven Martí Cordero.

Kim Luis Cabral recibe la mención especial del jurado por su actuación en «Solo Kim» / Fotografía: Nebulosa Gráfica

La jornada del sábado tuvo dosis de comedia y drama casi a partes iguales. La sesión comenzó con Solo Kim, dirigida por Javier Prieto de Paula y Diego Herrero. El cortometraje es la recreación de una historia real, la de Kim, un adolescente transgénero filipino e inmigrante ilegal, que con una resiliencia increíble recibe los golpes de la hipócrita sociedad en la que vivimos. El propio Kim Cabral, actor en la vida real y en la pantalla presentó el cortometraje y recibió una merecida mención especial del jurado.

Arthur, encarnado por Mads Koudal el propio director de «Tingfinder», ganadora de mejor cortometraje y guión del festival

A continuación pudimos ver Tingfinder, dirigida por Mads Koudal, una enfermiza comedia danesa con toques de humor absurdo y un mensaje inclusivo sobre la discapacidad mental. El mensaje quedó claro, aunque quizás no hubiese hecho falta tanta violencia para transmitirlo. El cortometraje fue uno de los triunfadores del festival, al llevarse el premio a mejor cortometraje de ficción y al mejor guion, obra del propio Mads Koudal.

Imagen de la interesantísima «Urtajo», dirigida por Miguel Ángel Marqués

El mallorquín Miguel Ángel Marqués director del cortometraje Urtajo, quiso acercarse a Valdealgorfa para presentar su obra. La describió como un thriller político en el que no va contra los políticos en general, sino contra un tipo específico de político. Ese político está magníficamente representado por el actor José Luis García Pérez. Auguro un brillante futuro a este prometedor director, habrá que seguirle la pista.

De izda a dcha Luisa Gavasa y Pepa Aniorte en un momento de la divertidísima «La mort»

Y después de la angustiosa tensión de Urcajo, llegaron las risas con La mort, una comedia de Jesús Martínez Nota, que en un santiamén y varios juegos de palabras desmitifica la muerte y sus tabúes. El guión en ocasiones es tan brillante como la actuación de Luisa Gavasa y Pepa Aniorte, quienes arrancaron grandes carcajadas entre el público que, por segundo día consecutivo abarrotó el Salón Don Diego. Pepa Aniorte, por cierto, se llevó el premio a mejor actriz.

La denuncia social de «Your own boss» fue otro de los platos fuertes del festival. Álvaro Guzmán Bastida se llevó el premio a la mejor dirección por este gran cortometraje

Con Your Own Boss, del pamplonés afincado en Brooklyn Álvaro Guzmán Bastida, los espectadores volvimos a darnos de bruces con la dura realidad de las millones de personas, que como el repartidor de comida a domicilio del cortometraje, están fuera del foco, lejos de las miradas de la mayoría. Como bien dijo el propio Álvaro Guzmán, en el mensaje de agradecimiento por haberse llevado el premio al mejor director, «el cine es crear empatía para las personas que están apartadas de la sociedad, es mostrar y denunciar la realidad de sus vidas». También aprovechó para denunciar el genocidio palestino en Gaza. Your Own Boss nos muestra el esplendor de Nueva York en contraposición a la alienante vida de los inmigrantes que ya no luchan por el sueño americano, sino simplemente por sobrevivir. A medio camino entre el cine documental y un capítulo de Black Mirror, el cortometraje me trajo a la mente la película de otro gran cronista de realidad social como es Sean Baker, y su filme Take Out (2004). Además del premio a la mejor dirección, Your Own Boss se llevó también el de mejor banda sonora, obra de Evan Johnston.

Carlos Manuel Díaz sube a recoger el premio del público por «Faustino», película de la que es el protagonista, y por la que también se llevó el premio a mejor actor / Fotografía: Nebulosa Gráfica

Para cerrar el festival se proyectó Faustino, dirigida por Germán Mairen, un homenaje a nuestros jubilados en forma de comedia, en la que Carlos Manuel Díaz ejerce magníficamente su papel de vetusto héroe. El propio Carlos Manuel Díaz tuvo que subir en dos ocasiones al escenario a recoger el premio al mejor actor, y posteriormente el Premio del Público que fue otorgado a Faustino. Visiblemente emocionado, dejó constancia de que llevará para siempre a Valdealgorfa en su corazón.

Concierto ofrecido por la banda 44594 Jazz, durante el cóctel posterior a la entrega de premios / Fotografía: Nebulosa Gráfica

Tras la entrega de premios, los asistentes pudimos disfrutar de un cóctel con música en directo en el pabellón municipal, donde cambiamos impresiones sobre las obras presentadas en la IX edición del Festival Internacional de Cortometrajes de Valdealgorfa. Con la certeza de que es posible compartir y exportar la cultura desde el medio rural, me despido hasta la décima edición.

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Segunda edición del LATA (Laboratorio Artístico Torrecilla de Alcañiz)

El pasado viernes 22 de agosto arrancó la segunda edición del LATA (Laboratorio Artístico Torrecilla de Alcañiz), un singular e innovador proyecto cultural de creación y vanguardia que se desarrolló durante todo el fin de semana en la bonita localidad bajoaragonesa.

Equilibrio y acrobacias / Fotografía: Ana Esteban Tricas

Este original proyecto fue ideado por el director y creador escénico zaragozano Daniel Esteban, quien apostó por acercar su faceta artística al mundo rural. Para ello, inició el pasado año en Torrecilla de Alcañiz (Teruel), localidad a la que le une su vínculo familiar, el LATA, que, aparte de cumplir sobradamente las expectativas, recibió el premio CREAR a la mejor propuesta artística de Aragón.

Canción de despedida / Fotografía: Ana Esteban Tricas

Así que este año la segunda edición del LATA ha aumentado su capacidad para que los actos programados puedan llegar a alrededor de 600 asistentes durante todo el fin de semana. A pesar de ello, las entradas para las dos sesiones del viernes se agotaron con prontitud.

Malabarismos y música / Fotografía: Ana Esteban Tricas

El concepto del LATA consiste en reunir en una casa del pueblo a diferentes artistas de varias disciplinas. Por ejemplo en esta edición confluyen músicos, actrices, malabaristas, acróbatas o clowns. Los artistas no se conocen entre sí y, entre todos, intentan aprovechar al máximo el espacio y la historia que la casa les ofrece. Tienen cuatro días para crear un espectáculo completo. Si el pasado año se utilizó como escenario la casa de los Condes de Alberola, en esta edición el escenario fue una gran casa palaciega cedida por la familia Fuentes.

Clowns en acción / Fotografía: Ana Esteban Tricas

Los artistas recabaron información de los vecinos del pueblo durante los días previos a la representación de la obra, para así poder enriquecer el guión de La casa del comandante, título que dieron al espectáculo que se ofreció en dos sesiones la tarde noche del viernes. Al día siguiente, se volvió a representar en un pase de tarde, y esa misma noche, un grupo de músicos de Torrecilla ofrecieron una tradicional y peculiar verbena inspirada en los años 40, abierta a todos los públicos. Para cerrar esta segunda edición del LATA, el domingo por la tarde se representó en dos sesiones un espectáculo acrobático-musical sobre una de las fachadas de la Replaceta.

El comandante Equilibrio / Fotografía: Ana Esteban Tricas

Tuve la fortuna, primero, de conseguir entrada para el evento, y además, de hacerlo para la segunda sesión del viernes, en la que, con la llegada del anochecer, los espectadores pudimos disfrutar de una estudiada y evocadora iluminación que realzaba más aún si cabe el trabajo actoral y los diferentes escenarios en los que se realizó la obra. Tampoco me puedo olvidar de la excelente labor realizada por el equipo de vestuario y escenografía, que también rayó a gran altura.


El jorobado nos espera en la entrada / Fotografía: Ana Esteban Tricas

Nos recibió en la puerta de la casa palaciega un jorobado con muchas reminiscencias al de la película El jovencito Frankenstein. Algo que pudimos corroborar poco después, cuando el comandante de la casa lo llamó por su nombre, Igor. Acto seguido, en el interior de la casa fueron apareciendo algunos de los distintos personajes que formaron parte de la historia del comandante.

La carta de amor / Fotografía: Ana Esteban Tricas

Una carta de amor llegada desde París fue el preámbulo que nos llevó desde el interior al exterior de la vivienda. Allí comenzó una triste, pero a la vez esperanzadora historia, con tintes de musical, entre malabarismos, equilibrios, acrobacias y payasos de circo ambulante. Todo ello con la música interpretada en directo por los mismos actores de La casa del comandante. Como no podía ser menos, la representación finalizó con todo el público presente coreando junto a los actores la canción que compusieron e interpretaron para cerrar la obra, todo un alegato a favor de la paz y la fraternidad entre los seres humanos.

Acrobacia y danza / Fotografía: Ana Esteban Tricas

La casa del comandante, tuvo sus momentos de drama, emoción, humor, amor, e incluso peligro, y si en algo podemos estar de acuerdo todos los allí presentes, es en que hubiésemos querido todavía más, porque se nos hizo corto el goce de esa intensa y a la vez mágica experiencia de poder disfrutar de esa manera tan original y cercana del mundo del arte y la representación. Así que, sin dudarlo os animo que os acerquéis a visitar Torrecilla de Alcañiz en la próxima edición del LATA.

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XX Muestra de Cine Internacional Zinentiendo en Alcañiz

Por segundo año consecutivo, la Muestra Internacional de cine LGTBQI Zinentiendo recaló en Alcañiz. En está ocasión, además, coincidió con su meritoria vigésima edición. Nada menos que dos décadas visibilizando la diversidad sexual y de género a través del cine. La muestra, organizada por el Colectivo Towanda de Zaragoza, ha ido descentralizando su propuesta y cada año va recorriendo nuevas localidades en todo Aragón.

En esta ocasión, la edición de Zinentiendo coincidía en hora y fecha con la proyección semanal de nuestro Taller de Cine Delicatessen, así que con buen criterio Pepe Paz, representante del Colectivo Towanda, se puso en contacto con nosotros para pedir nuestra colaboración, a lo que accedimos encantados. Aplazamos nuestra sesión semanal y nos fuimos al Palacio Ardid a conocer las propuestas seleccionadas para la edición en Alcañiz.

Pepe Paz presentando la muestra Zinentiendo en el Palacio Ardid de Alcañiz/ Fotografía: Jesús Gómez

El propio Pepe Paz inauguró la muestra presentando los dos cortos y el largometraje que se proyectaron a continuación. En primer lugar, pudimos ver Intercambio (2024), un cortometraje en clave de comedia, en el que una transacción on line permite que dos personas que viven su sexualidad de manera diferente se conozcan. La directora Amaia Yoldi muestra con ingenio, sutileza y en clave de humor la experiencia vital de cada uno de los protagonistas. El cortometraje está rodado íntegramente en el corazón del Alde Zaharra de Iruña, una zona de la capital siempre ligada a la ebullición de diferentes colectivos, entre ellos por supuesto el LGTBQI.

Fotograma de «Intercambio», dirigida por Amaia Yoldi

Tras el tono amable, aunque reivindicativo de Intercambio, llegó la bofetada con Cólera (2025). El cortometraje dirigido por José Luis Lázaro nos dio de bruces con la realidad. Tristemente, seguimos recibiendo a menudo noticias de agresiones homófobas, y este corto dejó a los espectadores con un nudo en la garganta y una mezcla de rabia e impotencia. El mensaje está claro y muy contundente, el director logra una impactante manera de noquear al espectador y agitar conciencias de una forma escalofriantemente veraz.

Fotograma de «Cólera», dirigida por José Luis Lázaro

Tras los cortos, llegó el turno del largometraje brasileño Levante (El desafío de Sofía) (2023), una interesante propuesta que cumple su labor de concienciar y denunciar la férrea legislación antiabortista que existe en Brasil. También nos muestra el componente ultra religioso de una parte de la sociedad brasileña, convertida poco menos que en la Inquisición. La directora Lillah Halla nos presenta las vivencias de un inclusivo equipo de voleibol juvenil, en el que Sofía, su mejor jugadora, descubre que está embarazada. La vitalista y desinhibida dirección de Lillah Halla nos muestra el empoderamiento de este equipo acostumbrado a luchar tanto en la pista de voleibol como en el día a día de la calle. Obviamente, el filme parece dirigido a un público joven, pero a pesar de alguna que otra laguna argumental, el mensaje consigue calar en el espectador sea cual sea su edad. Está claro que la directora intenta rebajar el drama poniendo énfasis en las ganas de vivir y disfrutar de la vida que caracterizan a ese equipo tan diverso.

Fotograma de «Levante (El desafío de Sofía), dirigida por Lillah Halla

Tras la proyección, y como solemos hacer habitualmente en el Taller de Cine Delicatessen, hicimos una cena coloquio sobre la película en el restaurante del Liceo. En ella contamos con la presencia de Pepe Paz, con quien mantuvimos una interesante charla sobre la trayectoria de Zinentiendo, y en la quedó claramente reflejado, que aún falta muchísimo todavía por hacer. Incluso el objetivo que siempre debería ser avanzar, aunque sea mínimamente, casi se está convirtiendo en intentar no involucionar, y en lograr mantener los derechos que se han conseguido hasta ahora.

La lucha debe continuar y continúa, y qué mejor forma de visibilizar la diversidad que hacerlo en común, en una gran pantalla y en lugares donde no es tan fácil acceder a este tipo de actos. Deseando larga vida a la muestra Zinentiendo, el Taller de Cine Delicatessen colaborará con gusto en las próximas ediciones.

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El Ecozine Film Festival aterriza con éxito en el Bajo Aragón

La décimo octava edición del Ecozine Film Festival sigue ampliando horizontes y llegó por primera vez a la Comarca del Bajo Aragón, concretamente a la localidad de Belmonte de San José. El lugar elegido para el evento fue la fantástica Casa Jardin Filou, un auténtico paraíso pensado para la creación artística. Allí no es extraño que acudan las musas a disfrutar del remanso de paz y buenas vibraciones que se respira en ese recóndito paraje a orillas del río Mezquín.

La belga Nel Vanparys, artífice de este romántico proyecto, ejerció de perfecta anfitriona del evento y se mostró agradecida y emocionada ante el éxito de acogida y asistencia de la primera (y seguro que no última) edición de este interesante festival. Y es que el espacio-taller, lugar dedicado para la creación artística, se quedó pequeño por la gran afluencia de público llegado desde diferentes localidades del Bajo Aragón.

Jardin de Casa Filou / Fotografía: Casa Filou

Seis fueron los cortometrajes elegidos para proyectarse en Casa Filou. Inauguró el festival el filme galo 59 degrès, una distopía sobre los efectos del cambio climático en la que los humanos tienen que vivir en el subsuelo, porque la temperatura y la radiación del sol hacen casi imposible permanecer mucho tiempo en el exterior. En esta dramática situación, los especuladores inmobiliarios se han reinventado vendiendo diminutas plazas de garaje subterráneas donde la luz casi no llega y la temperatura es todavía soportable. Por supuesto, la falta de escrúpulos de estas empresas es todavía más brutal que en la actualidad y con ello deja entrever una crítica al egoísmo del ser humano.

A continuación, el documental  Adidas owns the reality  dejó a los espectadores un sentimiento de irresponsabilidad ante el consumo. Es decir, cualquiera de nosotros puede decidir, qué ropa comprar, pero pocas veces nos paramos a pensar, al pagar el alto precio de la marca, en las condiciones laborales que sufren los trabajadores que fabrican el producto. De un tiempo a esta parte, muchas grandes marcas han recurrido a talleres textiles de países como Camboya, Vietnam, India, China e Indonesia, algo que podemos observar en las etiquetas de origen de la prenda. Muy de vez en cuando, vemos alguna noticia sobre tragedias, en forma de incendio o derrumbamiento de empresas textiles en malas condiciones en esos países. Pero aún así, pocas veces cambiamos nuestra forma de comprar y nos acabamos rindiendo al influjo de las grandes campañas publicitarias de estas marcas que cuentan con el reclamo de deportistas o artistas famosos.

Pues bien, varios grupos de activistas relacionados con el mundo del diseño y de la moda aprovecharon la Semana de la Moda de Berlín para hacer una campaña fake de Adidas. Suplantando a los publicistas de la marca alemana, idearon una farsa para denunciar las lamentables condiciones laborales de los trabajadores de empresas que confeccionan para Adidas. La broma estuvo tan bien ideada que pasó el filtro de Adidas, y dejó desconcertados a los espectadores del desfile, que no sabían realmente lo que estaba pasando allí. Todo este puñetazo en la cara al sector de las grandes marcas en general y Adidas en particular, está reflejado en este documental, que es todo un símbolo de cómo el activismo puede llegar a denunciar injusticias, incluso dentro del engranaje de las grandes corporaciones. En este caso, además de con inteligencia, lo hicieron de manera irónica y mordaz. Curiosamente, fue el único cortometraje que al finalizar no recibió aplausos por parte del público, pero a su vez fue el que más dio que hablar entre los asistentes.

La producción española Listen to the poles:Antarctica fue, sin duda, el espectáculo más visual y por supuesto auditivo, que se pudo ver en el festival. Basándose en los sonidos de los ecosistemas del Ártico y el Antártico y de unas impresionantes imágenes de esos (por desgracia, cada vez menos) helados paisajes, vamos escuchando los sonidos de la naturaleza, el océano, el viento, los deshielos, los animales:ballenas, morsas, pingüinos…, incluso la actividad humana en forma de cargueros. Todo ello nos muestra una naturaleza salvaje que va mutando irremediablemente con el cambio climático. Esos sonidos nos indican que aún hay esperanza, pero que si no actuamos cuanto antes dejarán de escucharse. Y un planeta sin sonidos es un planeta muerto.

El documental belga Quand les hirondelles s´ en vont  juega con la historia real de Fernand y Andrée, una pareja de ganaderos que, a sus 80 años, viven solos en su pequeña granja y van teniendo que ir vendiendo sus animales por no poder cuidarlos. Esta historia, es, por desgracia, un epitafio del fin de las pequeñas explotaciones ganaderas. Representa a una de las pocas que han resistido a las grandes cooperativas o macrogranjas que dominan ahora el mercado de los lácteos o la carne. En el documental se introduce como parte de ficción a un niño, que simboliza a la generación que tiene que tomar el relevo de sus mayores en el campo, pero el propio Fernand le dice al niño que no vuelva a ayudar a la granja. El granjero no ve futuro, ni tampoco quiere que el niño vea cómo tiene que desprenderse de sus animales que con tanto cariño y esfuerzo ha ido cuidando durante toda su vida. Este tipo de ganadería ya no volverá, por suerte nos quedan las pequeñas explotaciones artesanales y ecológicas que mantienen esa esencia, y que con mucho esfuerzo intentan sobrevivir. Apoyémosles comprando sus productos.


Proyección del cortometraje
«La forêt des abeilles «/ Fotografía: Miguel Conesa

La organización decidió cambiar con buen criterio el orden de los dos últimos cortos. The veiled city, que iba a cerrar el festival, se proyectó en penúltimo lugar. La producción británica fue sin duda la más desasosegante de la tarde, y no era cuestión de acabar con el corazón tan encogido este novedoso evento. No sé si será por mi condición de cinéfilo, el caso es que este cortometraje fue el que más me gustó. Tanto el tratamiento de las imágenes, como su montaje y la fenomenal música orquestal creada como banda sonora, me transportaron a esos grises años del Londres de mitades del siglo XX. El documental utiliza imágenes de archivo de los cinco días de diciembre de 1952 en los que Londres se cubrió de una espeluznante niebla provocada por la contaminación que dejó miles de muertos, nunca se supo realmente cuántos porque el gobierno trató de ocultar información. Estas imágenes de archivo se mezclan con otras de aquella época que reflejan la dura vida en la mina, o las condiciones de los niños en los barrios pobres. El resultado es impactante y nos hace reflexionar sobre lo poco que aprendemos los seres humanos de nuestros errores; seguimos cometiendo los mismos.

Para finalizar con un buen sabor de boca, en este caso a miel, se proyectó el cortometraje de animación francés La forêt des abeilles, en el que se nos muestra  a través de historias y leyendas el transcurrir de las abejas desde el origen de nuestro planeta hasta nuestros días. Una educativa propuesta que parece orientada para proyectarse en las aulas. No fue menos educativo el video creado para proyectarse en las visitas de la  Nevera de Belmonte de San José, presentado como bonus track a los asistentes por el alcalde del pueblo, el siempre activo en temas culturales Alberto Bayod. Así que, después de conocer el origen de las neveras medievales en general, y de Belmonte de San José en particular, los asistentes al evento fuimos agasajados con unas plantas, que se quedaron cortas ante tan afluencia, para pasar posteriormente al pop-up bar de Casa Filou donde la anfitriona nos obsequió con un aperitivo que algunos pudimos disfrutar desde el jardín mientras veíamos el anochecer en el horizonte.

Anochecer contemplado desde Casa Filou / Fotografía: Miguel Conesa

En definitiva, el Ecozine Film Festival llega para quedarse. Su mensaje de educar, concienciar y crear un espacio de reflexión que nos ayude a avanzar hacia un futuro ecológico y sostenible se ratificó el pasado fin de semana en Belmonte de San José.

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